La víctima, unos 20 años menor, estaba en situación de vulnerabilidad; el Tribunal respaldó su testimonio, confirmó la condena y elevó la pena a 19 meses de prisión.
La Justicia
confirmó la condena de un hombre de 53 años que
violentaba a su pareja, unos 20 años menor que él. En la sentencia del
Tribunal de Apelaciones Penal de 1
er Turno surge que el agresor se aprovechaba de la
vulnerabilidad de la víctima, que padecía enfermedades físicas y de salud mental. Mientras ella estaba certificada laboralmente, la obligaba a "hacer de mucama" y la maltrataba tanto física como psicológicamente.
Los involucrados se conocieron por redes sociales cuando ella vivía junto a su familia en Montevideo y el hombre residía en
San Ramón, Canelones. Al poco tiempo, ambos acordaron convivir en el domicilio de él.
Según el relato de la fiscal de Canelones de 2
do Turno,
Carmelita Luján, la mujer se encontraba "muy frágil" por problemas laborales y por percibir que no contaba con apoyo familiar. Además, se encontraba "saliendo de una recaída". La fiscal sostuvo que la víctima estaba en una situación de especial vulnerabilidad, atravesada por problemas de salud física y mental, antecedentes de
trastornos alimenticios y una percepción de falta de apoyo familiar.
La pareja convivió tres meses, hasta que en agosto de 2023 la mujer decidió presentar una denuncia policial. El 21 de ese mes la víctima estaba descansando en la cama cuando sonó una notificación en su celular. En ese momento, el hombre se acercó y comenzó a insultarla, asegurando que le estaban escribiendo "los machos". Le dijo que "no servía para nada", que se fuera "a trabajar a una whiskería" y que sus padres no la querían.
En medio de amenazas con matarla, él tomó el celular, pero lo arrojó al piso al no poder desbloquearlo. Luego golpeó a la mujer y
la expulsó de la casa a los empujones, dejándola en pijama y descalza a la intemperie.
La víctima concurrió a una seccional policial local y fue derivada a la
Unidad Especializada en Violencia Doméstica y Género con sede en Santa Rosa. Fue examinada por un médico de ASSE y, dos días después, por un perito del Instituto Técnico Forense. En ambos controles se le constataron lesiones.
Pero no fue el primer episodio de violencia física y psicológica ejercida por el hombre. Él aseguraba que la mujer no sabía administrar su dinero, por lo que pasó a controlarle las finanzas y a manejar su sueldo mediante una tarjeta de cobro. Cada vez que ella necesitaba realizar una compra
debía pedirle permiso. También lo hacía para viajar a Montevideo a ver a su hija. En esas ocasiones, él le cargaba saldo en el celular y le daba la tarjeta para el ómnibus, reteniéndole lo demás.
La mujer declaró que se sentía "aliviada" al llegar a Montevideo porque no iba acompañada del ahora condenado. Esto se debía a que el hombre portaba una tobillera electrónica por un caso previo de
violencia de género y no podía ingresar al departamento.
En el transcurso del proceso, la víctima declaró que si demoraba al realizar mandados, recibía el maltrato de su pareja. Un día la arrastró al baño y la obligó a mojarse con agua fría, en pleno invierno.
La reiteración de estos episodios deterioró aún más el estado de la mujer, que llegó a certificarse laboralmente. En el período en el que estuvo en su casa, el hombre la obligaba a ser su "
mucama", debido a que él estaba jubilado y pasaba todo el día en la vivienda. De la sentencia surge que el consumo de alcohol alteraba el comportamiento del agresor, que llegó a decirle a la víctima que nadie le iba a creer, que era "fea" y que "parecía un monstruo".
Si bien fueron varios los episodios violentos, la víctima tenía miedo a denunciar debido a que el hombre es policía retirado y la amenazaba con tener "muchos contactos". Una funcionaria policial que declaró como testigo dijo que el ahora condenado le advirtió que hiciera bien su trabajo, porque tenía muchos conocidos.
Tras analizar la prueba, el juez Humberto Verri resolvió condenar al hombre a 16 meses de prisión por un delito de
violencia doméstica especialmente agravado en reiteración real con un delito de lesiones personales.
Las dos partes apelaron y Tribunal aumentó pena
La defensa del hombre apeló la resolución, argumentando que existieron múltiples "contradicciones e inconsistencias" en el relato de la víctima y cuestionó que este haya sido la prueba central del caso. El abogado aseguró que la Fiscalía trató de "construir un perfil negativo del acusado a partir de su condición de expolicía y su antecedente".
Por su parte, el equipo fiscal se adhirió a la apelación y solicitó un aumento en la pena. Hizo énfasis en que el hombre ejercía "violencia física, psicológica, sexual y patrimonial" sobre la víctima y que todo fue corroborado por pericias psicológicas, informes médicos y testimonios.
En los últimos días se conoció el fallo del Tribunal de Apelaciones Penal de 1
er Turno, que no solo
respaldó la condena del hombre, sino que aumentó la pena en tres meses. Los ministros consideraron que los hechos de violencia suelen estar vinculados a la intimidad o cometerse "sin la presencia de terceros". Por eso, sostuvieron, "la prueba fundamental" suele provenir de la víctima.
Además, destacaron que las pruebas diligenciadas "permiten concluir que las declaraciones son fiables" y que "se ha alcanzado con creces el umbral probatorio".
Finalmente, fijaron la pena en 19 meses de prisión y aceptaron el planteo fiscal sobre la continuidad delictiva, una figura que permite valorar como una unidad la reiteración de conductas similares.