Domingo, 05 de Abril de 2026

A todo sí, Francisco

ColombiaEl Tiempo, Colombia 5 de abril de 2026

Hay personas que transforman la vida con su sola presencia

Hay personas que transforman la vida con su sola presencia. Francisco Piedrahíta es una de ellas. Ha impregnado en miles lo que son, lo que defienden y la manera en que eligen vivir. En mí ha dejado una huella luminosa. Lo conocí en la Casa de Nariño en 2009. Yo entraba mientras él salía de la posesión de su hijo Esteban como director de Planeación Nacional. En las escaleras, junto con Claudia, su esposa, se acercaron con una efusividad y un cariño que nunca olvidé. Tiempo después lo llamé para pedir apoyo a un proyecto con una red de mujeres del Pacífico, en condiciones de desplazamiento, que querían consolidar emprendimientos culturales sostenibles. Necesitaba que el Centro de Emprendimiento de la Universidad Icesi las asesorara. Teníamos pocos recursos. Francisco dijo que sí, sin cálculos ni dilaciones. Al final de mi periodo como ministra, antes de irme a estudiar a EE. UU., me invitó como oradora a una ceremonia de grados. En la mesa principal le dije que Icesi no era suficientemente diversa; que las universidades debían ser verdaderamente universales, más aún en una ciudad como Cali, mitad negra y profundamente pacífica. Escuchó con serenidad y respondió: "Hagamos cosas juntos cuando regreses. Te espero". Confieso que mis prejuicios iniciales me traicionaron. Pensé que era un hombre tradicional de la élite caleña, distante de las luchas por la equidad racial. Qué equivocada estaba. Durante quince años encontré en él un aliado coherente y decidido para Manos Visibles. Sin discursos grandilocuentes, solo práctica. "¿Qué hay que hacer?", repetía. Cuando regresé al país y le conté que había conseguido apenas la mitad de una donación para un fondo de becas de pregrado, aceptó que Icesi aportara el resto. Después vinieron el fondo de posgrado, el Centro de Estudios Afrodiaspóricos, hoy referente en América Latina, la formación de docentes en el Pacífico y así se sumaban las apuestas de servicio por el Pacífico y por el país. Sin estridencias, con hechos. La universidad se volvió más universal y cientos de jóvenes, desde sus múltiples diversidades, encontraron allí no solo acceso, sino pertenencia. Una cabeza brillante, guiada por un corazón comprometido, creando condiciones reales para la integración social. En los encuentros de líderes del Pacífico decía siempre: "Icesi es su casa". Y lo era. Lo movía la alegría de ver crecer a otros. Luego me contaba, emocionado, dónde estaba cada estudiante, qué había logrado, cómo celebraba su familia. Disfrutaba los logros ajenos como propios. El legado de Francisco no se mide por los cargos que ocupó, sino por la humanidad que imprimió a su gestión. No era solo decir "sí"; era comprometerse hasta que los sueños tomaran forma, con una ternura acogedora y un pragmatismo que hacía avanzar, como buen ingeniero y gerente. Soñaba ejecutando. En la vida permanece lo que se ama, lo que se sirve, lo que se goza. Francisco ha hecho todo eso y más. Nos ha dejado impregnados de su bondad, de su alegría serena, de su manera silenciosa y efectiva de hacer. Guardo sus abrazos hondos, sus mensajes sobre mis columnas dominicales, las conversaciones francas, la risa compartida, su generosidad sin espectáculo. Cuando murió, mi hermana me llamó: "Nos enteramos. Te abrazamos, Paula, aquí estamos". Y Claudia y él han estado, consintiendo, acompañando, celebrando cada logro, presentes en lo esencial. Siempre han estado y van a estar. Ojalá llegar a la madurez como Francisco: viviendo con plenitud, amando sin reservas, siendo aventurero, contemplando la naturaleza, recorriendo el mundo y regresando siempre a Cali, su gran amor. Ojalá vivir diciendo sí a lo que edifica, a lo que ensancha la dignidad, a lo que al partir se convierte en legado. El año pasado, la última vez que nos vimos, en los quince años de Manos Visibles, le dije gracias: por creer, por apostar, por incomodarte, por abrir espacios, por hacer de una universidad una plataforma para la equidad. A nivel personal, gracias, desde el corazón, por disfrutarnos. Qué bello es celebrar tu presencia y tu legado, Francisco. Ese que expande la dignidad y nos recuerda que decir sí -a lo justo, a lo bueno, a lo profundamente humano- es, al final, la forma más alta de trascender.
Un legado invaluable
Paula Moreno
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