Domingo, 12 de Abril de 2026

Prohibir la paz

ColombiaEl Tiempo, Colombia 12 de abril de 2026

Estuve revisando el programa de gobierno de Iván Cepeda, un compendio de discursos del candidato

Estuve revisando el programa de gobierno de Iván Cepeda, un compendio de discursos del candidato. La palabra ‘paz’ aparece más de 220 veces. Esto puede parecer natural. La paz es, al fin y al cabo, la gran obsesión nacional. Ningún país que yo conozca habla tanto de paz como el nuestro. Ninguno la pretende, la persigue, la corteja con tanto ahínco. Y con tan frustrantes resultados. El problema es que, aunque la paz está definida de manera más o menos satisfactoria en el diccionario, como una "relación de armonía entre las personas, sin enfrentamientos ni conflictos", en la práctica es una palabra-maleta: en ella cabe casi cualquier cosa que se quiera introducir. Es evidente, por ejemplo, que para Cepeda, así como para su jefe político, Gustavo Petro, la paz de Colombia pasa por una reestructuración de fondo del modelo económico del país. Nótese el acto de prestidigitación. Se toma una idea controvertida -el cambio de modelo económico- y se la envuelve en una virtud categórica, a la que nadie se puede oponer: la paz. Así, algo sobre lo cual puede haber profundas diferencias de opinión se presenta como algo que no admite discusión alguna. La paz sirve de caballo de Troya para justificar cualquier cosa que el candidato considere deseable. Pero seamos sinceros: no solo Cepeda y Petro incurren en este escamoteo conceptual. Todos los políticos colombianos relevantes de las últimas décadas en algún momento vistieron de ‘paz’ sus buenas o malas ideas. Y no solo los políticos. También el crimen organizado y los grupos terroristas, por paradójico que suene. Todos encuentran la manera de disfrazar de ‘paz’ sus actos, así estos consistan en poner bombas o secuestrar y masacrar inocentes. Ese es, justamente, el problema con la palabra: cada quien la define como quiere. Está, por ejemplo, la definición del petrismo, que incluye la abolición del capitalismo tal y como lo conocemos. Y, si los dejan, una asamblea constituyente. Entre tanto, para nosotros, los menos sofisticados, la paz es ante todo la ausencia de violencia armada: el silencio de los fusiles. Básico que es uno. Para una parte del país, ‘paz’ es la implementación del acuerdo con las Farc. Para otra, el acuerdo es culpable del incremento actual de la violencia. Para algunas víctimas del conflicto, la paz es que haya verdad. Para otras, que haya justicia: que los verdugos sean castigados. Para los gurús de la seguridad, no puede haber paz mientras exista el narcotráfico. Para Pablo Escobar, no podía haberla mientras existiera la extradición. Muchos dicen que la paz es ‘justicia social’. Pero eso no aclara nada: se sustituye un término ambiguo por otro aún más difuso. La paz puede ser el perdón, la reconciliación, la equidad. O la reforma agraria. Pero también puede ser la ley y el orden, el porte legal de armas, la reclusión de malhechores en cárceles de barrotes de bukelelita. Para Pablo VI, la paz era el desarrollo. Para ciertos activistas, es el fin del racismo, del machismo o de algún otro ismo. O saldar la "deuda ancestral" con los pueblos indígenas. Para los comerciantes del Caribe que conozco, la paz es simple: que no los maten por no pagar una extorsión. Esta indefinición, por cierto, es lo que le permite a cualquiera señalar a un contradictor y sindicarlo, poco pacíficamente, de ser "enemigo de la paz". Me temo, entonces, que hemos basado el relato nacional de los últimos tiempos en la búsqueda de un objetivo cuyas características ni siquiera compartimos. Tal vez convendría prohibir la palabra ‘paz’ por unos años, expulsarla de nuestro vocabulario. Eso nos obligaría a ser más precisos; y más sinceros sobre lo que el término esconde. Nos obligaría a preguntarnos, parafraseando a Carver: ¿de qué hablamos cuando hablamos de paz? @tways / tde@thierryw.net
Tubo de ensayo
Thierry Ways
No solo Petro y Cepeda: todos los políticos relevantes de las últimas décadas vistieron de ‘paz’ sus buenas o malas ideas.
La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela