El Papa y las máquinas
Bienvenido que desafíe, sutilmente, el poder que han ido adquiriendo los magnates de la tecnología junto a Trump y MAGA.
Los avances tecnológicos suscitan resistencias, por lo disruptivos que son. Como las que se dieron con la invención de la imprenta, los ferrocarriles, la electricidad, el teléfono, entre otras. Hacia 1811, aparecen en Inglaterra los emblemáticos luditas, artesanos que protestan contra los telares industriales que se instalan al alero de la revolución industrial; máquinas que funcionan con trabajadores menos cualificados y más baratos.
El apelativo "ludita" los sobrevivió, y todavía hay luditas en el mundo, por diversas razones. Por la tradicional: miedo a perder un trabajo. También por otras más de esta época. Por creer que la tecnología está aniquilando el planeta. O por simple romanticismo, eco de esa revolución romántica que se gesta en Europa en reacción al racionalismo de la Ilustración.
Algunos luditas actuales se nutren del sueño de que existió alguna vez un pasado edénico al que podríamos volver si solo frenáramos el progreso y retrocediéramos en el tiempo. Un paraíso que perdimos por comer del árbol del conocimiento y al que podríamos retornar si recuperáramos la inocencia que nos confería la ignorancia.
Desgraciadamente, no se puede desaprender lo aprendido. Pero eso no significa que estas nostalgias románticas no sean valiosas. Lo son, no solo como poesía, sino como contrapesos que nos obligan a reflexionar, y en ese sentido son más valiosas que nunca ahora que se dan cambios tecnológicos cuya velocidad y profundidad nos apabullan. Bienvenida entonces la encíclica de León XIV, en que nos pide que nos detengamos a reflexionar sobre el avance de la IA.
La encíclica es de una gran densidad filosófica que merecería otra columna, ya que en esta me limito a lo que dice de la IA, y de la guerra. En cuanto a la IA, no hace una simple crítica. El Papa no es un ludita. Por algo él escoge divulgar su encíclica con a su lado nadie menos que un cofundador de Anthropic, Chris Olah. Potente señal de que no está en contra de la innovación tecnológica per se . Lo que busca es que sea humana y precavida, como hasta ahora habría sido la de Anthropic, que postergó la divulgación de su peligroso modelo Mythos, y que ha arriesgado la ira de Trump al prohibir el uso indiscriminado de sus modelos en armas de guerra.
Claro que uno podría ser cínico respecto a Anthropic. Porque sus avances en IA no se detienen. Estos mismos días levantan inmensas sumas en los mercados para expandirse. ¿Será que se posicionan como los "buenos" del sector solo para agregarle valor a su marca y así captar aún más dinero? Posible, pero si ser "buenos" potencia una marca de IA, no estamos tan mal. Gran cosa si el mercado aprecia que una empresa de IA no quiera solo obtener gigantescas utilidades, y ganarles a sus competidores con espectaculares avances no importa cuán peligrosos; que quiera también limitar las externalidades negativas de sus innovaciones.
En su discurso al lado del Papa, Olah no esconde estas externalidades negativas. Advierte que los modelos que se van gestando son impredecibles. No es como diseñar un puente, dice, porque los productos que se crean tienen vida propia, y pueden emprender malos caminos. Bienvenido entonces el marco ético con que el Papa busca contenerlos.
Bienvenido, también, el hecho de que su encíclica desafíe, sutilmente, el poder que han ido adquiriendo los magnates de la tecnología junto a Trump y MAGA, y que, en la misma encíclica, critique la forma distorsionada en que se está aplicando actualmente el concepto de "guerra justa", crítica que ha suscitado molestia en Washington. El vicepresidente JD Vance ha llegado incluso a aseverar que a León XIV le falla la teología.
Felizmente el Papa no se inmuta ante tanta soberbia. Con su valentía, su temple, su buen juicio, se va convirtiendo en el único líder mundial capaz de enfrentar la ambición desmedida de los magnates tecnológicos, y de los políticos narcisistas que financian.