Petro y el poder
Ricardo Santamaría
En Colombia estamos presenciando un fenómeno político que va más allá de la discusión ideológica
Ricardo Santamaría
En Colombia estamos presenciando un fenómeno político que va más allá de la discusión ideológica. No se trata simplemente de un gobierno de izquierda o derecha, sino de una forma particular de ejercer el poder. En el caso del presidente Petro, la evidencia apunta a una conclusión inquietante: Más que gobernar, su prioridad parece ser acumular y expandir poder. Gobernar implica tomar decisiones difíciles, construir consensos, ejecutar políticas públicas eficaces y rendir cuentas. Nada de eso hace Petro. El poder, en cambio, puede convertirse en un fin en sí mismo cuando lo que importa es controlar instituciones, dominar narrativas y ocupar todos los espacios posibles. Estamos frente a un proyecto que privilegia la concentración del poder sobre la solución de los problemas. ¿Por qué Petro quiere nombrar rector de la U. Nacional, Gerente de la Federación de Cafeteros o Director de la CCB, o encargarse del negocio de hacer pasaportes? Esos no son asuntos de un primer mandatario. Desde el inicio de su mandato, Petro ha mostrado una tendencia a tensionar las instituciones. Su relación con el Congreso, la justicia, los organismos de control, los medios de comunicación, los gremios y los empresarios, ha estado marcada por la confrontación. No es la crítica legítima, sino un intento por deslegitimar lo que no se alinee con su proyecto: Quien no está conmigo, está contra el cambio. Eso repite Iván Cepeda. El presupuesto pasa a ser un instrumento político. Más que responder a prioridades claras y medibles, parece orientarse a satisfacer agendas ideológicas y a consolidar apoyos. El gasto público, que debería ser sagrado para mejorar la vida de los ciudadanos, termina subordinado a la lógica del poder. Aún más preocupante es la tolerancia frente a la corrupción cuando esta proviene de aliados políticos. El discurso anticorrupción, bandera histórica de la izquierda, pierde fuerza cuando se relativizan los escándalos o se minimizan las responsabilidades de quienes hacen parte del círculo cercano. La ética pública no puede ser selectiva. Los recientes nombramientos de Petro en el sector salud dejaron atónito a más de uno. A lo largo del mundo, varios proyectos políticos que llegaron con promesas de cambio terminaron atrapados en la misma lógica que criticaban: La del poder por el poder (Venezuela). Es, en muchos sentidos, el gran fracaso del Pacto Histórico, que en lugar de renovar la política, reproduce sus peores prácticas. Cuando un gobierno intenta copar todos los espacios, debilita los contrapesos que garantizan la democracia. Colombia necesita algo distinto: Gobiernos que entiendan que el poder es un medio, no un fin. Que respeten las instituciones, que administren con rigor los recursos públicos y que combatan la corrupción sin excepciones. Que gobiernen para todos, no solo para sus bases. El poder como servicio no como instrumento.
Analista.