Polémica térmica en territorio sagrado, con dudas y desafíos
Durante años, Nencol 5 prácticamente desapareció del radar del sector energético colombiano
Durante años, Nencol 5 prácticamente desapareció del radar del sector energético colombiano. No aparecía entre los proyectos más mencionados del Gobierno, no se conocían avances públicos relevantes y pocos dentro del mercado hablaban de la iniciativa. Pero todo cambió en cuestión de minutos el pasado 22 de mayo, cuando XM reveló los resultados de la subasta del cargo por confiabilidad y el nombre de la termoeléctrica apareció dominando casi toda la nueva capacidad térmica adjudicada para el país. La sorpresa fue inmediata. El proyecto, también conocido como Termo Induenergy, terminó quedándose con 2.240 megavatios de los 2.276,8 megavatios térmicos asignados en la subasta. En otras palabras, gran parte de la seguridad energética que Colombia espera incorporar hacia 2029 quedó atada a una planta que todavía enfrenta preguntas financieras, ambientales y sociales. La dimensión de la iniciativa es enorme. Nencol 5 fue concebido como un complejo térmico alimentado con gas natural importado mediante una terminal flotante de regasificación en Santa Marta. El esquema contempla turbinas a gas y sistemas de ciclo combinado para reutilizar calor y aumentar la producción de energía. Sin embargo, apenas comenzaron a revisarse los detalles del proyecto, apareció el punto que hoy concentra la discusión: la planta estaría ubicada a cerca de 500 metros de la Línea Negra de la Sierra Nevada de Santa Marta, un territorio considerado sagrado por los pueblos indígenas Kogui, Arhuaco, Wiwa y Kankuamo. Ahí fue cuando la historia dejó de ser únicamente energética. Lo que inicialmente parecía una discusión sobre megavatios, generación térmica y respaldo eléctrico terminó abriendo un debate mucho más profundo sobre territorio ancestral, consultas previas, protección ambiental y el futuro de uno de los proyectos más grandes que ha recibido el sistema eléctrico colombiano en los últimos años. Para entender por qué el proyecto genera tantas preguntas, primero hay que entender qué representa la Línea Negra. Aunque el nombre suena a una delimitación física, en realidad no existe una línea visible sobre el territorio. Se trata de un sistema espiritual y territorial que conecta 348 sitios sagrados distribuidos entre Magdalena, Cesar y La Guajira. Para los pueblos Kogui, Arhuaco, Wiwa y Kankuamo, esa red de sitios conforma el corazón espiritual de la Sierra Nevada de Santa Marta. Allí se realizan pagamentos, ceremonias y rituales ligados al equilibrio de la naturaleza, el agua, el mar y la montaña. Weildler Guerra, antropólogo y exgobernador de La Guajira, explica que la Línea Negra conecta lagunas litorales con el pico Guanabuindúa y otros espacios sagrados de la Sierra Nevada. "Cada punto tiene un ritual, un canto y un pagamento específico. Algunos están relacionados con matrimonios, otros con sitios femeninos, masculinos o espacios espirituales particulares", señaló. Guerra insiste en que muchos de esos lugares no necesariamente tienen viviendas indígenas permanentes, pero eso no disminuye su importancia cultural. "El Convenio 169 de la OIT reconoce que los pueblos indígenas tienen derecho a acceder a territorios con importancia religiosa o ritual, incluso si no viven allí", dijo. Esa dimensión espiritual es precisamente la que convierte cualquier obra de infraestructura en un proceso mucho más complejo. No se trata únicamente de construir una planta o tramitar una licencia ambiental. El proyecto tendría que atravesar consultas previas con las autoridades indígenas de la Sierra Nevada y demostrar que no afecta sitios considerados sagrados. Tema delicado Juana Hofman, directora de Asuntos Estratégicos de Amazon Conservation, resume el asunto de una manera más sencilla: para las comunidades indígenas, el territorio no es solo tierra. "Es una red de sitios conectados que sostiene el equilibrio espiritual y ecológico. Proteger la Línea Negra es proteger simultáneamente un ecosistema y sistemas culturales vivos", explicó. La discusión tomó fuerza porque la protección jurídica de la Línea Negra ha cambiado varias veces en los últimos años. A comienzos de 2026, el Consejo de Estado anuló el Decreto 1500 de 2018, que protegía 348 sitios sagrados, debido a fallas técnicas y problemas en los procesos de consulta. El Gobierno expidió un nuevo decreto para restablecer esa protección. Según Juana, el nuevo instrumento corrigió problemas procedimentales e incorporó cartografía oficial y consultas adicionales. "El nuevo decreto tiene una base más sólida desde el punto de vista jurídico", explicó. Nencol 5, durante varios años prácticamente desapareció del radar público. Fuentes recuerdan que el proyecto dejó de figurar desde 2022 en varias listas oficiales de iniciativas activas del Gobierno. Tampoco se conocían avances recientes sobre licencias, financiación o desarrollo técnico. Por eso habría sorprendido que reapareciera directamente como el proyecto dominante dentro de la subasta. El reto no será menor. Para mantener las obligaciones de energía adjudicadas, el proyecto deberá presentar garantías financieras ante XM que podrían ubicarse entre US$60 millones y US$80 millones.
Nencol 5, no solo toca zonas terrestres cercanas a la Sierra Nevada. También se relaciona con áreas marinas y costeras, fundamentales en el sistema espiritual de la Línea Negra. Dwiningumu Robles, concejal de Pueblo Bello y habitante de la región, dijo que la importancia del territorio va mucho más allá de una delimitación jurídica. "La Línea Negra une sitios sagrados claves para la pervivencia cultural y espiritual de los pueblos indígenas", señaló. Dijo que el Decreto 514 es importante porque le da herramientas jurídicas al Estado para proteger esos lugares, aunque advierte que la norma por sí sola no resuelve nada. "El decreto puede quedarse en
un saludo a la bandera sin compromiso institucional para proteger los sitios sagrados" e insistió en que la Sierra Nevada concentra ecosistemas únicos, desde zonas costeras hasta picos nevados y bosques tropicales. "La conexión entre el mar, las montañas, las aguas y los territorios son claves en el equilibrio que defiende la comunidad".