Viernes, 01 de Mayo de 2026

Colombia recibe hoy más dólares de sus migrantes que de los inversionistas

ColombiaEl Tiempo, Colombia 1 de mayo de 2026

Carlos arturo García Mahecha - redacción de economía y negociosartgar@eltiempo

Carlos arturo García Mahecha - redacción de economía y negociosartgar@eltiempo.com
El país está recibiendo hoy más dólares de sus migrantes que de los inversionistas extranjeros. En el primer trimestre de 2026, las remesas alcanzaron 3.346 millones de dólares, el segundo registro más alto para un trimestre, y superaron en cerca de 1.200 millones a la inversión extranjera directa (IED). El dato confirma un cambio estructural: el país depende cada vez más del ingreso de sus ciudadanos en el exterior. Un reciente informe de la comisionista Acciones & Valores lo confirma. El acumulado anual ya roza los 13.300 millones de dólares, mientras que marzo marcó un hito: 1.225 millones en un solo mes, el mayor ingreso mensual jamás registrado. Más allá del récord, el dato que redefine la discusión es que en ese mismo trimestre de 2026, la IED sumó 2.128 millones de dólares. Es decir, las remesas fueron 1,6 veces superiores, ratificando la consolidación de una tendencia que ya en 2025 había roto por primera vez en dos décadas la primacía de la inversión sobre los giros de los migrantes. Las cifras muestran que Colombia está recibiendo más divisas por el trabajo de sus ciudadanos en el exterior que por la llegada de capital productivo. El informe lo plantea sin ambigüedades: se trata de una recomposición de la financiación externa menos favorable en términos estructurales. Las remesas tienen virtudes evidentes. Son relativamente estables, menos volátiles que los flujos de capital y, en momentos de incertidumbre global, actúan como amortiguador macroeconómico, indican los analistas de la comisionista. De hecho, dicen, han contribuido a fortalecer la cuenta corriente y a suavizar presiones sobre la tasa de cambio. Pero su naturaleza es distinta. Mientras la IED financia expansión empresarial, transferencia tecnológica y generación de empleo, las remesas alimentan, en su mayoría, el consumo de los hogares. Son ingreso disponible, no inversión productiva. Ahí está el núcleo del debate: más dólares no siempre significan mejor crecimiento, afirman analistas. El auge responde a factores externos favorables para los migrantes colombianos. Por ejemplo, en Estados Unidos -principal origen de estos flujos- el mercado laboral sigue mostrando solidez, con una tasa de desempleo hispana de 4,8 por ciento en marzo de 2026. A esto se suma la transformación tecnológica: plataformas digitales y billeteras móviles han reducido costos y facilitado envíos más frecuentes, ampliando la base de remitentes. El mapa de las divisas también ha cambiado. En los primeros meses del año, las remesas superaron exportaciones claves: fueron 2,1 veces las ventas externas de café, 2,9 veces las de carbón e incluso superaron ligeramente las petroleras, un dato que ilustra la magnitud del viraje. En el plano microeconómico, el efecto es inmediato. Las remesas sostienen el consumo en miles de hogares, sobre todo en regiones dependientes de estos recursos. Financian alimentación, vivienda, educación, salud y el pago de deudas. Rol y vulnerabilidades El informe sugiere que su rol es más de estabilización que de expansión, pues ayudan a recomponer el ingreso disponible. En otras palabras, las remesas no están generando un boom de consumo, sino evitando una caída más profunda. Sin embargo, el auge también expone vulnerabilidades. La primera es la dependencia creciente del ciclo económico de otros países. Si el empleo de los migrantes se deteriora en Estados Unidos o España, el flujo de remesas podría resentirse rápidamente. La segunda es la señal que envía sobre la economía local: menos inversión extranjera y más dependencia de ingresos externos ligados a la migración. El informe indica que Colombia gana estabilidad externa en el corto plazo, pero enfrenta interrogantes sobre su capacidad de crecimiento a largo plazo. Por ende, las remesas plantean una paradoja: son, al mismo tiempo, una buena y una mala noticia, según lo plantea Acciones & Valores. Buena, porque fortalecen la liquidez en dólares, estabilizan la economía y mejoran el bienestar de los hogares. Mala, porque evidencian una economía que depende cada vez más del esfuerzo de sus migrantes y menos de su capacidad interna de generar inversión, empleo y productividad. El desafío, entonces, no es frenar las remesas, sino convertir ese flujo en una palanca de inversión y crecimiento. Porque si los dólares del migrante reemplazan de forma permanente a los del inversionista, el país puede ganar estabilidad hoy, pero comprometer su dinamismo mañana, concluye el análisis.
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