Geopolítica, el principal determinante económico
La economía global enfrenta un punto de inflexión en 2026, luego de que el conflicto en Medio Oriente a finales de febrero transformara el panorama macroeconómico y posicionara la geopolítica como el principal determinante de los riesgos globales, según un análisis de ANIF
La economía global enfrenta un punto de inflexión en 2026, luego de que el conflicto en Medio Oriente a finales de febrero transformara el panorama macroeconómico y posicionara la geopolítica como el principal determinante de los riesgos globales, según un análisis de ANIF. El cambio es relevante porque altera las perspectivas de crecimiento, eleva la inflación y reduce el margen de maniobra de la política económica en el corto plazo. El nuevo entorno contrasta con el desempeño de 2025, año en el que la economía mundial sorprendió positivamente por su resiliencia frente a condiciones financieras restrictivas y una creciente fragmentación comercial. Sin embargo, el choque geopolítico ha reconfigurado este equilibrio, al introducir presiones simultáneas sobre los precios de la energía, los costos de transporte y la confianza de los agentes económicos. El impacto del conflicto se ha transmitido al comercio internacional y a los mercados de materias primas, generando disrupciones que amenazan con revertir parte de los avances recientes. En este contexto, el encarecimiento de la energía y el aumento de los costos logísticos han elevado las presiones inflacionarias, al tiempo que afectan el ritmo de expansión de la actividad económica global. Las proyecciones más recientes del Fondo Monetario Internacional reflejan este cambio de tendencia. Para 2026, la economía mundial crecería 3,1%, con una leve recuperación hacia 2027 de 3,2%. Este desempeño implica una moderación frente a 2025 y una revisión a la baja frente a estimaciones previas, explicada principalmente por el deterioro del entorno externo y la elevada incertidumbre asociada al conflicto. En materia de precios, el ajuste es aún más evidente. La inflación global alcanzaría 4,4% en 2026, con una revisión al alza significativa frente a proyecciones anteriores. Este comportamiento responde al choque energético y a las disrupciones recientes en las cadenas de suministro, que han trasladado presiones de costos a distintos sectores de la economía.