El Comercio, Perú
9 de mayo de 2026
En el Día de la Madre, te proponemos regalarte una conversación con mamá para conocerla a través de sus propias palabras.
Las madres poseen una cualidad única. Por el solo hecho de serlo, ante nuestros ojos parecen invencibles y omnipresentes: capaces de soportarlo todo, con una respuesta para cada problema y con esos abrazos que curan cualquier herida. Sin embargo, bajo esa armadura, solemos olvidar que también son personas de carne y hueso, con sus propias historias, miedos, sueños y esa misma necesidad humana de ser escuchadas y comprendidas. Aprender a verlas más allá de la maternidad es necesario porque nos invita a transformar nuestra mirada e incluso nuestra relación con ellas. Para la psicóloga ocupacional Janet León, este cambio de perspectiva nos permite abandonar la idealización o el juicio para empezar a reconocer en nuestra madre a alguien con errores, aprendizajes y circunstancias propias. ?De esta manera, podemos construir un vínculo más adulto y menos dependiente de expectativas?, asegura. Al humanizarla, los juicios se diluyen y la empatía se agudiza, permitiéndonos descubrir a una mujer que, al igual que nosotros, navega entre virtudes y temores. En este sentido, no existe mejor camino para este acercamiento que una conversación honesta. Escuchar su historia, sus recuerdos y sus elecciones, no solo nos permite conocerla mejor, sino también entendernos a nosotros mismos. La doctora Claudia Cortez, directora de la carrera de Psicología de la Universidad San Ignacio de Loyola, explica que la historia de nuestros padres es, en gran medida, la raíz de nuestra propia historia emocional. ?Comprender cómo enfrentaron sus experiencias, de dónde surgen sus decisiones, sus miedos o sus formas de amar, nos permite resignificar muchas vivencias que de niños solo interpretábamos de forma parcial?, afirma la especialista. Pero, ¿por qué hablar con mamá a veces parece imposible?La historia de mamáHay momentos en que acercarnos a nuestra madre para hablar de sentimientos o recuerdos se siente como tocar una puerta difícil de abrir. No es solo timidez o desinterés: detrás de esa barrera hay generaciones que determinan la manera de vivir y expresar la vida. Nuestro lenguaje emocional está profundamente influenciado por la época en la que crecimos. Mientras algunas generaciones priorizan la moral y las normas, otras valoran más lo emocional y la vulnerabilidad. Por eso, lo que para una madre era una forma natural de procesar su experiencia, para nosotros puede resultar lejano o incluso incomprensible. A eso se suman las historias familiares difíciles: recuerdos que no se elaboraron y quedaron atrapados en un silencio pesado. Porque cuando algo no se nombra, hablar de ello no solo es incómodo, sino que puede parecer una amenaza. ?Muchas familias nunca han desarrollado una cultura de comunicación emocional abierta. En lugar de hablar de sentimientos, experiencias difíciles o historia personal, se priorizan conversaciones prácticas, superficiales o rutinarias. Y así, generaciones enteras aprenden que hablar de temas más profundos no es natural, sino riesgoso?, destaca la psicoterapeuta Natacha Duke, de Cleveland Clinic.Y es que el silencio también es protección. Cuando una persona no quiere hablar de su pasado o sus emociones, suelen activarse mecanismos de defensa como cambiar de tema, minimizar las cosas o negarlas. Esto sucede porque al tocar ciertos asuntos pueden reactivarse emociones intensas. Sin embargo, a largo plazo, esta estrategia limita la conexión emocional.Comprender estas barreras es, en definitiva, el primer paso para atravesar esas capas. Al lograrlo, algo en nuestro interior sana, porque no solo fortalecemos el vínculo, sino que también nos abrimos a una conexión más humana y auténtica. //