El último capítulo de la Librería Francesa en Chile
En el verano dejó de atender público su histórica sucursal de la Galería España y, tentativamente el 15 de julio, ocurrirá lo mismo con la casa de Luis Pasteur.
El viernes en la mañana, temprano, la sorprendió su esposo con la noticia de la columna de la artista Loreto Buttazzoni, publicada ayer en "El Mercurio" bajo el título "Fin de la Librería Francesa".
La ingeniera comercial Isabelle Morizon comenta que hace unos días, en su local de Luis Pasteur 5399 (Vitacura), conversó con una clienta. "No sabía quién era. Le dije del cierre y ayer mi marido me despertó mostrándome el diario. Bien impresionante y bonito lo que escribió Loreto Buttazzoni", señala con la voz entrecortada la dueña de la Librería Francesa de Vitacura, local que, tentativamente, bajará sus cortinas el 15 de julio (su histórica sede en la Galería España, en la calle Estado, dejó de funcionar en el verano).
¿Por qué tomó esta decisión? Isabelle Morizon explica que son ciclos que concluyen e influyó el inestable contexto internacional. "El último empujoncito de este año que me llevó a cerrar es que me acaban de subir los valores del flete en una forma grosera. Eso significa que el precio de los libros que yo importo aumenta de una manera increíble. La lectura en francés es un lujo y sé que hoy, cuando la cosa internacional se pone fea, hay que apretarse el cinturón".
La profesional rememora que la Librería Francesa nació alrededor de 1920, como parte de la Casa Francesa en la calle Huérfanos. "En esos años traía a todos los grandes artistas y escritores, porque en ese tiempo la cultura de moda era la cultura francesa: se enseñaba el idioma en los colegios y en las universidades. La librería tenía capitales franceses y mucho tiempo después mi papá francés, Yves Morizon, comenzó a involucrarse en el directorio y terminó comprando los capitales".
Además de su histórico emplazamiento en la Galería España y el de Vitacura (donde se instalaron cerca de 2003), también tuvo sedes en Santa Magdalena con Andrés Bello y en la Galería Drugstore de Providencia: esta última bajo el nombre de Baobab. "Es que para nosotros 'El Principito' es muy importante", reconoce la dueña, quien formalmente tomó el control de esta posta familiar en 1999. "Mi papá me pidió que lo asesorara por un par de meses y aquí estoy. Es que los libros son muy adictivos. El miércoles mi padre habría cumplido 100 años. Veo todo esto y le digo, 'tú fuiste parte'", dice Morizon y destaca que siempre contaron con buena clientela. "En la Galería España y en Vitacura nos visitaba mucho público interesado. Recibíamos encargos con nombre y apellido que importábamos. Acá trajimos revistas de decoración, de cine como Cahiers du Cinéma y de actualidad, como L'Express, Le Figaro y Le Point".
Para los visitantes de la sede de Luis Pasteur también los sorprendió ver en su interior una escultura de Marta Colvin (1907-1995). "Esa es una historia muy bonita. Nací en Chile, pero viví unos años en Francia y Marta Colvin también. Ella fue muy amiga de mi mamá (Eliana Mesa) y para nosotros siempre era la Martita. Fue mi papá quien decidió poner su obra en Vitacura".
Hasta el 15 de julio están liquidando, hasta con un 70% de descuento, todos sus libros en francés. "Queremos que queden en buenas manos porque cada uno de ellos los escogí yo, son como mis hijos. También distribuimos textos para institutos y colegios que aún imparten el idioma. Nos quedan algunos ejemplares, pero no sabemos qué pasará después de nuestro cierre".
Con ello se apaga una larga historia de la librería en nuestro país. "Afortunadamente sigue en el barrio Le Comptoir, que es otro estilo al de nosotros, porque ellos venden solo publicaciones en francés. Nuestra colección es biculturel , con venta de títulos en castellano y francés", acota Isabelle Morizon, y concluye que "sigo creyendo que el libro físico en el velador va a existir por mucho tiempo. Oler el papel o recorrer una librería, eso no te lo quita nadie. Es una experiencia única".
Reacciones: "Era un lugar de resistencia"Para CRISTIÁN WARNKEN, la noticia del cierre de esta librería es como asumir "un duelo", plantea. "Es que no puedo decir otra cosa. Soy un comprador compulsivo de librerías y entre las librerías donde reventé mi tarjeta de crédito fue ahí", reacciona apesadumbrado, señalando que este lugar era un panorama de visita familiar, de salir a tomar un helado, un café y pasar a ver libros con sus hijos, y donde compró por años la revista Le Magazine Littéraire, con la que se nutría de lo que ocurría en Europa.
"Esta es la muerte de un lugar de resistencia frente a una cultura que viene, donde va a predominar lo digital, evidentemente, y más con la inteligencia artificial que está haciendo que la gente no lea los libros y prefiera quedarse con los resúmenes", afirma Warnken.
OLAYA SANFUENTES, doctora en Historia, también reacciona con "pena", dice. "Cada vez que alguien cierra una librería, siento un dolor de estómago", describe como sentimiento general, antes de abordar la pérdida de un espacio con el que tenía una relación cercana y del que destaca un aspecto diferenciador: "Tienen libreros que conocen su trabajo, que saben de lo que hablan, que han leído y que saben muy bien qué recomendar", agrega.
ARMANDO ROA manifiesta su tristeza a la noticia. "Cada librería que se termina es una especie de pulmón verde que pierde la ciudad, una ciudad donde nos llenamos de ópticas, de farmacias y donde evidentemente se echan de menos más librerías, entonces, evidentemente uno siente un golpe, ¿no?", dice el poeta y traductor, que identifica esto como un síntoma más en una sociedad "donde los niveles de lenguaje están cada vez más deteriorados y donde se lee muy poco".
Y para JUSTO PASTOR MELLADO, esta es "la pérdida de un elemento importante de difusión de la cultura, la literatura y la filosofía francesa".