La Nación, Costa Rica
31 de mayo de 2026
Desde hace dos años, cada 31 de mayo siempre resulta especial para Carolina Jaikel por una gran razón.
A Carolina Jaikel el fútbol le cambió la vida desde que conoció a Bryan Ruiz; pero eso también pasó con un rol que empezó a explorar desde el 31 de mayo de 2024 cuando nació Bautista Moya Jaikel, ese sobrino que la tiene como loca.
"Ser tía es el rol más lindo del universo, todo lo que uno no puede hacer como mamá, lo hace como tía... No, mentira, no todo; pero es una delicia, es lo mejor de todos los mundos ser tía.
"Yo digo que Bauti me tiene comiendo de la mano, porque además llega en un momento donde yo tengo mucha más experiencia. Ya no tengo ese estrés de los primeros miedos de la maternidad y mucho más liviana yo", expresó Carolina Jaikel en una entrevista que concedió a La Nación hace unas semanas, en la intimidad de su hogar.
Su sobrino cumple dos años este domingo y ella se siente orgullosa de ver a su hermana, Priscila Jaikel, convertida en la madre que es.
Además, le encanta notar como cada día, ese pequeño rubio se vuelve un cómplice inseparable de sus hijos Benjamín y Leonardo.
"Ese mae es lo más delicioso que hay, es demasiado hablantín, lo habla todo. Mi hermana me decía que su mejor regalo son sus sobrinos Benji y Leo. Y ahora sé que tenía razón, en serio", afirmó.
También cree que Bautista tiene un ángel especial, porque en la casa todos lo saben: ese niño es un clon de don Rodrigo Jaikel, el padre de Carolina y Priscila.
"Mi hermana siempre ha tenido con papi una debilidad, los ojos de mi hermana son mi papá y me da demasiada risa que él sea igual a mi papá. También tiene los ojos de la abuelita de mi cuñado Isaac, que es la debilidad de él. Es una delicia ese enano, es tremendo y les va a sacar las canas", auguró.
Entre el fútbol y la familia
Después de confesar qué significa para ella ser tía, Carolina Jaikel contó que el fútbol siempre le había resultado ajeno, sin sospechar jamás que tiempo después se volvería parte de su día a día.
Su papá la llevó al Mundial de Alemania 2006 —al que Bryan Ruiz no fue—, pero lo que menos recuerda son los partidos ni nada de lo que ocurría alrededor de la Selección de Costa Rica.
Para ella, en ese momento lo más importante era la experiencia de ir a Europa, a pesar de que proviene de una familia en la que su papá es "requetefutbolero" y define a su única hermana como la más liguista de todas.
"Cuando Bryan llega a mi vida tuve que aprender. Me casé, me fui a vivir con él afuera. Me gusta el fútbol hoy en día, la parte que me parece chiva es cuando me siento con él y ahora que es entrenador me explica la parte estratégica", citó.
Eso sí, entre risas dice que en la actualidad, el fútbol que mejor entiende es el de sus hijos.
"Me manejo esos equipos y me parece chiva verlos, pero la parte aficionada no la tengo. Si Bryan o mis hijos no están, a mí no me importa lo que pase. No es como un deporte que yo sigo, como me pasa con el tenis, que fui fan de Rafael Nadal toda la vida y que ahora soy de Jannik Sinner. Soy liguista, sí, porque el corazón de Bryan está en Alajuelense", comentó.
El primogénito de Bryan, Mathías, a quien ella ve como su hijo del corazón, acaba de salir bicampeón con la U-19 de la Liga; mientras que sus cachorros, Benjamín y Leonardo, juegan con Consultants.
"Es tan intensa la situación, que muchos de mis grupos de amigos se han vuelto casi que los papás de Consultants, porque estamos casi que juntos todo el día".
Benji entrena tres veces por semana y el año pasado tenía dos partidos por fin de semana. Después de cada cita, van a almorzar o a cenar.
"Es un vacilón. Nos llevamos bien con los papás y los disfruto mucho. A veces sí hay entrenamientos duros que estoy ahí poniendo atención.
"Y si no, en otros me llegan a preguntar: ‘Mamá, ¿viste lo que hice?’, y estaba hablando despistada. Pero me encanta verlos, siempre que puedo los voy a ver", mencionó la esposa de uno de los mejores jugadores en la historia del fútbol nacional y ahora técnico.
Que por cierto, también es la madre de dos cachorros que llevan el fútbol en la sangre; así como la tía y madrina de un pequeño de dos años, que quizás, siga los pasos de sus primos con esa fiebre incansable por el balón.