¡‘Habemus papam’!
Pío XII, el papa del Dogma de la Asunción de María, reinó en plena Segunda Guerra Mundial y hasta 1958
Pío XII, el papa del Dogma de la Asunción de María, reinó en plena Segunda Guerra Mundial y hasta 1958. Su papel se ve de maneras bien opuestas. Por haber sido mucho antes del papado nuncio en Berlín sin criticar al naciente nazismo y firmando con él un concordato, aún vigente, lo apodan el ‘Papa de Hitler’. No fueron suficientemente condenadas la represión nazi, la invasión ilegal de vecinos y la implacable y letal persecución étnica e ideológica que conoció desde 1940 y condujo al Holocausto. Declaró la neutralidad del Vaticano en el conflicto, pero le reconocen acciones humanitarias que ayudaron a salvar a miles de judíos y otros acosados. En general se le critica por no haber defendido la paz con decisión antes de la guerra, para inclinar la balanza hacia el bien general, la justicia y los derechos humanos poniendo el dedo en la llaga. Su antecesor, Pío XI, produjo en 1937 una encíclica titulada, curiosamente en alemán y no en latín, Con ardiente preocupación dirigida a los obispos germanos, como advertencia a Hitler por usar la raza como falsa causa justa de la persecución. Pacelli, después Pío XII, era secretario de Estado y participó en la redacción. Ya como Papa, vino un notorio silencio que en la posguerra se convirtió en vocal anticomunismo, generando acoso soviético y de los europeos orientales y centrales a las Iglesias romana y ortodoxa hasta después de la Guerra Fría. El eslabón final fue el atentado contra Juan Pablo II del turco Alí Agca en 1981, conectado con la KGB y los servicios secretos búlgaros. No puede decirse que otra postura de Pío XII habría evitado la Segunda Guerra. Pero su huella histórica contra las causas del conflicto mundial habría podido influir más eficazmente. La figura de León XIV es más delineada y fuerte. Es hoy el único contrapeso ecualizador de Trump. Las voces de Juan Pablo II contra el conflicto en Irak y de Francisco, en su carta de 2025 contra la represión migratoria y el muro de la primera administración, marcaron el camino. Dicen los medios que el mandatario habría dado instrucciones de "hacer caer a Francisco". León usa la crítica abierta desde un trono teológico y tranquilo, con énfasis en que el Vaticano no hace política: aplica el Evangelio del pacífico Cristo de Belén en materia de fraternidad y lucha por la paz en todo momento, en todo el mundo. Se opone a la proliferación nuclear y a la guerra contra Irán. Se dice consternado por las amenazas del presidente, especialmente la de "borrar esta tarde toda una civilización". Rechaza que se invoque al belicoso Cristo de Maga para cruzadas de las que no se sabe si saldremos por las buenas o por la fuerza. "Demasiados inocentes asesinados", agrega, y que el nombre de la plataforma de Trump, Verdad Social (Truth Social), es una ironía. Trump, con aura, ángeles y sin trono moral claro, tilda a León de nefasto liberal protector de la izquierda radical, ignorante en política exterior y mal diplomático. "No soy su fan", remata. En el negado encontrón entre el Pentágono y el Vaticano hubo mención del papado de Aviñón, el que cooptó el rey de Francia y se inició con un papa asesinado. León XIV dice no temerle a Trump. La riña canicular no se veía hace rato: Trump, cual soberano del siglo XVI, pelea con S. S. para defender su poder temporal de los llamados desde Roma a la paz cristiana. Al oriente, Irán se solidariza con el santo padre invocando la protección de Alá. León critica la guerra y clama por la paz en visita a África, especialmente a Argelia, cuna de su inspirador, san Agustín de Hipona, cuya orden agustina dirigió, y que es también santo protector de Vance, vicepresidente católico converso de Trump. "Que se dedique a asuntos morales", le espetó el supuesto miembro fiel de la grey. La controversia católica ante la valentía de León es clave para las elecciones de noviembre: podría condenar las almas de la dupla en las urnas. O mutar a cisma anacrónico, como el de Enrique VIII y Pablo III.
Encontrón entre el Pentágono y el Vaticano
Luis Carlos Villegas