Jueves, 09 de Abril de 2026

Tregua y confusión

ChileEl Mercurio, Chile 9 de abril de 2026

Para el régimen teocrático, el hecho de sobrevivir ya es una victoria.

Para el mundo entero fue un alivio el anuncio del cese el fuego aceptado por Estados Unidos e Irán, y el inicio de negociaciones mediadas por Pakistán que podrían llevar a un acuerdo definitivo, para terminar una guerra que ha perturbado no solo la paz, sino la economía global. La reacción de los mercados fue inmediata, y el precio del petróleo cayó 14 por ciento, si bien esa baja no se verá reflejada por meses en las cuentas de energía de los consumidores. Las amenazas de Donald Trump de borrar una civilización milenaria tuvieron resultado, pero a costa del prestigio y de la imagen de Estados Unidos como una potencia fundamental para la estabilidad del orden internacional. A su vez, la continuación de los bombardeos israelíes en El Líbano y las confusas versiones respecto de la real situación en el estrecho de Ormuz -cuya apertura era condición clave para la detención de hostilidades- dan cuenta de la extrema fragilidad de esta tregua.
Aun así, Trump proclamó una victoria total y aseguró que se han "alcanzado y superado todos los objetivos militares". Sin embargo, esta afirmación se pone en duda al considerar que Teherán mantiene todavía un extenso arsenal de misiles, capacidad de defensa antiaérea, una reserva de 400 kilos de uranio enriquecido y, sobre todo, el control del estrecho, que antes de la guerra era un corredor marítimo de libre navegación, por donde transitaba el 20 por ciento de todo el petróleo y gas que se consume en el mundo. Es evidente que Irán está muy debilitado política y militarmente, y que su economía está en crisis, pero para el régimen teocrático el hecho de sobrevivir ya es una victoria, y lo hace con un nuevo liderazgo, más duro que el eliminado en los ataques iniciales de Israel y reconocido como un interlocutor legítimo para negociar un acuerdo con Estados Unidos.
Si las cosas marchan según lo planeado, el sábado, en Islamabad, se verá la verdadera voluntad de las partes de avanzar en las complicadas discusiones, que tendrían como base la lista de 10 puntos planteados por Irán, los que Trump consideró "trabajables", pero que incluirían condiciones inaceptables para Washington, como el control permanente del estrecho de Ormuz, el retiro de las fuerzas militares norteamericanas de la región o el derecho de Irán a seguir enriqueciendo uranio. Otras parecen posibles de aceptar, como el levantamiento de algunas sanciones o el descongelamiento de fondos iraníes. Hay finalmente otros planteamientos de incierto destino, como el de compensaciones por los daños de la guerra.
La mera enumeración de estas demandas muestra lo complejas que serán las discusiones, que tienen un plazo de 15 días para dar un resultado. Pero, además, para que una negociación tenga éxito, debe haber una mínima confianza entre las partes, y en este caso, Teherán resiente que, en el último año, Estados Unidos atacó dos veces su territorio cuando estaban en pleno diálogo. Por su parte, Washington tiene el antecedente de que Irán incumplió acuerdos nucleares supervisados por la agencia atómica de la ONU. Aun así, hay esperanzas de que se pueda avanzar. Trump, que ha pagado un alto costo político por esta aventura bélica a la que fue supuestamente arrastrado por Israel, necesita llegar a un acuerdo que supere las expectativas que se tenían de las interrumpidas negociaciones de Ginebra, y que dé garantías de que puede perdurar en el tiempo. No parece fácil.
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