Domingo, 07 de Junio de 2026

Ana María Stuven...

ChileEl Mercurio, Chile 7 de junio de 2026

"E nfocar mi libro en torno al concepto de feminismo permite visibilizar a las mujeres como personas reflexivas respecto de sus roles a lo largo de la historia, así como en su condición de agentes conscientes y eficaces para el logro de sus demandas de inclusión en la sociedad civil y política

"E nfocar mi libro en torno al concepto de feminismo permite visibilizar a las mujeres como personas reflexivas respecto de sus roles a lo largo de la historia, así como en su condición de agentes conscientes y eficaces para el logro de sus demandas de inclusión en la sociedad civil y política. Es una historia que recoge un concepto que ellas mismas, incluyendo por cierto a las mujeres católicas y conservadoras del siglo XIX, lo usaron para designar sus posturas en defensa de sus causas".
Ana María Stuven ha dedicado parte importante de su nutrida carrera como historiadora al rol de la mujer en la historia. Sus publicaciones en esa área son múltiples y reconocidas, por la novedad teórica de sus propuestas y su ratificación en fuentes que ha investigado. Stuven es doctora por la Universidad de Stanford y ha desempeñado la docencia en la U. Diego Portales y P. Universidad Católica y otras entidades, y participado en numerosos cargos de gestión.
Su labor no se ha limitado al ámbito académico, desdoblando su tiempo en la acción social en favor de numerosas causas en defensa y promoción de las mujeres desde variados ámbitos y con gran éxito. Prueba de ello es la obtención en tres oportunidades del Premio 100 Mujeres Líderes que otorga "El Mercurio", y un cuarto de Emprendedora Social, además de otras distinciones.
Hoy publica el libro "Feminismo: un concepto necesario para la historia de las mujeres de Chile" (Crítica), que puede leerse como corolario de sus extendidas investigaciones en esta área reflejada en su nutrida bibliografía previa. Se trata de un "ensayo histórico" que propone una interpretación de lo que ha sido la relación entre feminismo y ciudadanía.
-Usted habla más de concepto que de movimiento feminista.
"Lo utilizo porque historizar un concepto como feminismo permite, sin desconocer la existencia y relevancia de los movimientos feministas, desprenderse de la inmediatez del presente y devolver a la participación de las mujeres en la historia su espesor histórico. Los conceptos no poseen significados fijos ni universales y, por ello, abren la posibilidad de reinterpretarlos según los contextos históricos cambiantes en que operan. Como escribe la exministra de Justicia Patricia Pérez en el Prólogo, el concepto feminismo no constituye una consigna ni una identidad fija, sino una práctica intelectual y política en permanente evolución".
-Usted adopta en este estudio "una perspectiva histórica de género que entiende a las mujeres como sujetos de la historia y al género como construcción histórica y relacional".
"Coincido con la historiografía de género en que las identidades masculinas y femeninas son construcciones históricas y relacionales, y en que las relaciones de poder forman parte constitutiva de la experiencia social. En ese sentido, el trabajo pionero de Joan Wallach Scott sigue siendo una referencia fundamental. Sin embargo, mi interés principal no está puesto en la deconstrucción de las identidades, sino en reconstruir históricamente la agencia de las mujeres y las formas concretas en que participaron en la vida social, cultural y política chilena. El libro se concentra en las experiencias, prácticas y estrategias mediante las cuales las mujeres ampliaron progresivamente sus espacios de acción y ciudadanía".
"Por ello, dialoga con la historia de género, pero también con la historia política, la historia intelectual y la historia conceptual. Más que examinar la disolución de las categorías identitarias, me interesa comprender cómo las mujeres actuaron históricamente desde los marcos culturales disponibles en cada época y cómo contribuyeron a transformarlos".
-Para estudiar la relación entre mujeres y poder, asume la idea de que "lo personal es político". Ello ayudó dice, a desenmascarar las consecuencias que tuvo para las mujeres la separación que hizo la filosofía racional entre lo público y lo privado, con las exclusiones que ella consagró, y permitió hacer visible espacios de poder ocultos como la vida doméstica. ¿Desde cuándo se manifiesta ello en la historia de Chile?
"La idea de que 'lo personal es político' permitió a la historiografía de las mujeres cuestionar una de las distinciones más influyentes de la modernidad: la separación entre lo público y lo privado. Aplicada al caso chileno, esta perspectiva permite observar que, aunque las mujeres estuvieron excluidas durante gran parte del siglo XIX de los espacios formales de representación política, no estuvieron ausentes de las relaciones de poder. Por el contrario, ejercieron formas de influencia y autoridad desde ámbitos considerados privados, como la familia, la educación, la sociabilidad religiosa o la beneficencia. Observo esta situación desde los inicios de la República. No podemos negar que la educación de los hijos, por ejemplo, es un espacio de poder con amplias repercusiones hacia lo público. Ello no desconoce que el rol femenino estaba subordinado a la autoridad patriarcal ni que carecían de derechos civiles y políticos, pero sí permite reconocer que su acción histórica no se limitó a la pasividad o la exclusión".
