Hoy la desazón pega en el hincha tricolor tras la caída en las semifinales ante Franca. Pero el Bolso marcó su nombre en el mayor torneo de América, cuando hace unos años, deambulaba en el ascenso.
Franca puso fin al sueño continental de
Nacional. El equipo uruguayo, que llegó a las semifinales como el único invicto de la
Basketball Champions League Americas, entró un cambio abajo en cuanto a su habitual energía defensiva y si bien pudo absorber los 14 puntos con los que se vio abajo en el segundo cuarto, vació su tanque, y en el último, fue superado por un equipo disciplinado, que ejecutó bien su plan defensivo y que encontró distintos protagonistas a lo largo del juego, con el que bancó las reacciones rivales.
Pese a la derrota, para el Bolso fue una campaña resaltable. Ilusionó a su gente con que un título inédito para Uruguay era posible. El hincha llegó en un gran número a Buenos Aires, para contagiar de energía a un plantel que en el segundo y tercer parcial mostró el ADN defensivo al que acostumbra, aunque no le diera para dejar por el camino al líder de la liga brasileña, plagado de estrellas.
El Bolso tuvo momentos, pero no así de sus figuras, que fueron los grandes aciertos del plan defensivo de Franca, que optó por muchos cambios de hombre y tuvo a un
Lucas Dias gigante para proteger su aro y además terminó siendo el factor X, al cierre del tercero.
Nacional tuvo a sus actores de reparto como principales cartas de ilusión. La energía siempre bien alta de
Patricio Prieto, que cambió la tendencia inicial, la impronta de
Gianfranco Espíndola para poner a competir al tricolor, y un ingreso tremendo de
Nicolás Martínez, que calzó perfecto para el equipo, dando un tono alto atrás, con un par de tapas que despertaron a la cabecera visitante del Estadio Obras.
La desazón para el jugador, hincha y dirigentes probablemente hoy esté presente, el sueño era enorme, las ganas gigantes y la ilusión se palpitaba en el aire. Sin embargo, con el pasar de los días seguramente este presente sea motivo de orgullo. Nacional pasó de ser en pocos años, un equipo sin cancha, vagando en el ascenso, a un protagonista de la
Liga Uruguaya, levantó dos copas y marcó su nombre ante los copetudos del continente.
El equipo generó un sentimiento grande con la gente, de pertenencia, de identidad. El Bolso logró un objetivo más allá de deportivo, que tanto le costó en su época en el
Metropolitano. El básquetbol llegó al barrio, los resultados ilusionaron, e incluso movió al hincha al exterior, algo impensado hace 10 años. Para el tricolor seguramente haya revancha, y objetivos grandes se avizoran en el futuro inmediato. Pero lo seguro es que este equipo, sigue dando pasos adelante para un objetivo que sigue siendo esquivo, para el básquetbol uruguayo.
El equipo de Ponce cerrará su histórica participación el sábado a las 17:40 horas, definiendo el tercer puesto de la competición ante
Flamengo.