Descifrando la cara oculta de la Luna desde el cine, la música y la literatura
De Julio Verne a Pink Floyd, de Tintín a Hollywood, el arte ha mantenido una obsesiva relación con la parte no visible, origen de muchos misterios.
Dijo Mark Twain en el siglo XIX que "cada hombre es como la Luna: tiene una cara oscura que no enseña a nadie". Por entonces, el ser humano aún no había avistado la parte oculta del satélite que marca el ritmo de la Tierra, pero su mente ya especulaba acerca de lo que podía esconderse en el territorio no visible. La cara oculta de la Luna en realidad recibe tanta luz solar como la visible, pero está a nuestra espalda. Si no vemos aquel hemisferio es por la rotación sincrónica, o sea, la Luna tarda lo mismo en girar sobre sí misma que en orbitar la Tierra.
En 1959, la sonda soviética Luna 3 capturó las primeras imágenes de esta región, mientras que en 2019 la misión china Chang'e-4 logró realizar allí el primer aterrizaje (no tripulado).
Ahora, la misión Artemis II de la NASA está sobrevolando la cara oculta de la Luna y promete desvelar nuevas perspectivas e imágenes inéditas. Las expectativas ante los nuevos misterios nos recuerdan que el cine, la música y la literatura siempre han mostrado un especial interés por este recóndito territorio.
Julio Verne, siempre un paso por delante, ya imaginó en su novela "De la Tierra a la Luna" (1865) qué podrían encontrar al rodear el satélite sus personajes, que discuten fervorosamente acerca de la posibilidad de que haya vida humana.
Recién descorchado el siglo XX, Georges Méliès estrena "Viaje a la Luna" (1902), un cortometraje de apenas 14 minutos que está considerado como el primer filme de ciencia ficción de la historia del cine. Méliès imagina que es en la cara oculta de la Luna donde se esconden sus habitantes (denominados "selenitas"). El profesor Barbenfouillis y sus colegas astrónomos son lanzados en una cápsula que termina impactando en el ojo de una Luna con rostro humano, una de las escenas más icónicas de la cinematografía universal. Aunque la película se centra en la aventura y el encuentro con los selenitas, sentó las bases de la Luna como un espacio de alteridad y misterio.
La cara oculta es algo parecido a las bambalinas del teatro, un lugar donde no se aplican las leyes de la física y la lógica. Y es que, para el mundo del arte y la filosofía, esa vertiente remota es el único lugar del universo donde el ser humano no es un "sujeto".
El disco "The Dark Side of the Moon" (1973), de Pink Floyd, es el paradigma de la relación conceptual que históricamente une la cara oculta de la Luna con el plano artístico. Aquel hemisferio ignoto es, en aquel mítico álbum, una alegoría de la mente humana en los años 70. La cara oculta de la Luna es un pretexto para referirse a la locura, para divagar acerca de las veleidades de una generación neurótica en un mundo desquiciado.
Hergé realizó una investigación científica de cara a una de las aventuras que protagonizaría Tintín ("Objetivo: la Luna", inicialmente serializada en 1950). Tintín, Milú y el capitán Haddock subirán a bordo de una nave espacial que volará a la Luna. Se trata de una misión para fotografiar la cara oculta y probar el motor nuclear del cohete de Tornasol.
Mucho menos realistas resultan algunas películas y series de ciencia ficción que se ocupan de este mismo asunto. En "La cara oculta de la Luna" (D.J. Webster, 1990), unos astronautas encuentran una nave espacial abandonada, hogar de un extraterrestre que se alimenta de almas humanas. Mucho más celebrada sería "Moon" (Duncan Jones, 2009), donde Sam Rockwell interpreta a un minero de Helio-3 trabajando en una base en la cara oculta. Su personaje encarna la soledad absoluta y la crisis existencial.
Por aquí cabe recordar algunos relatos de H.P. Lovecraft. En la novela corta "La búsqueda onírica de la desconocida Kadath", por ejemplo, la Luna tiene una cara oculta poblada por bestias lunares y dioses olvidados.