Se estima que el 90% del costo de la política arancelaria de Trump fue pagado por empresarios y consumidores en los Estados Unidos y 10% por los exportadores del resto del mundo a través del otorgamiento de rebajas de precios, advierte Arturo Porzecanski
El economista uruguayo Arturo Porzecanski, radicado desde hace más de 50 años en Estados Unidos advierte que el impredecible conflicto en Medio Oriente expone a Estados Unidos a "un impacto inflacionario y recesivo", en el marco de una política fiscal "imprudentemente expansiva", agravado por "los costos de la guerra". En ese contexto, hay poco espacio para continuar con la baja de tasas de interés por parte de la Fed, sin descartar el riesgo de una suba, sostiene. Porzecanski hizo su carrera universitaria en dicho país, doctorándose en Economía a mediados de los años `70. Trabajó por casi tres décadas en Wall Street y hasta 2021 fue docente universitario de economía y finanzas internacionales. Sobre el efecto de la política arancelaria llevada adelante por Trump, Porzecanski lo calificó negativamente y recordó que el 90% costo de las medidas recayó sobre empresarios y consumidores. A continuación, un resumen de la entrevista.
Desde que Donald Trump estableció las nuevas reglas de juego comerciales con el incremento de aranceles, hasta nuestros días, en plena guerra en Medio Oriente, ¿qué ha pasado con la economía interna de Estados Unidos?
A nivel macro, se ha enlentecido el ritmo de crecimiento, de un promedio de casi 3% anual en 2023-24 a lo que parece ser, como máximo, un ritmo promedio del 2% anual en 2025-26, liderado por una desaceleración en el consumo y en la construcción de viviendas, pero manteniendo un muy buena situación de casi pleno empleo. A nivel micro, el clima de negocios ha empeorado por un aumento en la incertidumbre de los empresarios respecto a las "reglas del juego" y no solo por mayor intervencionismo estatal en el comercio exterior, sino en otras áreas también y por aumentos en costos de producción relacionados con los aranceles más altos a las importaciones. La guerra en Medio Oriente, obviamente, agrava estas tendencias y pudiera inducir a un estancamiento transitorio en el segundo semestre.
Si bien el esquema de aranceles actual dista mucho del que anunció Trump, ¿se puede estimar el efecto sobre las empresas, los consumidores y los precios?
Sí se puede, pero es complicado por las idas y venidas del presidente Donald Trump. Por ejemplo, de las 57 medidas arancelarias que anunció en los quince meses de su estadía en la Casa Blanca, ocho se llevaron a cabo plenamente y dos parcialmente. El restante de 47 medidas o no se implementaron, o fueron abolidas luego de ser impuestas, o están siendo estudiadas, por lo que hubo un efecto "ruido" cuyas consecuencias son difíciles de medir. En total, el promedio ponderado de los impuestos a la importación aumentó de 3% en enero del 2025 a 11% el mes pasado. Se estima que el 90% de su costo fue pagado por empresarios y consumidores en los Estados Unidos y 10% por los exportadores del resto del mundo a través del otorgamiento de rebajas de precios; y que los aranceles le agregaron un 0.5% a la tasa de inflación anual, la cual terminó el 2025 con un aumento del IPC del 2.7%.
¿Y qué pasó con el déficit de la balanza comercial, ya que Trump quería tanto reducirlo?
Aumentó un poco en vez de disminuir, pese a que hubo una reducción del 30% en las importaciones provenientes de China, país cuyas exportaciones fueron las más gravadas (arancel efectivo promedio de 21%). Eso achicó el déficit comercial entre ambos gigantes, pero lo que sucedió es que hubo un proceso de desviación del comercio tal que aumentaron mucho las importaciones de productos chinos y similares locales desde Vietnam, México, India y otros países, por lo que el déficit comercial total no disminuyó. Eso se pudo ver a nivel personal: yo encargué cosas por Amazon que solían decir "made in China" y ahora dicen "made in." esos otros países. En fin, aunque la política arancelaria de Trump sacudió las columnas de la globalización, el techo no se desmoronó.
¿En qué medida la guerra en Oriente Medio está teniendo consecuencias en la economía nacional?
El primer impacto negativo fue la caída y volatilidad de las bolsas de valores y de la cotización de bonos gubernamentales y corporativos, lo cual era de esperarse ya que esos mercados siempre responden de inmediato a las noticias. El segundo fue el aumento de precios de los fertilizantes y de los combustibles. El costo de vida aumentó 0.9% en marzo, liderado por un salto del 21% en el precio de la nafta. Y pronto veremos si las mediciones de abril y mayo captan el agregado de un recargo, en muchas facturas de compraventa a nivel mayorista, por los aumentos en el costo del transporte de las mercaderías. Resulta que en EE.UU. los camiones, feroces consumidores de diésel, movilizan tres de cada cuatro toneladas de carga transportadas por todo el país, y las distancias que ellos recorren son enormes. Por ende, el impacto inflacionario de los combustibles se va a ir incorporando en los precios de los alimentos, materias primas, y productos manufacturados durante los meses que vienen.
