El espejo peruano donde la Argentina debe mirarse
Julio Velarde, presidente del Banco Central de Perú
Se encuentra de visita en la Argentina Julio Velarde, presidente del Banco Central de Reserva del Perú desde 2006
Julio Velarde, presidente del Banco Central de Perú
Se encuentra de visita en la Argentina Julio Velarde, presidente del Banco Central de Reserva del Perú desde 2006. Durante su gestión, vio pasar a nueve presidentes de la república diferentes (sin contar al mandatario que lo designó inicialmente, Alan García). Por su parte, en ese mismo período, la Argentina acumuló más de una decena de presidentes en el Banco Central (BCRA) y tuvo seis jefes de Estado, habitualmente eyectados ante cada cortocircuito con el ministro de Economía de turno. ¿Dónde está el juego de las diferencias?
Perú, a lo largo de casi dos décadas, fue un polvorín político con presidentes destituidos, congresos disueltos, encarcelamientos y crisis sociales extremas. Sin embargo, su moneda, el Sol, mantuvo un rumbo estable e, incluso, se ganó el apodo del "dólar de Sudamérica". El secreto de esa estabilidad estuvo en un diseño institucional concebido para aislar el dinero de los ciudadanos de los caprichos del poder de turno . A diferencia del blindaje del Sol peruano, la moneda argentina sufrió una destrucción sistemática de su valor debido a que los sucesivos gobiernos utilizaron al Banco Central como una caja política para financiar el déficit fiscal mediante la emisión descontrolada de pesos. Esta inundación de billetes sin respaldo pulverizó el poder adquisitivo, alimentó inflaciones de tres dígitos y forzó la imposición de rígidos controles cambiarios ("cepos") que fragmentaron el mercado en múltiples cotizaciones artificiales. Como consecuencia, se profundizó un arraigado bimonetarismo cultural de larga data, en el cual la sociedad civil rechaza el peso para el ahorro, relegándolo a transacciones cotidianas más mundanas, mientras convalida históricamente al dólar estadounidense como su verdadera y única reserva de valor a largo plazo. Peruanos celebran la destitución de José Jerí en febrero de este año. Lo sucedería en forma interina José María Balcázar. Las elecciones de abril pasado no arrojaron un ganador y la segunda vuelta se hará el 7 de junio entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez
La impronta de Velarde quedó registrada con una crudeza técnica inusual cuando, ante la crisis de inseguridad que golpeaba el crecimiento de su país, sentenció en una conferencia: "Prefiero tener medio punto menos de crecimiento, pero que a la gente no la maten". La frase condensa el verdadero rol de un banquero central independiente: un faro técnico que no hace populismo, que expone los costos reales de la economía y que exige al poder político que resuelva los problemas estructurales en lugar de ocultarlos emitiendo billetes e impulsando de manera engañosa el consumo.
Para que la Argentina consolide su actual camino de desinflación y abandone definitivamente el drama del bimonetarismo informal -donde el peso solo sirve para el día a día y el dólar es la única reserva de valor real-, debe aplicar el "manual peruano": debe dejar de flexibilizar sus leyes para subordinar el dinero a las necesidades del gasto político y, así, blindar su moneda como un bien público técnico.
Para lograr este "milagro", la primera medida es cambiar la Carta Orgánica del BCRA para garantizar la independencia de la principal autoridad monetaria del país de los caprichos populistas de los gobiernos de turno. La nueva Carta Orgánica debe tener como objetivo único preservar el valor de nuestra moneda y debe prohibir de forma absoluta, y bajo responsabilidad penal, los "Adelantos Transitorios" y el giro de utilidades contables ficticias al Poder Ejecutivo. En sintonía con este ordenamiento, el BCRA debe obligar al sistema financiero privado a cumplir estrictamente con los estándares internacionales de liquidez y solvencia —como los acuerdos de Basilea—, garantizando que los bancos comerciales se sostengan por su propia solidez y no por asistencia estatal. La sede del Banco Central argentino
Como segunda medida, la Argentina debe dejar de usar a los presidentes del BCRA como fusibles. Para ello, es urgente reformar su sistema de designación: el Poder Ejecutivo debe abandonar el nombramiento unilateral por decreto o ‘en comisión’. Las autoridades de la institución deben surgir de concursos públicos de idoneidad y contar con el acuerdo de una mayoría agravada del Senado, garantizando mandatos fijos, desfasados del cronograma electoral presidencial y con un blindaje multipartidario. Para mayor certeza, se debe derogar la facultad que actualmente tiene el Ejecutivo nacional de remover a esta autoridad mediante DNU. Su salida no puede quedar sujeta a los cortocircuitos con el ministro de turno; solo debe responder a procesos de juicio político tramitados en el Congreso por faltas graves objetivas.
En esta línea también, el BCRA debe dejar de ser un botín político y debe garantizar que la asignación de sus funcionarios se establezca según un orden de meritocracia. Es más, debe convertirse en una isla y un faro de la excelencia. Los ingresos deben estar basados estrictamente en concursos públicos y credenciales académicas del más alto nivel, garantizando un cuerpo técnico de carrera que no se deje presionar políticamente.
El BCRA debe dejar de ser un botín político y debe garantizar que la asignación de sus funcionarios se establezca según un orden de meritocracia
Por último, la Argentina debe madurar hacia la unificación cambiaria con un BCRA que solo intervenga para mitigar volatilidades externas, pero nunca para fijar precios artificiales. Asimismo, se debe prohibir por ley que la autoridad monetaria emita dinero para acudir al rescate de entidades financieras insolventes, eliminando de raíz el riesgo moral de los salvatajes bancarios a costa del contribuyente.
Muchas veces declaré que, en Educación, lo que necesitamos son planes de largo plazo que no dependan de los cambios políticos. De la misma manera, la Economía también depende de la solidez e independencia de sus instituciones, comenzando por el BCRA. En tal sentido, en ambos campos, la Argentina tiene hoy la oportunidad histórica de romper el ciclo de ilusión populista: en Educación, el engaño del facilismo disfrazado de "inclusión"; en Economía, la mentira de la emisión que alimenta indefectiblemente la inflación.
Presidente de UADE y miembro de la Academia Nacional de Ciencias de la Empresa (Ancem)