Irán, duro negociador
Donald Trump necesita un acuerdo, y pronto. Los iraníes lo saben.
Si los puntos de acuerdo a los que se ha llegado en principio son los que han aparecido en la prensa, se puede decir que Donald Trump apenas ha conseguido con esta guerra contra Irán que las cosas vuelvan a la situación anterior al inicio de los bombardeos, o sea, libre tránsito por el estrecho de Ormuz. Y aun eso está en cuestión, porque antes Teherán reconocía el principio de libre tránsito por las vías marítimas internacionales y ahora tiene un control inusual del paso por donde circula la quinta parte del petróleo mundial. El resto de los temas -programa nuclear, desarrollo de misiles, sanciones internacionales- sería discutido en otra etapa de las negociaciones.
En estos días han llegado señales contradictorias sobre el avance de los diálogos. Mientras Trump tuitea que es inminente un acuerdo, los iraníes dicen que queda mucho por discutir y que lo nuclear se deja para más adelante, aunque el Presidente Masoud Pezeshkian aseguró "al mundo" que "no buscamos un arma nuclear". Ayer, delegados conversaron en Qatar y se esperan nuevos encuentros en Pakistán, todo para afinar los detalles de un primer acuerdo que terminaría con las hostilidades (incluidas las de Líbano), o sea, prolongaría el cese el fuego de abril, bajo condición de que Irán no impida el paso por Ormuz. Se dice que Estados Unidos está pidiendo que Teherán se comprometa a entregar el uranio enriquecido al 60% que tiene en su poder (unos 400 kilos, que están así cerca del 90% requerido para un arma nuclear). Irán, sin embargo, se resiste: es su mejor carta de negociación. Por su parte, exige el levantamiento de las sanciones que no le permiten vender petróleo, pero a lo más, se dice, podría conseguir algunas exenciones temporales. Otro asunto en la mesa, pero que quedaría para la otra etapa, es el descongelamiento de fondos de Irán en bancos occidentales, crucial para aliviar la crítica situación de su economía. Y, por supuesto, los misiles balísticos, punto clave para Israel, que pretende que se le impongan límites al número y alcance de esos proyectiles.
Trump ha dicho que los iraníes "mueren por un acuerdo", pero las noticias diarias muestran a un liderazgo de Irán endurecido, mientras Washington intenta mostrar una victoria que no parece tal. Las críticas internas a la incursión han aumentado y surgen nuevas por los términos del eventual acuerdo, lo cual incide en la popularidad del Presidente y puede afectar el resultado de las elecciones legislativas de noviembre. Hoy, el 64% de los encuestados señala que "ir a la guerra fue una decisión equivocada", y los demócratas se han beneficiado de esa apreciación. Por eso, Trump necesita un acuerdo, y pronto. Los iraníes lo saben y lo usan en su favor. Mientras, Marco Rubio ha dicho que "no se puede hacer un tratado nuclear en 72 horas". Tal cosa es efectiva: el que firmó Barack Obama en 2015 -y del que se salió Trump en 2018- demoró dos años de negociaciones y abarcó 160 páginas, pero solo limitó el desarrollo nuclear, sin eliminar el riesgo de que los iraníes se acercaran a fabricar una bomba. Trump quiere uno mejor: "Si hago un trato, será bueno y apropiado, no como el que hizo Obama", dice. Es que su objetivo siempre ha sido quitarle todo crédito a Barack Obama, pero la realidad le está mostrando que negociar con Irán no es fácil, por su inquebrantable resistencia a cualquier imposición que venga de afuera, y más si es de Estados Unidos.