Viernes, 22 de Mayo de 2026

Un laberinto

UruguayEl País, Uruguay 22 de mayo de 2026

Al gobierno y al país se les hace imperioso trazar un rumbo claro y no seguir tirando bolazos, ideas que supuestamente se van a analizar, pero supuestamente para no implementarlas.

En este curioso contexto en que el ministro de Economía y Finanzas rezonga a quienes lo cuestionan, trascendió hace unos días una exposición del director de Asesoría Tributaria de dicha secretaría de Estado, Álvaro Romano, realizada en Chile en el marco de un Seminario Regional de Política Fiscal organizado por CEPAL. La semana pasada, el semanario Búsqueda informó que dicho jerarca había anunciado la intención de la cartera de "reducir o mitigar la regresividad del IVA", "continuar avanzando en la implementación de un IVA personalizado" y "ver qué podemos accionar en el sentido de dotar de mayor peso a la renta personal respecto de la renta corporativa".

La reacción de la oposición fue inmediata. El diputado colorado Gabriel Gurméndez observó con suspicacia que "estas son las señales que emite el propio Ministerio de Economía para generar confianza", en alusión a las quejas del ministro Oddone en aquel almuerzo de ADM.

Entonces, otra vez y como siempre, los mismos jerarcas del gobierno tuvieron que salir a relativizar y desmentir sus propios dichos. El director de Asesoría Tributaria del MEF aclaró a Búsqueda, el viernes pasado, que "lo que dije en esa conferencia es que en la agenda del gobierno está estudiar la viabilidad de las modificaciones. En ningún momento hablé de implementación. Por lo tanto, en lo que resta del año y del período de esta administración, como lo he dicho y también lo ha dicho el ministro, lo que vamos a analizar es la viabilidad y no la implementación".

Si en un foro internacional, un representante del gobierno uruguayo planteara que se está analizando la viabilidad de restablecer la pena de muerte o legalizar la esclavitud, se nos vendría encima medio mundo y con toda razón.

Pero si ese anuncio es de un cambio en las reglas de juego de la economía que potencialmente impacta en el clima de negocios y el bolsillo de los trabajadores, ahora nos enteramos de que no hay por qué alarmarse. Una de esas voleteretas dialécticas a las que nos tiene acostumbrados ya el actual gobierno.

Como hemos advertido en otras oportunidades, ya no se trata de un "problema de comunicación". No hay un oscuro publicista equivocándose o mandatando mal a los voceros. Lo que verdaderamente hay es una incoherencia ideológica entre quienes siguen queriendo aplicar a la realidad figurines atrasados y quienes son conscientes de que no se puede tirar la confianza institucional a la marchanta.

Después se sorprenden cuando defraudan a propios y ajenos. Al gobierno y al país se les hace imperioso trazar un rumbo claro y no seguir tirando bolazos, ideas que supuestamente se van a analizar, pero para no implementarlas. Da la sensación de que estos bolazos se multiplican a medida que las encuestas reafirman y acentúan el saldo negativo de la gestión. Como si cada jerarca sintiera la responsabilidad de torcer ese diagnóstico con algún esfuerzo individual sacado de la galera, sin entender que la confianza se construye sobre la certidumbre y nunca desde la improvisación.

De algún modo, el aldeano episodio de la visita al portaaviones estadounidense, de un presidente que fue cuestionado por sus propios ministros (y un jerarca departamental expulsado a Siberia por el mismo pecado), es indicativo de problema de falta dedefiniciones de un gobierno al que algunos están dinamitando desde dentro.

Es una buena lección para algunos que, en octubre y noviembre de 2024, pronosticaban despreocupadamente que nuestro país era tan estable, que no importaría quién ganara las elecciones.

Por lo visto, no era tan así.

De un "segundo piso de transformaciones", pasamos sin escalas a un sálvese quien pueda plagado de reproches, renuncias, improvisaciones, rezongos y desmentidos.

Prácticamente no hay área de la gestión pública donde no existan voces discordantes entre integrantes del oficialismo. Y ni que hablar del brazo sindical, siempre dispuesto a empujarlo al abismo chavista.

A la administración Orsi le restan tres años y medio para reencauzar esta peligrosa inercia. Debería tener la audacia de desandar malas decisiones, pero lo principal tendría que ser algo, en apariencia, mucho más simple: alinear a la tropa. Controlar un poco a la legión de ingeniosos que largan siempre una idea nueva, aunque sea inviable o contraproducente.

Y del lado de la oposición, marcar con rigor y severidad todas y cada una de esas incongruencias y prepararse para la operación retorno.
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