Las corporaciones europeas operan con estándares de calidad que terminarán favoreciendo a las contrapartes del Mercosur a partir del intercambio más estrecho.
Las empresas con matriz europea instaladas en Uruguay han trabajado en paralelo a los gobiernos en procura de que el acuerdo Unión Europea -Mercosur se concretara. Instaladas en las dos cabeceras del puente sobre el Atlántico, tienen muy en claro qué hace falta y cuántas posibilidades se abren. Para Andrés Burghi, principal ejecutivo de la española Indra en Uruguay y presidente de Eurocámaras, "hay mucho más allá del intercambio comercial". De todos modos, sostiene que "hay mucho por hacer" con una enorme cantidad de empresas de menor porte "que aún no conocen nada" del potencial que tiene el tratado. Burghi dice que a las empresas europeas instaladas en Uruguay y las cámaras binacionales les corresponde "empujar el acuerdo". Destaca especialmente la "barra más alta" que se establece, teniendo en cuenta los estándares europeos en materia de calidad, regulaciones, condiciones medioambientales y de bienestar. "Hay trabajo para hacer allí", asegura. A continuación, un resumen de la entrevista.
Más allá de baja de aranceles y cuotas, ¿cómo califica el período que se abrió el primero de mayo?
El acuerdo tiene una lista mucho más interesante, más compleja y más rica que la de pensar solo en el acuerdo comercial. Ahora se abre un periodo de entender bien el acuerdo y que todos podamos concebir las posibilidades que se pueden generar. En las cámaras empresariales, en general, las empresas que participamos son las más grandes, ligadas a empresas europeas ya instaladas en el país. ¿Este acuerdo va a traer beneficios para este colectivo de empresas? Sin dudas. Pero hay todo un camino para que los beneficios le lleguen a las empresas más pequeñas, en los dos bloques. Las pymes uruguayas están muy poco informadas de los pormenores del acuerdo y qué oportunidades ofrece, por eso hay que ayudar a esas empresas para que puedan sacar provecho de este acuerdo, que sin dudas puede permitirles llegar al otro lado del Atlántico.
¿Qué rol tienen las empresas europeas con representación en nuestros países con este nuevo acuerdo?
Empujar este proceso. Recordemos que la Unión Europea es el mayor inversor en Uruguay. O sea, más del 45% del stock de inversión extranjera directa proviene de Europa. Esto no es casual, esto responde a una lógica cultural y de afinidad y de valores compartidos. Y en un mundo tan convulsionado, tan enrarecido, donde lejos de mejorar el multilateralismo, estamos yendo para el otro lado, un tratado de estas características es enormemente importante.
¿Desde la óptica empresarial, ganan las dos partes?
En una presentación de Eurocámaras la semana pasada, el ministro Gabriel Oddone mencionó algo que es muy relevante: la oportunidad que tenemos, países como el nuestro, en base a este acuerdo y a esta comunidad tan grande de personas que conformamos, de tener las mejores prácticas en diversas políticas, por ejemplo de protección social. Sobre todo en este momento. En un mundo como el que nos toca vivir, cumplir con ciertos estándares de calidad, de regulaciones, igualan las condiciones de la competencia.
Usted trabaja en una empresa española instalada en Uruguay, que ya cuenta con esos estándares. ¿Qué pasa con las contrapartes locales?
Hay diferencias, y yo creo que ese es uno de los motivos por los cuales el acuerdo demoró tanto tiempo en firmarse. Requerimientos asociados a cuestiones ambientales, por ejemplo. Lamentablemente en Latinoamérica todavía estamos un escalón por detrás. Temas de calidad de producción, condiciones de trabajo o leyes de protección social, allí hay diferencias también. Capaz que Uruguay es el país que está un poquito más cerca de esas condiciones europeas. Hay mucho para hacer en ese sentido. Uruguay tiene intercambio comercial y relaciones con muchos mercados. En el caso del mercado europeo, hay diferencias con otros, dados los estándares de calidad de los que hablábamos. Porque creemos en un estado de bienestar, porque creemos un montón de cosas que son fundamentales para poder competir en igualdad de condiciones. Entonces, me parece que el acuerdo ya de por sí aporta mucho, y con más de 600 empresas europeas establecidas en Uruguay, creo que podemos ayudar en ese terreno. Ahora, el gran desafío es que más empresas uruguayas también tengan acceso a un mercado europeo que puede parecer muy difícil. Hay sectores con una larga tradición de comercio en Europa, pero muchos otros no. Tenemos que ayudarlos.
