¿ Shock , gradualismo o qué?
Cuando hace algunas semanas las autoridades resolvieron neutralizar la operación del Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO), permitiendo que todo el impacto del alza internacional de precios del petróleo se trasladara a los consumidores chilenos, varios comentaristas calificaron la decisión como técnicamente impecable, pero con un costo político
Cuando hace algunas semanas las autoridades resolvieron neutralizar la operación del Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO), permitiendo que todo el impacto del alza internacional de precios del petróleo se trasladara a los consumidores chilenos, varios comentaristas calificaron la decisión como técnicamente impecable, pero con un costo político. Se planteó así una dicotomía entre lo técnico y lo político que, siendo común en la discusión de los economistas, merece sin embargo un examen más a fondo.
Para esto es importante recordar que el MEPCO no anula golpes externos sobre el precio doméstico de los combustibles, sino que los morigera en ajustes cada tres semanas, con un límite del orden de los $35 por litro. Frente a un impacto persistente estos incrementos se acumulan en el tiempo, hasta que se cierra la brecha de precios o se revierte el proceso, recuperando parte de los recursos públicos gastado en la etapa previa. De este modo, la dicotomía no es entreajustar o no ajustar, sino entre shock inmediato o gradualidad.
Los economistas han debatido durante décadas sobre las ventajas del gradualismo versus el tratamiento de shock en la política económica. Los partidarios de este último argumentan que amortiguar es solo prolongarlo inevitable, desperdiciando recursos valiosos en sostener artificialmente empresas o empleos inviables. Un rápido ajuste puede ser doloroso, pero da señales claras a los agentes sobre la necesidad de adaptarse, con beneficios que compensan con creces a los costos.
El gradualismo, por su parte, se ha defendido atendiendo a los costos económicos y sociales de un shock . Ejemplo de ello es un trabajador calificado que pierde su empleo, o una empresa que quiebra, perdiendo su patrimonio, conocimiento y redes de clientes y proveedores. Los shocks profundos destruyen capital humano, capital empresarial y capital social, haciendo más difícil, prolongada y desigual una recuperación.
Una forma de discernir entre estos dos enfoques es analizando el escenario al que se enfrenta la economía. Cuando se trata de un cambio estructural profundo e irreversible, uno quisiera que los agentes económicos se adecúen cuanto antes, para lo cual se requieren señales de precios inequívocas. En cambio, cuando se enfrenta un fenómeno transitorio, el gradualismo solo suaviza el impacto en la economía de las turbulencias externas, reduciendo las presiones para un ajuste innecesario. En tales circunstancias, el gradualismo no es "blandura" ni "sensibilidad política", sino buena política económica.
Este tipo de escenarios es familiar en el ejercicio de las políticas macroeconómicas en Chile. Durante muchos años nos hemos dedicado a desarrollar instrumentos y acumular holguras para que, cuando enfrentemos un shock exógeno, se amortigüe su impacto sobre la economía. Esto ocurrió para la crisis financiera internacional y luego para la crisis del Covid-19. En ambas ocasiones se proporcionó liquidez a la economía, crédito a las empresas y apoyos a los hogares para enfrentar una emergencia temporal, originada en fenómenos exógenos.
Es también al amparo de este enfoque que surgió el MEPCO, como producto de sucesivos ajustes a mecanismos de estabilización, que buscaron que la contención de impactos de corto plazo fuera transitoria y tuviera una fase de recuperación de los recursos utilizados. Este diseño contrasta con los subsidios permanentes a los hidrocarburos en otros países o las rebajas a los impuestos que los gravan, que cada cierto tiempo se reclaman.
Las actuales autoridades no han planteado que su reciente decisión sea una opción expresa por una terapia de shock . La decena de medidas compensatorias que se han adoptado parecen indicar que lo que se buscó fue una alternativa más barata y/o eficiente que la que ofrecía el MEPCO. Sin embargo, el costo acumulado de estas medidas, unido a las repercusiones del alza abrupta de los precios de los combustibles sobre la inflación, las expectativas, la situación de sectores productivos, la política monetaria, las perspectivas para la demanda interna y el crecimiento, sugieren que la alternativa escogida no es evidentemente superior, sobre todo si se compara con la alternativa de un MEPCO con mayor latitud para el ajuste de precios.
De esta manera, los partidarios de la terapia de shock no encontraran en este episodio un ejemplo de pureza técnica que se pudiera aplicar a nuevas contingencias futuras. Al mismo tiempo, este episodio revela que gradualismo no debe ser sinónimo de improvisación y que es mejor construir, adaptar y aplicar instrumentos conocidos que reinventar la rueda sobre la marcha.
" El costo acumulado de estas medidas, unido a las repercusiones del alza abrupta de los precios de los combustibles sobre la inflación, las expectativas, la situación de sectores productivos, (...), sugieren que la alternativa escogida no es evidentemente superior".