Jueves, 14 de Mayo de 2026

¿Qué van a estudiar mis hijos?

ChileEl Mercurio, Chile 14 de mayo de 2026

"Los países que sigan enseñando para un mundo que ya no existe probablemente exportarán frustración".

La pregunta más habitual en este último tiempo quizá no tiene una respuesta. Y eso debería preocuparnos menos de lo que creemos. En cada reunión con amigos, la misma duda aparece con una urgencia casi ansiosa: "¿Qué carrera le diré a mi hijo que estudie?". Y esto se hace aún más patente cuando la economía chilena muestra una capacidad cada vez menor para emplear profesionales, especialmente universitarios. Según el INE, quienes tienen educación superior completa registran 8,6% de desempleo en marzo, la tasa más alta en los registros sin considerar el período de pandemia. Una tasa casi idéntica entre quienes tienen y quienes no tienen diplomas.
Más allá de la vocación personal, la inteligencia artificial está reconfigurando el trabajo a una velocidad sin precedentes. Hoy automatiza tareas que hace tres años requerían formación especializada de años y ya hay empresas que operan principalmente a través de agentes de IA. Lo más increíble es que mañana hará cosas que hoy ni siquiera imaginamos. Por todo esto, pretender que existe una carrera "a prueba de IA" es, en el mejor de los casos, una ilusión.
Pero hay algo más interesante que la pregunta sobre qué estudiar: ¿para qué sirve estudiar? Si la IA puede acceder al conocimiento con más precisión y velocidad que cualquier humano, el valor del sistema educativo ya no puede medirse exclusivamente en cuánto sabe un egresado. Ahora y en el futuro, un estudiante debería medirse en cómo piensa, cómo cuestiona, cómo colabora, cómo se adapta. Se deberían formar personas que prueben, fallen y ajusten, no egresados que acumulan certezas para un mundo que se redefinirá cada semana. En otras palabras: en lo que la tecnología todavía no puede reemplazar.
La IA es una oportunidad increíble para repensar la educación desde sus cimientos. No para reemplazar al docente, sino para liberar tiempo de clase hacia lo que importa: el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de trabajar con otros. Si les entregamos las herramientas y confiamos en su capacidad de autoaprendizaje, el efecto puede ser transformador. No hay que tenerle miedo a eso, pero hay que diseñarlo bien y con urgencia.
Los países que primero entiendan esto formarán el capital humano que liderará la próxima década. Los que sigan enseñando para un mundo que ya no existe probablemente exportarán frustración.
Entonces, cuando me preguntan qué carrera recomendar, respondo con otra pregunta: ¿estamos enseñando a nuestros hijos a aprender? Porque esa, en el mundo que viene, es la única habilidad verdaderamente a prueba de futuro.
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