La receta del FMI cuando los precios se van a las nubes
Documento elaborado por economistas del organismo -entre ellos el exministro chileno Rodrigo Valdés- advierte sobre los riesgos fiscales e inflacionarios de intervenir excesivamente los precios de la energía y los alimentos.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) llamó a los gobiernos a evitar subsidios generalizados y controles amplios de precios frente al alza global de la energía y los alimentos, recomendando en cambio medidas focalizadas y temporales para proteger a hogares vulnerables y empresas viables.
La advertencia forma parte del informe "Responding to the Energy and Food Price Shock: Getting the Policy Details Right", elaborado por Pierre-Olivier Gourinchas, Borja Gracia, Delphine Prady y el exministro de Hacienda de Chile Rodrigo Valdés.
El documento analiza cómo deberían responder los países ante nuevos shocks inflacionarios derivados de tensiones geopolíticas y del aumento de los precios internacionales de la energía. Según el organismo, muchas de las medidas utilizadas en crisis anteriores -como congelamientos de tarifas, subsidios amplios o rebajas tributarias masivas- pueden terminar agravando los problemas fiscales, elevando la inflación y distorsionando el funcionamiento de los mercados.
¿Actuar o no?
La principal recomendación del FMI es permitir que los precios internos reflejen los costos internacionales de la energía. A juicio de los autores, las señales de precios cumplen un rol clave para evitar escasez, promover eficiencia y reducir el exceso de consumo en contextos de oferta restringida.
"El desafío no es si actuar o no, sino cómo hacerlo de manera efectiva", plantea el informe.
En lugar de subsidios universales, el FMI propone focalizar los apoyos en los hogares más vulnerables mediante transferencias monetarias directas y temporales. El documento sostiene que las familias de menores ingresos destinan proporcionalmente una mayor parte de sus recursos a alimentos y energía, por lo que son las más expuestas a los shocks inflacionarios.
La recomendación es utilizar los sistemas de asistencia social ya existentes para canalizar las ayudas y, si es necesario, ampliar temporalmente la cobertura hacia sectores medios vulnerables. El organismo advierte que los subsidios generalizados suelen beneficiar proporcionalmente más a los hogares de mayores ingresos y generan elevados costos fiscales difíciles de revertir.
Respecto de las empresas, el FMI propone diferenciar entre problemas temporales de liquidez y dificultades estructurales de solvencia. El informe señala que el objetivo de las políticas públicas debe ser evitar quiebras innecesarias de compañías viables, especialmente en sectores estratégicos o con fuerte impacto sobre los precios al consumidor.
Para ello, recomienda privilegiar instrumentos como créditos garantizados por el Estado, líneas de financiamiento o postergaciones tributarias temporales, en vez de transferencias directas o rescates permanentes.
El documento también plantea que los controles de precios, subsidios energéticos amplios o rebajas tributarias masivas solo deberían utilizarse en situaciones excepcionales y bajo condiciones muy específicas: que el shock sea claramente temporal, que exista riesgo de desanclaje inflacionario y que las cuentas fiscales tengan espacio suficiente para absorber el costo.
Aun en esos casos, el FMI sostiene que las medidas deben ser transitorias, transparentes y fáciles de retirar para evitar distorsiones de largo plazo.
El informe advierte además que las economías emergentes enfrentan mayores restricciones debido a menores márgenes fiscales, expectativas inflacionarias más frágiles y sistemas de protección social menos robustos. Por ello, enfatiza la necesidad de respuestas graduales y cuidadosamente calibradas.
La conclusión del organismo es que las políticas públicas frente a shocks energéticos y alimentarios deben priorizar apoyos focalizados y temporales, evitando intervenciones amplias que puedan terminar profundizando los desequilibrios económicos y fiscales.