¿Y con respecto al crecimiento económico? Creo que las últimas previsiones de crecimiento de la economía han sido todas a la baja.
Así es. A menos que el conflicto bélico cese pronto y se reabra y normalice el estrecho de Ormuz cosa que estimo improbable vamos a tener no solo un impacto inflacionario sino también uno potencialmente recesivo. Es preocupante que los indicadores de la confianza de los consumidores, basados en una encuesta mensual que abarca la última semana de marzo y primera de abril, acaba de revelar una caída a niveles no vistos desde la pandemia. Ese es un mal agüero. Afortunadamente, los Estados Unidos son uno de los países menos vulnerables a lo que está pasando, porque no compra casi nada de esa zona o por ese estrecho del Medio Oriente. Es más, en la última década el país se ha convertido en un exportador neto de petróleo y en especial de gas natural licuado, así que por lo menos aquí no va a haber racionamiento de combustibles, cosa que sí se está dando en algunos países asiáticos. Incluso en Europa, ya hay aerolíneas como SAS que han cancelado vuelos, y aeropuertos en Italia que han forzado la cancelación de vuelos, porque se les está acabando su inventario de la nafta especial para aviones. Pero no cabe duda de que estamos en presencia de un shock de magnitud global que pudiera ser duradero, y si a los países asiáticos y a Europa les va a ir mal, las exportaciones de los Estados Unidos y la entrada de inversiones al país provenientes del exterior se van a resentir. Déficit fiscal alto y abultada deuda, ¿cuán amenazantes resultan?
Efectivamente, la política fiscal ha sido imprudentemente expansiva en los últimos años, con déficits del gobierno federal cercanos al equivalente de 6% del PIB durante 2023-2025 y casi 8% del PIB para el sector público en total. Y eso a pesar de tener una economía con pleno empleo de trabajadores, maquinaria y tecnología. Antes de las hostilidades en Medio Oriente, la proyección era que el déficit federal se iba a mantener justo debajo del 6%, pero esta guerra, aunque por ahora luzca breve, ya se proyecta como carísima dada la enorme cantidad y el elevado costo de los armamentos utilizados. Ellos tendrán que ser repuestos y lo más pronto posible, digo yo, antes de que a China se le ocurra aprovechar la ocasión para darle un zarpazo a Taiwán. Además, como cada un porciento de menor crecimiento económico hace lucir peor la razón déficit a PIB, seguramente el déficit federal será más alto, tipo 7% del PIB, de lo previamente contemplado este año y el que viene. En términos de la razón deuda/PIB, antes se proyectaba una cifra del 100% para la deuda federal en 2026, versus 80% antes de la pandemia, y de casi 130% para la deuda del sector público consolidado, versus 110% en 2019.
¿Y la tendencia es a empeorar?
De ahora en adelante seguramente registraremos ratios superiores. No es alarmante, en parte porque casi todos los gobiernos del mundo salieron más endeudados después de la pandemia y porque todavía hay mucha confianza en la voluntad y capacidad de pago de los Estados Unidos. Pero creo que sí son preocupantes porque Trump, como el empresario muy endeudado que siempre lo fue, cree que endeudarse es bueno siempre y cuando el costo del endeudamiento no se dispare y uno pueda refinanciar los vencimientos. En mi experiencia, es difícil vaticinar cuando uno está cerca del precipicio de la quiebra, y Trump se equivocó varias veces en su pasado empresarial.
En el actual contexto, ¿qué ocurrirá con las tasas de interés de corto y largo plazo?
Con respecto a la tasa a la que apunta la Reserva Federal, pienso que es improbable que haya recortes adicionales a menos que la economía de los Estados Unidos sufra una inesperada recesión. Pese a toda la presión que Trump le ha puesto a la Fed para que baje su tasa del rango de 3.50-3.75%, yo creo que su directorio se ha "curado en salud" después de la amarga experiencia del 2021-22, cuando la inflación se disparó del 2% al 9% antes de que la Fed se diera cuenta que la ola inflacionaria no era "transitoria". Y si tengo razón que el conflicto bélico no cesa pronto y no se reabre y normaliza el estrecho de Ormuz, creo que en las semanas que vienen, se va a empezar a especular en los mercados financieros sobre cuándo y cuánto la Fed va a subir su tasa meta para evitar una aceleración peligrosa en la tasa de inflación. Y lo mismo harán sus pares en Europa en la eurozona la inflación alcanzó el 11% en 2022 y en gran parte del resto del mundo. Con respecto a las tasas claves de largo plazo, en los Estados Unidos ya tuvimos una primera reacción: el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años estuvo en 3,95% antes del inicio de las hostilidades y un mes después alcanzó a 4,45%. Aunque los rendimientos han bajado a cerca de 4,30% en los últimos días, si el conflicto no se resuelve pudiéramos tener otra movida de esos rendimientos hacia el 5% en las semanas que vienen, dependiendo de los datos de inflación y las señales que emite la Reserva Federal. Y si esa tasa llega al 5%, eso tiene un efecto directo en la economía doméstica, por ejemplo en las hipotecas. La última vez que el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años llegó a 5% fue en julio del 2007. Seis meses después el país entró en recesión y luego en crisis financiera.