Crisis de aprobación
Por lo menos es posible señalar al menos tres causas relevantes de la caída del apoyo a Orsi.
Los datos publicados en los últimos días sobre los niveles de aprobación del Gobierno son muy preocupantes, no sólo para el partido de gobierno sino para el futuro del país.
No solo preocupa porque el deterioro del apoyo ha sido muy pronunciado sino también por la velocidad de ese proceso. En efecto, al comparar con la evolución de todos los gobiernos anteriores, desde el 2000 a la fecha, a la misma altura de su gestión, es decir en el segundo año de gobierno, el actual gobierno del Frente Amplio es el que sale peor evaluado.
En el segundo año de gobierno, de acuerdo con las encuestas, Jorge Batlle estaba en el 28%, Vázquez en su primera administración recogía el 59%, Mujica alcanzaba el 42%, Vázquez en su segunda presidencia marcaba el 35% y Lacalle Pou se ubicaba en el 60% de aprobación ciudadana.
Es más, si consideramos el total de cada uno de esos gobiernos, excepto el de Jorge Batlle, que enfrentó la peor crisis de la historia moderna del país, ningún gobierno redujo su aprobación a los niveles que están señalándose en este caso.
No faltan razones para la desaprobación, por lo menos es posible señalar al menos tres causas relevantes.
En primer lugar, y seguramente la más importante, es el incumplimiento de las promesas de campaña que, como bien se ha señalado, está agravado por el exacerbado discurso de crítica al gobierno anterior expresado por el Frente Amplio durante los cinco años anteriores, acompañado de una oferta electoral que decía tener todas las respuestas inmediatas a los problemas del país.
Sin embargo, transcurrido más de un año de gestión, resulta muy evidente que no ha habido avances en ningún campo y que, más bien, se han dedicado a convocar diálogos, elaborar planes, reunir Congresos, todas acciones propias de un gobierno en estado de Asamblea permanente que se contradice con el simple hecho de que gobernar implica tomar decisiones, hacer, resolver, decidir.
Y estamos hablando de temas cruciales, tales como la seguridad, la educación o la pobreza infantil, entre otros.
En segundo lugar, debe señalarse una notoria carencia en la construcción de equipos de gobierno sólidos y competentes o que, al menos, trasmitan seguridad y certeza para resolver los problemas.
En tercer lugar, un tono de gobierno sin convocatoria potente, sin construcción de consignas emblemáticas. Una gestión lenta, parsimoniosa y de bajo impacto, que incluso se reiteró en la manera vaga y errática de explicar la referida desaprobación.
Pero, al mismo tiempo, nuestra preocupación se remite a los riesgos de que las reacciones del gobierno, ante esta crisis de aprobación, aumenten las dificultades que enfrenta nuestro país en la actualidad.
En efecto, algunas referencias periodísticas recientes indican que la idea de una Rendición de Cuentas de gasto 0 parece desvanecerse en la interna del partido de gobierno, lo que abre la posibilidad de que se avance hacia una propuesta demagógica que, sin atender las restricciones de la economía actual, afecte los equilibrios y dirija al país hacia una inestabilidad económica con la consiguiente pérdida de la imagen de confianza en los inversores.
La segunda posibilidad es que, habida cuenta de las diferencias políticas internas que conviven en el Frente Amplio, se opte por la vieja consigna de "no toquen nada" o "la vamos llevando", lo que también es una forma de deteriorar la situación y posibilidades de nuestro país.
Desde nuestro punto de vista, la consigna debería ser que "hay que hacer las cosas que hay que hacer". El camino necesario es impulsar cambios profundos y en serio, que simultáneamente sean capaces de preservar los equilibrios y la estabilidad de la economía.
En este sentido, conviene recordar, que en el período pasado a pesar de las condicionantes que surgieron a nivel mundial, como los dos años de pandemia, se realizó una seria y responsable reforma de la seguridad social, necesaria e imprescindible, que en los años de gobierno del Frente Amplio se había postergado sin razón. Una reforma que defenderemos con firmeza y decisión ante iniciativas irresponsables que están surgiendo desde el partido de gobierno.
Estamos delante de un escenario en el que la ausencia de respuestas fuertes y decididas para cambiar situaciones de muy larga duración, puede convertirse en una crisis de representación política.
Algunas señales hay al respecto y los que estamos en la oposición no debemos caer en el error de creer que la desaprobación del actual gobierno, automáticamente genera apoyo a la otra mitad.
La oposición tiene que demostrar su capacidad, no sólo para criticar lo que está haciendo el actual gobierno, sino para construir una propuesta alternativa, creíble, compartida y sólida para generar la confianza de la mayoría de los ciudadanos de nuestro país, a eso hay que dirigir nuestros esfuerzos.