PRESIÓN . La decisión del presidente Donald Trump llega tras el fracaso del diálogo en Pakistán y eleva el riesgo en el estrecho de Ormuz, ruta clave para el petróleo mundial. El analista señala que la medida combina presión y cálculo político para forzar negociaciones.
El anuncio del presidente de EE.UU., Donald Trump, de imponer un bloqueo naval en el estrecho de Ormuz ha elevado la tensión con Irán y reconfigura el escenario internacional en una de las rutas energéticas más sensibles del mundo, por donde transita cerca del 20% del petróleo global.
La medida, que entró en vigor ayer, busca asfixiar los ingresos petroleros de Teherán y presionarlo para negociar en condiciones más favorables a Washington, tras el fracaso de las conversaciones del fin de semana en Pakistán.
El operativo contempla la interceptación, inspección e incluso captura de embarcaciones vinculadas a puertos iraníes, bajo un esquema que, según el Comando Central de Estados Unidos, se aplicará de forma ?imparcial?.
Sin embargo, no implica un cierre total del estrecho, ya que se permitirá el tránsito de buques sin relación con Irán. Aun así, Trump ha endurecido el tono al advertir que cualquier embarcación iraní que desafíe el bloqueo será ?eliminada de inmediato?.
Irán, en tanto, ha respondido con amenazas directas, advirtiendo que ningún puerto en el golfo Pérsico y el golfo de Omán estará a salvo si la situación escala. Además, ha mantenido su propio control sobre el estrecho desde inicios de marzo, permitiendo el paso solo bajo condiciones estrictas e incluso imponiendo peajes cuestionados por la comunidad internacional.
?Frágil vía diplomática?
En paralelo a la presión militar, se mantienen abiertos canales diplomáticos. Trump dijo que Irán se ha puesto en contacto para retomar el diálogo, aunque no confirmó si aceptará nuevas negociaciones.
Desde Pakistán, el primer ministro Shehbaz Sharif señaló que continúan los esfuerzos para destrabar las principales diferencias, centradas en el programa nuclear iraní y las condiciones para un eventual levantamiento de sanciones.
Las negociaciones enfrentan obstáculos profundos. Washington exige la cancelación total del programa de enriquecimiento de uranio, incluso con fines civiles, mientras que la República Islámica ha planteado condiciones que incluyen el control del estrecho de Ormuz, una propuesta rechazada por Estados Unidos. A pesar de ello, Islamabad busca organizar un nuevo encuentro y extender el alto el fuego más allá del 22 de abril.
En este contexto, líderes internacionales también intentan mediar. Reino Unido y Francia evalúan impulsar una cumbre para desescalar el conflicto y garantizar la seguridad en la vía marítima.
El internacionalista Francisco Belaunde Matossian advierte que el bloqueo naval responde a una lógica múltiple que combina presión, disuasión y cálculo político.
?Es un poco de todo: disuasión, escalada y también un intento de forzar negociaciones en mejores condiciones para Washington?, asevera, al tiempo que explica que el objetivo es asfixiar económicamente a Irán.
Sin embargo, subraya que Teherán ha construido su estrategia en torno a su capacidad de generar impacto global, por lo que no descarta acciones indirectas que eleven la tensión sin provocar un enfrentamiento directo.<FFFC>