Uruguay sigue administrando un sistema eléctrico que, aunque más diversificado que hace quince años, mantiene una exposición relevante a la variabilidad climática.
En el monitor del sector eléctrico de este mes destacábamos una noticia que, aunque de origen climático, tiene implicancias económicas directas para el sector eléctrico: la potencial llegada de El Niño. Según el último reporte del Centro de Predicción Climática (CPC) de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de EE.UU, las condiciones El Niño-Oscilación del Sur (ENSO) se mantienen actualmente en estado neutral, con una probabilidad de 80% de persistencia entre abril y junio de 2026. Sin embargo, el organismo asigna una probabilidad de 61% a que se desarrolle un evento El Niño en el período mayo-julio, con posibilidad de extenderse al menos hasta finales de 2026.
Si bien no conviene presentar al fenómeno El Niño como una solución automática, es importante que para Uruguay, los años de El Niño suelen estar asociados a mejores condiciones de lluvia en parte relevante del año, especialmente en primavera y verano, lo que tiende a mejorar la disponibilidad de agua, entre otras cosas, para generación hidroeléctrica. En nuestro sistema eléctrico la hidroelectricidad sigue cumpliendo un rol central, aun después de la fuerte incorporación de eólica, solar y biomasa, eso importa. Impacta en el despacho de generación térmica, importaciones, resultado de la empresa pública y, en última instancia, en la decisión tarifaria.
La noticia llega en un buen momento. En el último par de meses, el Costo de Abastecimiento de la Demanda (CAD) unitario promedió 65 US$/MWh, por encima del promedio reciente (2020-2025) de 52 US$/MWh. A su vez, la participación hidroeléctrica en la demanda cayó de 44% en enero, a 36% en febrero, y 29% en marzo, bastante por debajo del 59% observado en 2024 o 48% registrado en 2025.
Para poner el tema en perspectiva, cruzamos la clasificación histórica de eventos ENSO con algunas de las series que publicamos en el monitor del sector eléctrico y en trabajos previos. Se considera en la Tabla 1 el periodo 2007-2014, para reflejar el sistema previo a la incorporación a gran escala de energía renovable no convencional (particularmente eólica y solar fotovoltaica), y en la Tabla 2, el período 2015-2025. Si bien en las tablas se hace tan solo una comparación de una muestra de años, sin un estudio econométrico que demuestre causalidad o que integre variables de ajuste, como precio del petróleo o costo de importación, se pueden realizar dos apreciaciones. Por un lado, hay un contraste relevante entre los costos en años El Niño y La Niña en ambos periodos. Por otro, el contraste se ha visto disminuido en magnitud de un periodo al otro.
En el período 2007-2014 (Tabla 1) el costo promedio en años La Niña prácticamente cuatriplicó al de los años El Niño. En el período 2015-2025 (Tabla 2), se ve un impacto menor, pero aún significativo. Las sequías tenían efectos más pronunciados sobre los costos ya que la matriz dependía más de la combinación entre hidroelectricidad, térmica e importaciones. Hoy existe una participación mucho mayor de eólica, solar y biomasa, lo que reduce parte del riesgo hídrico. Pero no lo elimina. El clima sigue siendo una variable fiscal y tarifaria, no solamente una variable meteorológica. Un año húmedo puede reducir de forma importante el costo de abastecimiento y mejorar los balances del sector eléctrico. No alcanza solo con saber que hay El Niño, sino también importa cuándo se instala, con qué intensidad, cómo venían los embalses, cuál es la situación regional y qué precios enfrenta el sistema en ese momento, entre otros. Uruguay sigue administrando un sistema eléctrico que, aunque más diversificado que hace quince años, mantiene una exposición relevante a la variabilidad climática. . Aleatoriamente, la generación hidroeléctrica puede cubrir entre 30% y 90% de la demanda aproximadamente. Eso implica planificación de reservas, señales correctas de inversión, integración regional bien utilizada, gestión eficiente de la demanda y una discusión tarifaria que distinga entre alivios coyunturales y mejoras estructurales.
Más que celebrar anticipadamente la llegada de El Niño, conviene entender qué puede aportar y cuáles son sus límites. Si llega con fuerza, puede dar oxígeno al sistema en un año que empezó caro. Pero el desafío sigue siendo construir un sector eléctrico competitivo, resiliente y capaz de atravesar tanto los años húmedos como los años secos sin que cada cambio de ciclo climático se transforme en una fuente de estrés económico.
-El autor, Felipe Bastarrica es Director Ejecutivo, Observatorio de Energía y Desarrollo Sustentable (UCU)