No tengan miedo
Padre Diego Marulanda Díaz
La Pascua trasciende su origen religioso para proyectarse como un símbolo de renovación y esperanza en la vida pública
Padre Diego Marulanda Díaz
La Pascua trasciende su origen religioso para proyectarse como un símbolo de renovación y esperanza en la vida pública. El saludo "la paz sea con ustedes" encarna un llamado a fortalecer la comunidad, el diálogo y a superar el miedo del encierro para abrirse a lo público: lugar donde acontece la vida. Esto fue lo que les pasó a los discípulos del resucitado, fueron capacitados por el Espíritu para testimoniar la nueva vida, incluso frente a los opositores y a las culturas diversas. La conversación y el debate público son fundamentales para construir la convivencia democrática. En una Colombia atravesada por la polarización y la desconfianza, el espíritu pascual invita a reivindicar un debate franco, abierto y respetuoso; capaz de poner las heridas sobre la mesa (la verdad histórica, las deudas sociales, los errores políticos) en el propósito de curarlas y crear esperanza a la vida que sigue. No hay por qué seguir encerrados en "los cenáculos digitales" donde sólo es posible hablar con quienes nos dan la razón, porque nos privaríamos de enriquecer la verdad compartida que es la que nos hace libres. Este tiempo convoca a reafirmar los valores que nos cohesionan como sociedad. La expresión bíblica "No tengan miedo" (Mateo 28:5) adquiere hoy una dimensión cívica que alude a la superación de los temores que inhiben la participación política y el ejercicio del voto libre. Sin garantías para opinar, disentir, discernir desde una perspectiva pluralista, la democracia se erosiona. No tengan miedo al debate porque es un lugar en el que ‘todos’, de acuerdo con la argumentación, podemos elegir la mejor opción. En el marco electoral, la confrontación de ideas no puede ser sinónimo de riesgo, estigmatización o represalia porque el espacio público se empobrece y debilita la confianza institucional. Las democracias sólidas funcionan mediante reglas claras, respeto mutuo y garantías efectivas. Entendida como una experiencia de transformación, la Pascua sugiere que la discusión pública debe propiciar la evolución del pensamiento colectivo hacia acuerdos más justos e incluyentes. Participar en condiciones de igualdad y seguridad es un derecho fundamental y no una concesión. Reconocer la legitimidad de cada voz contribuye a consolidar procesos electorales transparentes y representativos. La educación cívica resulta determinante en este escenario. Más allá del conocimiento normativo, se requiere formar ciudadanos con capacidad para la palabra y el testimonio moral que facilite la deliberación con rigor humano y técnico, respeto y apertura. Educar para el diálogo es fortalecer la cultura civilista que el país necesita. Hacer del saludo de Pascua un compromiso duradero implica abrazar sin miedo el deber de elegir de forma razonada. Es hora de convertir esta renovación en la fuerza motriz de nuestra esperanza para forjar nuestro propio destino.
Rector Universidad Pontificia Bolivariana.