Pensando en empresas de menor porte, ¿las condiciones del tratado le abren una ventana para acceder, vía e-commerce, al consumidor final europeo?
Sin dudas. Ese es un punto clave en el que hay que trabajar, pensando en consumidores de alto poder adquisitivo y que demandan productos de calidad. Lo primero y más difícil eran justamente las barreras arancelarias, algunas barreras regulatorias, cosas que con el acuerdo mejoran mucho. Pero todavía hay todo un terreno para trabajar en términos de acceso de determinados productos, por ejemplo, del sector farmacéutico. Algunas exigencias pueden parecer difícil de franquear, pero con la interacción comienzan a simplificarse. Nos obliga a investigar, nos obliga a buscar soluciones. Tampoco es sencillo, en algunos rubros, ingresar con productos a Uruguay. Hay materias pendientes allí.
¿El acceso a insumos industriales europeos es un aspecto clave en este período?
Sí, por supuesto. De todos modos, eso no quiere decir que a partir de ahora Uruguay se va a industrializar enormemente, no. Pero hay una gran ventaja para quienes están en el sector, poder acceder a productos básicos para su producción sin pagar aranceles. Podrán ser más competitivos, ser más rentables, producir más. Por ese lado vendrá también, no solamente por las exportaciones a la UE, el crecimiento del PIB que el MEF proyecta en base al nuevo acuerdo.
Y, ¿qué rol tienen las cámaras europeas y la Eurocámara en esta etapa?
El primer objetivo de las cámaras binacionales ha sido siempre, representara sus empresas en la interlocución con el gobierno. En torno al acuerdo, siempre trabajamos con la intención de acercar las partes, insistir con los indudables beneficios para todos que trae un tratado de estas características. Ahora que se logró, tenemos que ayudar a las empresas de ambos bloques para materializar el acuerdo. Hemos trabajado en esa línea, organizando junto a la embajada de la Unión Europea, el proyecto Inspyrame. Se hicieron dos ediciones, se recorrió el país, explicando a las empresas las oportunidades que se abrían. Hay que seguir. Usted recordó antes que el mayor porcentaje de IED que recibe Uruguay proviene de Europa; ¿se puede pensar en más inversión?
Es uno de los objetivos. Para empezar, con menores aranceles, a una empresa europea le resulta más atractivo localizarse acá. En el caso de Indra, hicimos una inversión importante en un centro de mantenimiento de electrónica y logística en la base aérea número uno de la Fuerza Aérea, con el objetivo de dotar al país y a la región de unas capacidades de diagnóstico y mantenimiento de la electrónica, que hasta ahora se hacía en Europa. Espero que lleguenmuchas inversiones así, mirando hacia todo el bloque. No todos los países europeos tienen tantas empresas en esta parte del mundo como pueden ser España, o Italia. Hay diferencias culturales, pero Europa es una sola y las condiciones que rigen para uno, rigen para todos. Entonces, este acuerdo pone al país un poco más en un mapa interesante.
¿Uruguay sigue siendo un una buena opción en términos relativos frente a los socios del bloque?
Yo creo que sí; tenemos nuestros problemas, pero también muchas condiciones muy favorables para hacerlo. Una de las dificultades clave es que se trata de un país caro, por lo tanto instalarse en Uruguay para las empresas probablemente sea más costoso que hacerlo en otros países de la región, en términos salariales, infraestructura, servicios de comunicaciones, etcétera. Ahora, eso también responde a la calidad de vida en el país. Además, Uruguay es el país más estable en la región, donde no se cambian las reglas de juego. Argentina puede estar más estable, pero es un país con vaivenes muy bruscos. Brasil es un país muy polarizado y con grandes incertidumbres. Paraguay, probablemente también sea un país estable, que tiene unas condiciones muy ventajosas para instalarse, pero en muchos rubros de desarrollo está bastante atrás de Uruguay. Creo que todavía marcamos bien como opción para el inversor.