Viernes, 10 de Abril de 2026

Crítica de Un cabo suelto, la comedia fronteriza de Daniel Hendler sobre amor, fugas y otras yerbas

UruguayEl País, Uruguay 10 de abril de 2026

Se estrenó la cuarta película como director del actor uruguayo y es una confirmación de su consolidación como uno de los grandes nombres del cine rioplatenses

En Un cabo suelto su cuarta película como director, la segunda en estrenarse en apenas seis meses, el actor uruguayo Daniel Hendler consolida, sin titubeos, un estilo y una forma propios. Hay algo en su cine que tiene que ver con una mirada humanista, distante pero cariñosa y un personal tono de comedia.

Un cabo suelto que se llevó un premio del último festival de San Sebastián está, ciertamente, más cerca de Norberto apenas tarde (2010) y de El candidato (2016) que de la reciente 27 noches, su primera película para Netflix, que se estrenó en octubre del año pasado y era más expansiva; era la primera vez que Hendler trabajaba sobre un guion ajeno.

Aquí Hendler vuelve a una cierta austeridad, a una economía de recursos que remite a sus primeros trabajos, aunque hay otra ambición. En todo caso no se trata de un retroceso: hay en Un cabo suelto, una estructura más arriesgada, más juguetona en sus desvíos y en su construcción, capaz de armar y rearmar las piezas de un rompecabezas al que no le falta ninguna pieza. Ese es un mérito que arrastra desde el guion.

Como novedad en el director, además, hay un coqueteo interesante con géneros como el policial, el western o incluso la comedia romántica, que aparecen sugeridos más que afirmados, como si optara por rozarlos sin intención de quedar atrapado en ninguno.

La historia es la de Santiago Pallares (el actor argentino Sergio Prina), un cabo de la policía del otro lado del río que viene a dar -forajido y forastero- de este lado de la frontera. Hay algo casi mítico en esa figura desplazada, un hombre fuera de lugar que avanza sin terminar de pertenecer, pero buscando su lugar en el mundo.

Es, en definitiva, un personaje hendleriano: quizás por su condición de uruguayo en Argentina, en todas sus películas, sus héroes suelen ser extranjeros, literal y metafóricamente, en mundos que apenas entienden.

Pallares (que por lo visto sabe un montón de quesos) fue testigo de alguna trapisonda, y ahora sus propios compañeros de la fuerza están tras su rastro. Esa condición de perseguido lo instala, de entrada, en una lógica de western fronterizo.

https://www.youtube.com/watch?v=UDSGR1QcXZM
En su periplo uruguayo se cruza con una serie de desconcidos que lo van ayudando -o al menos acompañando- en su escapada.

Entre ellos, está el encargado de un puesto de ruta de quesos y conservas (interpretado por el músico Alberto Wolf en su debut cinematográfico), que parece salido de otro tiempo; un abogado bonachón (Néstor Guzzini) y, principalmente, la cajera del free shop de Fray Bentos (interpretada por Pilar Gamboa, compañera de Hendler en la serie División Palermo), que se transforma en el interés romántico del protagonista. Esa relación, construida a base de silencios, miradas y pequeñas torpezas, funciona como el núcleo emocional de la historia.

Aparecen, además, varios actores de la troupe habitual de las películas de Hendler, como Fernando Amaral, Diego de Paula, César Troncoso y Matías Singer, quien también se encarga de la música (junto a Gai Borovich). Su presencia genera una complicidad que se nota en una película que sabe cómo ser entrañable. Hendler viene trabajando sobre eso desde siempre, pero acá consigue consolidarlo.

Ese tono es cercano a lo que el anglicismo define como comedia deadpan: una forma asordinada del humor que apela a la sutileza, a la pausa y a la complicidad con el espectador.

La película está llena de esa clase de chistes, con diálogos precisos y juegos de palabras dichos siempre con la misma imperturbabilidad. Ahí está la gracia.

Algunos de los chistes hacen hincapié en las diferencias -y cercanías- de los dos lados de la frontera. Se le nota "lo argentino", por ejemplo, en cómo el personaje de Prina ceba el mate: un pequeño desastre que, en su torpeza, dice mucho de su extranjería.

Se trata, también, de una forma generacional de la comedia, una sensibilidad que se puede rastrear en un linaje que hace pie en lo lacónico, lo despojado, lo cotidiano y en lo aparentemente insignificante. Hendler es parte de la promoción surgida alrededor de Control Z: fue, además, el Leche en 25 Watts.

Ahí también se pueden rastrear señas del cine de Aki Kaurismäki: diálogos secos, ausencia de énfasis, ningún miedo a la intrascendencia y cierto distanciamiento en las actuaciones, cubiertas con solvencia y con un compromiso claro con la propuesta.

Prina a quien se lo vio en El motoarrebatador combina inocencia y picardía, torpeza y cálculo. Hay en su Santiago Pallares un instinto de supervivencia siempre activo, una capacidad para adaptarse a las circunstancias y salir, de algún modo, airoso.

Hendler consigue lo que se propone y se consolida como una voz importante en el cine rioplatense.


Un cabo suelto [* * * * ]
Uruguay/Argentina/España, 2025. Dirección: Daniel Hendler Guion: Daniel Hendler Música: Matías Singer, Gai Borovich Fotografía: Gustavo Biazzi Montaje: Nicolás Goldbart Sonido: Daniel Yafalián Arte: Gonzalo Delgado. Con: Sergio Prina, Pilar Gamboa, Alberto Wolf, Néstor Guzzini, César Troncoso, Daniel Elías, Gabriela Iribarren, Germán de Silva, Fernando Amaral. Duración: 95 minutos.
La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela