MANFRED SVENSSON: "La religión 'volvió'...
Manfred Svensson no podría ser definido como una persona "ruidosa" en su vida diaria -es más bien reflexivo y mesurado- pero sí se ha convertido en una figura interesante en nuestro debate público, a través de sus opiniones, columnas y libros, en los que sale de las profundidades académicas -San Agustín de Hipona, la Reforma Protestante, Kierkegaard y el concepto de tolerancia - para bajar a tierra y abordar temas contingentes con altura de miras (y también algo de humor)
Manfred Svensson no podría ser definido como una persona "ruidosa" en su vida diaria -es más bien reflexivo y mesurado- pero sí se ha convertido en una figura interesante en nuestro debate público, a través de sus opiniones, columnas y libros, en los que sale de las profundidades académicas -San Agustín de Hipona, la Reforma Protestante, Kierkegaard y el concepto de tolerancia - para bajar a tierra y abordar temas contingentes con altura de miras (y también algo de humor).
Ahora lo vuelve a hacer, con su recién lanzada obra "El lugar de lo sagrado. Religión y vida pública en el Chile actual", que le significó cuatro años de trabajo. Desde su perspectiva, en este campo hoy encontramos diferencias importantes que merecen ser discutidas, pero también hay desacuerdos menores, que se magnifican por el uso de categorías o términos equivocados.
"Estamos ante preguntas vivas y creo que faltan más esfuerzos por integrar estos temas. En Chile hace tiempo que no somos un país uniformemente creyente, pero por un buen período el país pareció no estar tocado por una fractura religiosa que mereciera atención. Asimismo, el mundo académico tiende a ser algo más secularizado que el resto de la ciudadanía", comenta el director del Instituto de Filosofía de la Universidad de los Andes.
Y si hay que conversar sobre el espacio de la religión en la sociedad, el final de la Semana Santa parece un momento apropiado para dialogar con este académico de sonrisa afable, largo y flaco, que también se desempeña como investigador sénior del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES).
-Alrededor del año 2000 vivimos un auge del "neoateísmo", propugnado por Dawkins y otras figuras. La religión aparecía como un elemento en proceso de superación, a través de la secularización. Hoy la panorámica parece ser diferente...
"En primer lugar, podría señalar que la palabra secularización designa un hecho, pero también una idea. Y el hecho es real: hay lugares en que ha habido una secularización enorme, de una proporción que cuesta dimensionar. Pero otra cosa es que sea verdadera esa idea de una secularización lineal, necesaria, como un simple ingrediente más de la modernización. Eso evidentemente es falso. Hay naciones que se modernizan y siguen siendo tremendamente creyentes; hay otras que se secularizan y luego revierten esa transformación. El 'nuevo ateísmo' que en su momento era muy popular, no solo prometía un futuro en que la creencia en Dios iba a retroceder. También prometía que con su retirada vendría un mundo de mayor racionalidad y mayor tolerancia. Ahora es manifiesto que el resultado fue harto menos feliz, y el malestar con nuestra situación cultural seguramente explica en parte la actual inquietud religiosa".
- ¿Busca desmentir -o al menos poner en cuestión- ciertos lugares comunes que se repiten o asumen sobre "el lugar de lo sagrado"?
"A mí me preocupan no tanto las preguntas por la libertad religiosa sino las que se refieren a la incomprensión religiosa. La religión 'volvió', pero no sabemos bien cómo hablar al respecto. Y esta incomprensión, creo, se relaciona con esa ilusión de que en el mundo moderno la fe necesariamente va a retroceder. Si uno cree que un fenómeno va a desaparecer, deja de tomarlo en serio, y así se van volviendo más toscas las palabras con que lo describimos. La fe en el progreso lleva a asociar la religión con el pasado, pero esa misma fe en el progreso nos acostumbra a hablar con juicios gruesos sobre ese pasado. Se puede ilustrar bien con la Convención del 2022: ahí reinaba una mirada que descartaba la historia de Chile como puro despojo, y la mirada sobre la religión era solo el reverso de ese juicio sobre el pasado".
Fundamentalistas y "ultracatólicos"
-Integrismo, fundamentalismo, ultracatolicismo son términos que hoy se repiten en los medios de comunicación. ¿Confundimos estos términos?
