El Comercio, Perú
31 de mayo de 2026
PUGNAS. Las controversias rumbo al Mundial 2026 de Estados Unidos, México y Canadá evidencian el creciente peso de la FIFA en la geopolítica, los negocios y las relaciones internacionales.
La Copa del Mundo 2026 todavía no comienza, pero ya acumula controversias que van más allá del deporte. Las investigaciones sobre la venta de entradas en Estados Unidos y la cercanía entre el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y Donald Trump han vuelto a poner bajo la lupa a la organización.Sin embargo, para Ramiro Escobar, internacionalista y profesor de la PUCP, estos episodios son solo una muestra de una transformación mucho más profunda. ?La FIFA tiene actualmente más miembros que la ONU?, señala. Con 211 asociaciones afiliadas frente a los 193 Estados que integran la ONU, la entidad ha adquirido una dimensión que trasciende ampliamente el fútbol.Escobar sostiene que la FIFA opera con una autonomía poco habitual y posee capacidad para influir sobre gobiernos, ciudades y grandes proyectos vinculados a sus torneos. El Mundial del 2026 es un ejemplo de ello. La relación pública entre Infantino y Trump, incluido el polémico Premio de la Paz de la FIFA, evidencia hasta qué punto el fútbol se ha entrelazado con la política.Para el especialista, el fenómeno debe entenderse desde el concepto de ?poder blando?, es decir, la capacidad de un país para proyectar influencia mediante el prestigio, la cultura y la atracción simbólica. ?Solo los países que poseen poder blando pueden organizar un megaevento deportivo para demostrar su infraestructura, estadios, capacidad económica y hotelera?, explica.?El fútbol se ha transformado en un negocio archimillonario donde lo que pesa es cuánto dinero se puede extraer?, resume. Así, la FIFA ya no puede entenderse solo como el ente rector del fútbol, sino como un actor con influencia en la política, la economía y la geopolítica global.