Viernes, 17 de Abril de 2026

El petroestado sudamericano que se beneficia de la guerra con Irán

ChileEl Mercurio, Chile 14 de abril de 2026

El auge está elevando el riesgo de que el dinero del petróleo termine devorando la economía.

Los misiles y los drones se sienten muy lejanos de Guyana, un país tropical de menos de un millón de habitantes ubicado en el extremo nororiental de Sudamérica. Pero, con exportaciones de petróleo creciendo más rápido que en cualquier otro lugar del mundo, Guyana se ha estado beneficiando del caos en el estrecho de Ormuz. Desde que empezó a producir en yacimientos petroleros mar adentro descubiertos recientemente, en 2019, su economía se ha quintuplicado, el crecimiento más rápido del mundo. Eso ocurrió pese a precios del petróleo tranquilos, que promediaron US$ 69 por barril en 2025. Hoy, incluso después de un cese del fuego, los precios rondan los US$ 100 por barril.
Los altos precios del petróleo son apenas la noticia más reciente dentro de una racha de buenas noticias para Guyana. En septiembre, el Presidente centrista, Irfaan Ali, ganó la reelección, tranquilizando a inversionistas preocupados por un giro hacia la extrema derecha. Dos meses después, presentó a la nación boscosa como líder climática en la conferencia COP30 en Belém, Brasil, con una promesa vaga de gastar su bonanza petrolera en adaptación al cambio climático. Luego, en enero, soldados estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro, el dictador de Venezuela. Maduro reclamaba agresivamente una porción del territorio de Guyana, pero su salida ha llevado a reanudar la exploración en partes antes restringidas del bloque Stabroek, el enorme yacimiento situado a 200 km dentro del Atlántico, del cual Guyana obtiene sus hidrocarburos.
La ganancia extraordinaria ya está llegando, dice Raphael Trotman, exministro de gobierno. Los ingresos han estado corriendo a unos US$ 623 millones por semana, frente a unos US$ 370 millones semanales antes de la guerra. Los operadores de Stabroek -un consorcio encabezado por ExxonMobil, la petrolera estadounidense- quieren elevar la producción en 2,5%, hasta 940.000 barriles diarios. Si lo logran, y los precios se mantienen cerca de US$ 100 por barril en 2026, los yacimientos petroleros de Guyana generarán unos US$ 33.000 millones en ingresos este año, tres cuartos más de lo previsto antes de la guerra. Ayuda el hecho de que dos tercios del petróleo del país van a Europa, que está pagando primas muy altas por la energía; si se agregan US$ 10 por barril por encima del precio de mercado, el bono de guerra de Guyana supera el 90%.
Y no termina ahí. El gobierno recibe hoy apenas el 14,5% del valor de cada barril, mientras el consorcio se queda con el resto. Pero el alza de precios inducida por el conflicto significa que los costos históricos de las firmas van camino a quedar pagados hacia fines de 2026, un año antes de lo previsto, momento en el cual aumenta la participación del gobierno. Si las grandes petroleras no siguieran expandiéndose, Guyana empezaría a recibir el 52% de los ingresos. Atraídas por una oferta interrumpida, están planificando más exploración y desarrollo. Eso mantendría deprimida la participación del gobierno en el corto plazo, pero elevaría sus ingresos en el largo plazo.
Las grandes petroleras se están moviendo rápido. Cada uno de los cuatro proyectos existentes del consorcio es operado por un tanque flotante de almacenamiento de US$ 2.000 millones, conocido como FPSO. ExxonMobil está intentando acelerar la llegada de un quinto FPSO, que quiere que empiece a bombear en los próximos meses, un año antes de lo programado. Un sexto FPSO está en construcción y un séptimo está siendo apurado, con el objetivo de entrar en producción en 2028, también un año antes. En marzo la compañía presentó planes para un octavo proyecto, el primero en Guyana que producirá gas natural, y dijo que ingresará uno noveno dentro de un año.
Incluso antes de la guerra, el gobierno esperaba ingresos petroleros récord por US$ 2.800 millones este año. Los ingresos por combustibles fósiles representaron cerca de la mitad del presupuesto anual en 2025, aproximadamente lo mismo que en Azerbaiyán, y la producción petrolera equivalió a tres cuartos del PIB, una proporción superior a la de Libia. El shock de precios profundizará esa dependencia, dice Radhika Bansal, de la consultora Rystad Energy. Mientras las ganancias petroleras se disparan, el aumento de los costos energéticos golpea a otros sectores. El gobierno ha respondido fijando en cero el impuesto a los combustibles y presionando a GuyOil, la distribuidora estatal, para limitar las alzas de precios. Pero los operadores privados han estado subiendo los precios, lo que llevó a Ali a pedir patriotismo económico.
Esto despierta el fantasma de la maldición de los recursos, por la cual el auge de las exportaciones de materias primas termina dañando al resto de la economía. Los políticos de Guyana entienden la amenaza y están tratando de mitigarla. Buena parte de la infraestructura crucial ya está en construcción, incluido un camino hacia Brasil, o terminada, como un puente gigantesco sobre el río Demerara. Pese a gastar sumas mareantes en caminos, escuelas y hospitales, el gobierno también ha logrado, hasta ahora, mantener bajo control la inflación subyacente y el déficit fiscal, como señaló el FMI el año pasado.
Pero hay problemas claros. El costo de los alimentos y de la vivienda ha aumentado 75% desde 2021. La industria petrolera les quita a otros sectores sus mejores trabajadores. La relación del gobierno con los medios se ha vuelto tensa. Un torrente de petrodólares ha alentado el despilfarro, cuando no un clientelismo abierto. Un proyecto emblemático para llevar gas natural a tierra y quemarlo para generar electricidad, reemplazando plantas contaminantes que funcionan con petróleo, acumula años de retraso y un costo seis veces superior al presupuesto, en parte por la decisión de ubicarlo en una zona donde la gente apoya al gobierno pero que tiene condiciones de suelo inadecuadas. ExxonMobil se ha negado a construir un segundo conjunto de ductos, nuevamente hacia territorio favorable al gobierno, hasta que exista demanda suficiente.
Winston Jordan, exministro de Hacienda, dice que el fondo soberano de Guyana debería ahorrar esta ganancia extraordinaria actual, e incluso más que eso. Eso ayudaría a contener el gasto público. Pero a medida que los altos precios del petróleo empiecen a traducirse en mayores ingresos para el gobierno, la tentación de despilfarrar será cada vez más fuerte. Por el bien de Guyana, Ali y sus aliados deben resistir.
Artículo traducido del inglés por Economía y Negocios de "El Mercurio".
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