"Sigo haciendo las cosas que creo que debo hacer"
El cantautor y core metropolitano prepara el regreso de los "eventos guachacas", sigue preocupado de la cultura y de rescatar "la chilenidad profunda". Con los años, su vocación creativa no ha cambiado, aunque el cuerpo le avisó que debía irse con más calma.
"E l Gran Guaripola se recupera". Así se titulaba un comunicado que en julio pasado informó que Dióscoro Rojas, líder del "movimiento guachaca", había sido internado en la UTI, a causa de una descompensación diabética. Antes de eso había estado en reposo a causa de un desgarro en una pierna y, más tarde, de una caída. Pero hoy se ve recuperado y parece estar volviendo con todo.
Nos recibe con una enjundiosa cazuela en su departamento en Ñuñoa, donde vive junto a su hija Manola Araucaria y su nieta Violeta Suyana. Su dilema de esta tarde es repartir el tiempo entre esta entrevista, la sesión de kinesioterapia y el encuentro con un amigo.
En su diminuto balcón, con un buen café y cigarrillos, Dióscoro Rojas (75) nos cuenta que sigue cuidándose y que procura alimentarse bien y recuperar más movilidad. A fines del año pasado, retomó sus actividades como core de la circunscripción Santiago II, donde forma parte de las comisiones de educación y cultura, entre otras. En 2024 fue reelegido por un tercer período: de 2025 a 2029.
Hoy reparte sus días entre las sesiones del Consejo Regional Metropolitano, en calle Bandera 46, y las amistades que lo llaman para verlo. También se trae varios proyectos entre manos. Uno de ellos es un libro sobre su vida y otro, el regreso de sus grandes eventos guachacas.
-¿Van a volver las Cumbres Guachacas?
"Sí, yo creo que sí. Lo más importante es una actividad que vamos a hacer en septiembre. Le vamos a dar un carácter inicial al mes de la patria, porque las Cumbres representan un sentido de chilenidad profunda".
Las célebres Cumbres Guachacas, que Dióscoro creó junto a Raúl Porto y Andrés Meneses, surgieron de las conversaciones de estos tres amigos en un bar. La primera se celebró en 1997 en el Centro Cultural La Perrera y tomó su nombre de la Cumbre de las Américas, que se realizaría el año siguiente en Santiago. La idea era festejar la chilenidad y transformar un concepto que era despectivo en un sinónimo de identidad nacional y de celebración.
A punta de cuecas choras, jarros de pipeño y sánguches de pernil, las cumbres fueron tan exitosas que comenzaron a hacerse en las distintas regiones del país. Se inauguraron anualmente durante 22 años y su última versión fue en 2019. En el último tiempo, el movimiento guachaca ha revivido con "La noche del roto chileno", en la Peluquería Francesa, que tendrá una nueva cita el 18 de abril . Y el 7 de mayo próximo se viene otra novedad: "Vamos a declarar a El Hoyo como el Consulado Guachaca", anuncia Dióscoro, aludiendo al restaurante que hoy se ubica en la calle Condell.
El cantautor se muestra entusiasta con estas actividades y con su trabajo como core, porque "es un buen espacio para discutir sobre la cultura", un tema que le ha importado desde muy joven.
Erico Dióscoro Primitivo Rojas Campos se crio en Lontué, en la Región del Maule. Fue el noveno de once hermanos, hijos de "un obrero de la industria del vino". Estudió primero en la escuela parroquial, donde era el primero del curso. Después pasó a los liceos de Curicó y de Molina y, luego, al Colegio San Pelayo en Talca. En esta última ciudad, terminó la secundaria en el Liceo Pío X.
Relata que, pese a las apreturas económicas, en su familia disfrutaban del baile y la música. A Dióscoro le gustaba cantar tonadas y componer canciones. Su profesor de música le pidió que participara en un festival de la canción en Villa Alegre. Compitió y ganó. Y siguió ganando otros festivales regionales. Tenía 17 años, cuenta, cuando la Municipalidad de Talca lo puso a cargo de la parte folclórica del Festival del Río Claro.
-¿Cómo fue que llegó a estudiar al Conservatorio en Santiago?
"Yo sabía que no tenía ninguna posibilidad de entrar a la universidad. Y un día llegó a Lontué un sacerdote jesuita, Gonzalo Arroyo. Él era de allá y llegó a casar a un amigo. Yo canté en ese matrimonio. Después nos pusimos a conversar y él me preguntó: ¿Qué vas a hacer después del liceo? Yo le dije que me quería ir a Santiago a estudiar".