"El uso de esos términos es la muestra perfecta de lo tosca que suele ser esta discusión. Y eso tiene consecuencias, aunque sean indirectas. Se dice, por ejemplo, que nuestra sociedad puede admitir cualquier expresión religiosa, siempre que no se trate de fundamentalismo. Muy bien. Inobjetable, se podría decir. Pero ¿qué sentido tiene esa tesis si acto seguido metemos bajo la categoría de fundamentalista a cualquier expresión más o menos intensa de fe, o cualquier intento por llevarla de modo consistente a la vida en común? Creo que debemos tener un vocabulario más rico, que permita designar a quienes no son en ningún sentido fundamentalistas, pero tampoco están dispuestos a acomodar sin más lo que creen a las normas imperantes en su sociedad. Gente que busca ser fiel. Esto es lo más común del mundo, ¿tal vez podemos hablar de un creyente religioso tradicional? Esa realidad tiene que verse reflejada en nuestro lenguaje".
-Algunos hablan "desecularizacion".
"En sentido estricto, desecularización significa no la simple persistencia de la religión, sino su vuelta tras una previa secularización. Pensemos en la historia que sigue a los regímenes comunistas del siglo XX. Ahí tienes gigantescos proyectos de secularización forzada, con el ateísmo a veces elevado a rango constitucional y una represión tremenda. Pero los países que comparten ese pasado siguieron rutas muy distintas".
- ¿Como cuáles?
Alemania oriental se volvió la región tal vez más secularizada del planeta, mientras Ucrania tuvo una desecularización bien notable. De verdad tenemos que sacarnos de la cabeza la idea de que hay alguna ley de la historia que mueva todo en una dirección fija. Ahora bien, otra cosa es decir que haya una desecularización relevante en algún lugar de Occidente. Más bien creo que estamos ante una reapertura, que se reabren preguntas que hace poco se pretendía dar por zanjadas".
Kast y el karma
-Hoy Chile tiene un Presidente que se define como católico practicante, quese ha calificado como un "católico político" y no un "político católico". ¿De alguna forma esto impulsa a replantear la presencia de la fe en nuestra vida común?
"La primera tarea es calibrar qué peso les atribuimos a las tareas específicamente políticas, en contraste con las que tocan el resto de la sociedad y la cultura. Porque las tensiones y desafíos más hondos están ahí. A veces se escapa de esas tensiones por temor a caer en la 'guerra cultural'. Y con razón. Si se está en simple disposición de guerra, no se toman en serio las razones del otro y no resulta construir nada semejante a una cultura compartida. Pero también hay un riesgo de que al huir de la guerra cultural se acaben ignorando disyuntivas muy profundas, que en último término tienen una raíz religiosa. Un tema con que lo ilustro en el libro es el sueño de autocreación. Ese sueño atraviesa muchas tendencias contemporáneas, desde las ilusiones transhumanistas en torno a la inmortalidad a las discusiones recientes sobre la transexualidad. Bien, la política obviamente puede poner límite a los peores efectos de algunas ilusiones como estas, pero si quieres limitar algo más que los efectos, si quieres recuperar justamente el sentido del límite, tienes que concentrarte en otro plano".
- En algunos lugares del mundo, como Inglaterra, estudios han detectado un aumento del interés, dentro de los jóvenes, por la religión cristiana. ¿Pero cómo ves lo que ocurre en Chile?
"Me parece iluminador el título que le han puesto en Inglaterra al fenómeno: ' The Quiet Revival' , algo así como 'un tenue despertar'. Es algo muy discutido en su verdadero alcance, aunque también en Finlandia y otros lugares van algunos años de crecimiento en la adhesión religiosa. Es cierto que no parece estar ocurriéndole algo así en Chile, aunque en el caso de la Iglesia Católica vale la pena notar que sí parece haberse detenido la caída sostenida que había en la adhesión. Eso sugiere la Encuesta Bicentenario de los últimos tres años. La cuestión es cómo imaginar el futuro: si uno mira las cifras de adhesión entre los jóvenes, el pronóstico es negativo tanto para católicos como evangélicos. Pero una vez más: aquí no hay un rumbo predeterminado".
-Según las encuestas, muchos chilenos siguen declarándose como católicos o cristianos, pero hoy parece que esa fe da más espacio al sincretismo, a incluir creencias como el karma y otras.
"Efectivamente, ha habido una explosión de todo tipo de prácticas y creencias. Hace unos años la Encuesta Bicentenario mostraba la creencia en el mal de ojo como la más extendida del país, e incluso era más fuerte entre ateos que creyentes. Como notas, hay una enorme tendencia al sincretismo, a fundir elementos según el gusto del consumidor. Ahora bien, me parece que debemos preguntarnos en qué sentido estas son creencias religiosas. ¿Creer en la energía de las montañas es una creencia religiosa? Creo que tenemos que captar el abismo que separa estas realidades. Ser judío o ser cristiano no es como tocar madera. Si se nos escapa esto, nunca vamos a entender cómo es que la creencia religiosa es el foco que organiza y da sentido a la vida entera de tantas personas".
