El actor argentino habla de "El último viaje a China", el documental sobre la actriz uruguaya relatado por Carlos Perciavalle y Soledad Silveyra y del que es productor
Pablo Echarri supo, cuando se cruzó con la idea de hacer un documental sobre China Zorrilla, que ese era un proyecto ideal para inaugurar su productora, Alternativa. Fue así que, por recomendación del director Marco Carnevale, convocó a Alejandro Maci para que se encargara de contar la historia.
Y así nació
El último viaje a China, el documental que reconstruye la vida y la obra de la actriz uruguaya, contada por sus amigos Carlos Perciavalle y Soledad Silveyra en la casa del capocómico en Laguna del Sauce.
Con la excusa del estreno de El último viaje a China, Echarri, esta vez en calidad de productor y no de actor, estuvo en Uruguay charlando con la prensa. Este es un resumen de su conversación con El País.
-Nunca trabajó con China...-Lamentablemente, no tuve el placer de estar frente a frente con ella en una escena. Nancy (Dupláa, la esposa de Echarri), sí, como tres veces. La China era muy activa en el medio y, cuando hacíamos teatro, aparecía. Nos cruzábamos en cumpleaños de gente en común y era muy amena. No necesitaba trabajar con vos para acercarse, y nos generaba una simpatía enorme. Se ve que era mutua, porque también la tenía con Nancy y conmigo. Cuando nos encontrábamos, teníamos charlas no tan profundas, pero muy agradables. Ahí aparecía esa China graciosa, inteligente, gran contadora de historias...
-Con mucha imaginación, algunas...-Sí, pero ella era así: tenía una gran capacidad de relato que se entrelazaba con la creatividad. Agradecemos mucho cómo se iban construyendo los relatos de la China y cómo iban ganando ingredientes.
-Era más que una estrella o una actriz, era una figura...-Trabajaba mucho: hacía teatro, cine, televisión y, además, iba a ver teatro constantemente. Vivía muy cerca del movimiento teatral porteño y aparecía en distintas salas, saludando elencos, viendo obras. Siempre que la invitaban, iba y después pasaba a saludar, como Mirtha Legrand. Recuerdo una vez, después de una función de El hombre almohada, una obra muy dura, de humor negro, con relatos tan crueles que incluso había gente que se desmayaba. La China salió aterrada y me dijo: "Pero, querido, tenés que avisarle a la gente lo que viene a ver. Me voy con un nudo en la garganta".
-¿Cómo llega a Alejandro Maci para El último viaje a China?-Alejandro había hecho un trabajo sobre María Luisa Bemberg, con una mirada profunda y amorosa y supe enseguida que la China era un personaje que iba a generarle lo mismo. Con la China construyó el relato desde el amor. Y utiliza un recurso -de producción y de relato- fantástico: la conversación entre Carlos y Solita en Laguna del Sauce. Ese encuentro, en un lugar tan emblemático y cargado de imágenes, va dando espacio a la aparición de la China en múltiples formas. Hay mucho material cinematográfico, televisivo y periodístico. La vemos hablar de su vida, mostrarla; se ven archivos muy valiosos que incluso muestran una China menos conocida. Esa riqueza de su vida se mezcla con los personajes que interpretó, y aparece siempre su sofisticación, su gracia y su manera particular de contarse a sí misma.
-Era el tipo de actriz a la que era imposible no verla detrás del personaje...-¿Qué es lo que motiva a alguien a acicalarse para ir a ver una película o una obra de teatro? ¿Uno va a ver una historia en la que no reconozca a ese actor o esa actriz que conoce, o va a ver un poco de lo que ya conoce de ese actor o esa actriz, atravesado por un texto y, tal vez, por una mecánica y una energía diferentes? Los actores y actrices, sobre todo los populares -China, por ejemplo-, construyen su bagaje llenándolo de interpretaciones atravesadas por su personalidad. Nosotros nos enamoramos, en distintas películas, obras o novelas, de ese personaje interpretado con el tono que esperamos. Cuando veíamos a la China enojada, esperábamos ver a la China enojada; no a una China completamente diferente, enojada de otra manera.
-Hace tiempo que no se lo ve actuando...-Hubo una merma en la producción audiovisual en Argentina, que empezó con la televisión de aire y luego el Instituto Nacional de Cine comenzó a entrar en crisis hace unos años, por la baja del impulso para crear películas. Pero también la Argentina empezó a entrar en una debacle económica que se mezcla con la debilidad del sector cinematográfico. Las plataformas comenzaron con un esquema de producción muy agresivo y luego pasaron a uno bastante más conservador y acotado, lo que hace que también empiece a haber menos oferta. Y no soy de los actores más convocados.
-¿A qué se debe? ¿Hay algo político?-No necesariamente. Hay una bolsa de trabajo para una cantidad de actores, y los contenidos se llenan con los actores y actrices que más gustan. En una época ocupé ese lugar: había una búsqueda de mí como actor para encarnar distintas cosas. En momentos posteriores, no. La cuestión política nunca se puede comprobar. Soy consciente de que las definiciones en materia de pensamiento político generan controversia y dividen aguas, pero no podría decir que eso defina la posibilidad de estar más o menos presente. También creo que soy un tipo joven y sigo teniendo recorrido por hacer.