En ese tiempo, Dióscoro pensaba en estudiar musicología, y también le interesaba la composición. Arroyo lo invitó a vivir con él en Santiago. "Un día, me decidí y llegué a su casa con un saco de dormir y una mochila", recuerda.
Ese primer año en la capital, a comienzos de los 70, presentó una canción al Festival de Nueva Canción Chilena. "Y quedé seleccionado entre los doce participantes. Ahí conocí a Patricio Manns, a Víctor Jara y a los Parra.
Estos ultimos lo invitaron a cantar a su célebre peña. Roberto Parra fue su gran mentor y más tarde se convirtió en su cuñado, pues se casó con su hermana, la folclorista Catalina Rojas. En esa peña, relata, conoció a cantautores como los cubanos Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, y al uruguayo Alfredo Zitarrosa.
En esa primera época en Santiago, entró a estudiar al Conservatorio Nacional de Música, de la Universidad de Chile. Más tarde, Dióscoro estuvo 11 años como profesor de música en liceos de Santiago. "Empecé a hacer clases como yo creía que debería ser. A las alumnas las hacía escuchar radio y que anotaran qué canciones tocaban. Les pedía hacer encuestas: ¿Qué le gusta más a la gente? ¿Julio Iglesias o Violeta Parra? ¿Y si la gente nombra más a Violeta Parra por qué las radios tocan más a Julio Iglesias? Yo les hablaba de la industria de la música. Las hacía pensar".
En la segunda mitad de los años 70, creó una peña y una agrupación con el nombre de Canto Nuevo. Por eso, se dice que él fue uno de los padres de ese movimiento musical. "En ese tiempo yo creía que había que crear una canción más sencilla, más de la gente común. Y ahí surge el canto nuevo".
Con letras que hablan de lo cotidiano, ese movimiento musical es considerado una reacción a la represión cultural que había en esos años. El propio Dióscoro grabó en 1983 el álbum "Las ganas de llamarme Domingo", con el sello EMI, que incluía la canción homónima y otras como "Puerto Esperanza".
"El canto nuevo llegó a ser tan grande que, en cada iglesia o acto cultural, los cabros empezaron a tocar este tipo de canciones. Y eso fue maravilloso. Yo sentí que había cumplido lo que quería", recuerda.
Movimiento transversal
Pero quedaba mucho más: a mediados de los 80, organizó un evento que llamó Convención Antipirula en la que participaron Roberto y Nicanor Parra. En 1986, convocó a la Primera Asamblea Romántica, que se proponía revitalizar el folclore a través de puestas en escena. Así, en la Sala Abril, en el centro de Santiago, se presentó una primera versión de "Las décimas de la negra Ester", interpretada por su creador Roberto Parra y su hermano Lalo. También montaron "El bolero del Adrián", con Ramón Aguilera y el Trío Inspiración; "El romance en Chile", con la folclorista Gabriela Pizarro; y "La navidad en Chile", con el músico Osvaldo Jaque.
Por estas obras, Dióscoro recibió una invitación para ir a Dinamarca. Empezó a viajar y a conocer a las comunidades de chilenos en Europa. Además de interpretar sus canciones, escribió y montó obras de teatro. Su centro de operaciones fue París, desde donde estuvo yendo y viniendo durante 11 años.
A fines de los años 90, vendría la creación del movimiento guachaca, que a la larga se convertiría en una iniciativa transversal. Personas de distintas tendencias y sensibilidades han abrazado el lema "humildes, cariñosos y republicanos". Dióscoro Rojas perteneció al Mapu y ahora está en la bancada del Partido Socialista y del PPD en el CORE Metropolitano. Sin embargo, asegura que recibe votos de todos lados y que valora a la que él llama "la derecha amable".
-¿Cómo ha vivido el paso del tiempo? ¿Se sientes distinto con los años?
"Yo vivo la vida como siempre lo he hecho. Entendí que el futuro no existe, que uno se lo inventa. Por ejemplo, yo no tenía ninguna posibilidad de llegar a la universidad. Y pude hacerlo. Desde chico entendí que el futuro me lo hago yo, no es algo que venga a mí".
-¿Cree que la sociedad chilena les abre oportunidades a las personas mayores?
"Es que yo no creo en eso. A mis 75 años, sigo haciendo las cosas que creo que debo hacer. Evidentemente, sé que no tengo tanto tiempo como el que tenía antes. Y el cuerpo me dio un aviso de que tenía que parar un poco. Y de aquí en adelante, no me interesa si me tratan bien o me tratan mal. Lo que me importa es poder hacer las cosas que yo quiero".