¿Por qué independiente?
Gregorio Gandini
Lo ocurrido en la reunión del pasado 31 de marzo, en la cual el ministro de Hacienda se retiró antes de que se tomara la decisión sobre la tasa de interés y no acompañó al gerente del Banco de la República en la rueda de prensa, va mucho más allá de una ruptura protocolaria
Gregorio Gandini
Lo ocurrido en la reunión del pasado 31 de marzo, en la cual el ministro de Hacienda se retiró antes de que se tomara la decisión sobre la tasa de interés y no acompañó al gerente del Banco de la República en la rueda de prensa, va mucho más allá de una ruptura protocolaria. Es una señal preocupante sobre el respeto por las instituciones y tiene implicaciones de fondo que aún están por verse. De hecho, el episodio marcó una ruptura sin precedentes entre el Gobierno y el banco central, en medio de desacuerdos sobre el manejo de la política monetaria. Pero, lo primero es entender por qué el Emisor es independiente del Gobierno. Esto responde a dos factores inherentes a su propia misión y naturaleza. El primero es el control de la inflación. Si la entidad encargada de emitir dinero estuviera bajo control directo del Gobierno, podría verse tentada a financiar el gasto público o el pago de deuda mediante emisión monetaria. Esto implica inyectar dinero que no está respaldado por mayor producción de bienes y servicios, lo que termina generando aumentos de precios y pérdida del poder adquisitivo. Un segundo aspecto es la necesidad de aislar la política monetaria de presiones políticas de corto plazo. Los gobiernos cambian cada cuatro años y sus prioridades también. La independencia del banco central permite dos cosas: primero, generar credibilidad frente a inversionistas y ciudadanos; y segundo, adoptar decisiones con una visión de mediano y largo plazo. La historia ofrece ejemplos claros de lo que ocurre cuando esta independencia se debilita. En Alemania, entre 1921 y 1923, además de las cargas derivadas del Tratado de Versalles tras la I Guerra Mundial, el gobierno recurrió a la emisión de dinero para financiar su gasto, lo que desencadenó una hiperinflación que llegó a 29.500% mensual en octubre de 1923. Recientemente, en la década de los 2000, Zimbabue atravesó una crisis económica que se agravó cuando el gobierno decidió imprimir dinero para cubrir su déficit fiscal, generando una hiperinflación donde los precios se duplicaban cada 24 horas en 2008. También hay otros ejemplos. En Turquía, la intervención directa del presidente Recep Tayyip Erdogan en las decisiones del banco central ha deteriorado la credibilidad de la política monetaria y contribuido a episodios de alta inflación. Y, por supuesto, el caso más cercano es Venezuela, donde el banco central ha financiado directamente al Gobierno, con consecuencias ampliamente conocidas. Por eso, antes de caer en narrativas que cuestionan las decisiones del Banco de la República, conviene recordar cuál es su función esencial: proteger el poder adquisitivo del dinero. Al final, la pregunta relevante no es cuánto dinero tenemos en el bolsillo, sino cuántos bienes y servicios podemos comprar con él. Y esas dos respuestas, con frecuencia, son muy distintas.
Director Gandini Análisis/ https://gandinianalisis.com