"En ocasiones, no se quiere hablar de estos temas por temor a caer en la 'guerra cultural'. Y con razón. Pero también hay un riesgo de que se acaben ignorando disyuntivas profundas, que en último término tienen una raíz religiosa".
'' Hay que preguntarse, muy en serio, cuánto espacio hay en la izquierda de hoy para que un cristiano, de la confesión que sea, milite ahí de manera consistente con su fe".
Peña y Mansuy sobre el libro"En esta obra, cuyo contenido me ha parecido magnífico, creo identificar tres preguntas o problemas centrales de los que se ocupa el autor. El primero es la secularización, la pregunta de si acaso la sociedad contemporánea o chilena es una sociedad secularizada y qué podría significar eso. El segundo es la relación que media entre la religión y la pluralidad propia de la sociedad contemporánea. ¿En qué consiste exactamente esta pluralidad? ¿Cuán radical debe ser? Esta es la parte, creo yo, más central del libro. Y el tercer problema que aborda es la cuestión de las guerras culturales y la religión".
(...) "Estos son los grandes temas que atraviesan nuestra cultura. Y no solo para quien le interesa la religión, sino para quienes les interesa el estado de la cultura contemporánea, la manera en que asistimos a nuestra existencia. Pues la cultura es, finalmente, el esfuerzo por reflexionar acerca de los límites de la existencia. Y eso es indiscernible, creo yo, de la preocupación y del sentimiento religioso".
Carlos Peña
"Hay audacia en el gesto del autor al escribir este libro. Manfred Svensson es un profesor universitario y todos sabemos que hoy la vida académica nos da zonas de confort, de comodidad, que tienen que ver con escribir artículos o libros sobre temas muy específicos. Pero él comprende que eso no basta y debe ser complementado, abordando las grandes preguntas, como el lugar de la religión en el mundo moderno y contemporáneo".
"El tema del libro nos trae a la cabeza tantos autores, tantas referencias, que uno podría morir aplastado. Y también conlleva riesgos, es fácil equivocarse con las grandes preguntas, no darles un tratamiento justo ni hacerlo con conciencia de los límites y dificultades involucradas. A mi juicio, Manfred resuelve estos obstáculos con éxito. El libro cumple su promesa, trata un gran problema con justicia, con pertinencia, sin ceder a las tentaciones o a soluciones simples".
Daniel Mansuy
*Selección de las presentaciones de "El lugar de lo sagrado"
El mundo evangélico"Interludio: la religión mapuche" se titula uno de los capítulos del libro de Svensson. Allí el autor se refiere al tema de la fe en la Araucanía y a la quema de una serie de iglesias y capillas en la zona (muchas de ellas evangélicas). Se pregunta si es posible señalar que el cristianismo es una "religión foránea" entre los mapuches y se refiere la percepción del mundo evangélico.
- ¿Es peyorativo el rótulo de "evangélico" en Chile?
"Aunque no se note en el día a día, obviamente hay un problema. Un ejemplo bien elocuente fue la reacción al nombramiento de la ministra Marín. Alguien dirá que el caso del Ministerio de la Mujer es muy sensible, que era una provocación nombrarla para ese cargo. Pero ¿aplicamos esa regla a todos los sectores por igual? Y esta misma semana, un medio de comunicación alertaba que el nuevo seremi de Cultura de la Región Metropolitana es evangélico, como si por eso debieran saltar las alarmas. ¿También es un área demasiado sensible? Uno puede reconocer en las iglesias evangélicas cierta responsabilidad por este clima, porque en algunos sentidos han constituido una subcultura. Eso tiene sus beneficios y sus riesgos. Pero la verdad es que al mirar estas reacciones, uno concluye que también hay otras subculturas muy peculiares cuyos prejuicios tiene sentido revisar".
-En Chile, el ámbito político conservador tenía una clara ligazón con la elite y el catolicismo. Hoy no parece ser tan así.
"Puede haber un giro de ese tipo, pero hay que ver bien cómo describirlo para hacerle justicia. Las iglesias evangélicas no son para nada tan políticamente homogéneas como a veces se las retrata. Pero si tiempo atrás su voto se repartía como el del resto de la población, hoy ya no es así. La cuestión es cómo nos explicamos ese cambio. ¿Radicalización hacia la derecha? En algunos casos, puede ser. ¿O hay cambio crucial en nuestra cultura política? Hay que preguntarse, muy en serio, cuánto espacio hay en la izquierda de hoy para que un cristiano, de la confesión que sea, milite ahí de manera consistente con su fe. Porque el tenor de la presencia evangélica en el país apenas ha cambiado los últimos treinta años, mientras sí ha cambiado el carácter de la izquierda, que se ha vuelto bien unívocamente progresista".