"La Iglesia Católica lo comprendió tempranamente y, por ello, se opuso a que la mujer accediera, por ejemplo, a la educación llamada científica. Temía que esos conocimientos la separaran de sus funciones de guardiana de la familia y de la moral, así como de la preservación de la catolicidad social. Sostengo que la frontera entre lo público y privado fue siempre más porosa de lo que durante mucho tiempo recogió la propia historiografía".
Feminismo católico
-Un hecho esencial en la historia del pensamiento feminista, afirma usted, fue la exclusión femenina en el contrato social, base del pensamiento político moderno y que da origen a las sociedades actuales. La mujer quedó excluida de la soberanía popular, la razón ilustrada legitimó a los "padres" de la patria en su misión de dar forma a la nueva realidad política. ¿Habría un pecado de origen en la modernidad ilustrada que la acción social de la mujer ha debido desmontar con mucho esfuerzo?
"Efectivamente, una de las grandes paradojas de la modernidad política es que proclamó la igualdad y la soberanía popular al mismo tiempo que excluyó a las mujeres de la ciudadanía. Como han mostrado autoras como Carol Pateman, el contrato social incorporó a los hombres como individuos portadores de derechos, mientras la mujer permanecía vinculada al ámbito de la familia y de lo que se consideraba la esfera natural de la vida social. Sin embargo, no hablaría de un simple 'pecado de origen'. La misma tradición ilustrada que justificó esa exclusión proporcionó también los principios de igualdad, libertad y ciudadanía que las mujeres utilizaron posteriormente para impugnarla. Buena parte de la historia del feminismo puede entenderse precisamente como el esfuerzo por extender a las mujeres promesas de inclusión que la modernidad había formulado de manera universal, pero aplicado de manera restringida".
-El feminismo católico está en los orígenes de la historia independiente del país, en el siglo XIX, afirma. ¿Qué características lo definieron?
"Desde los debates sobre el feminismo contemporáneo me resulta especialmente interesante constatar la existencia de un feminismo conservador y católico en los orígenes de la historia republicana chilena. Incluso podría hablar de un feminismo impulsado por hombres. Paradójicamente fueron ellos los primeros en favorecer la extensión del sufragio a la mujer, auspiciando y favoreciendo el despliegue de una estrategia de intervención orientada a ampliar el lugar social, cultural y político de las mujeres desde su religiosidad católica y en defensa de la misma. Su desarrollo estuvo estrechamente ligado a los conflictos entre la Iglesia y el Estado que marcaron gran parte del siglo XIX chileno. En ese contexto, muchas mujeres encontraron espacios de acción en la educación católica, el asociacionismo femenino, la prensa religiosa y la beneficencia. Estas actividades les permitieron adquirir experiencia organizativa, visibilidad pública y capacidad de intervención social mucho antes de acceder a los derechos políticos".
"Por ello, el feminismo católico constituye una de las primeras formas de agencia femenina organizada en Chile. No buscó cuestionar de manera frontal el orden social existente, pero sí amplió progresivamente los márgenes de acción de las mujeres y contribuyó a sentar las bases de reivindicaciones posteriores. El Congreso Mariano de 1918 es un buen ejemplo de ello, pues en él se debatieron materias como la administración del patrimonio femenino, la protección del trabajo de las mujeres y otras cuestiones vinculadas a sus derechos sociales".
-El feminismo laico floreció en la primera mitad del siglo XX de manos de la asociatividad y la prensa, en todas las clases sociales. ¿Hubo fricción del feminismo laico con el católico, o ambas experiencias convergían en demandas y objetivos?
"No me atrevería a decir que hubo fricción permanente, pero si diferencias importantes en sus fundamentos ideológicos, en sus lenguajes y en sus diagnósticos sobre la condición femenina. Quienes propiciaron el feminismo laico fundamentaron sus demandas en principios de igualdad, ciudadanía y derechos individuales. Si bien, por ejemplo, en el Congreso Mariano el feminismo católico introdujo nociones de igualdad, justificaba mayoritariamente la participación pública de las mujeres a partir de su misión moral, familiar y religiosa. Hay que recordar que el feminismo católico fue impulsado principalmente por mujeres vinculadas a la clase dirigente mientras que el feminismo laico incorporó con mayor fuerza a mujeres de sectores medios y de trabajadoras. Esta diferencia refleja la creciente complejidad y diversificación de la sociedad chilena durante las primeras décadas del siglo XX".
"Sin embargo, en muchos momentos compartieron preocupaciones comunes y ambas corrientes contribuyeron a ampliar la presencia de las mujeres en la esfera pública y a cuestionar los límites tradicionales impuestos a su participación social. A mi juicio, la historia del feminismo chileno no fue una sucesión de corrientes que se reemplazan unas a otras, sino una convivencia de tradiciones distintas que a veces compitieron, a veces convergieron y a veces se influyeron mutuamente".
-Respecto de la conquista del sufragio para el mundo femenino y de los derechos políticos, a partir de los años 20 del siglo pasado hasta los años 40, esta se dio en un contexto de crisis cultural global de la sociedad que impulsó la politización de la experiencia femenina. ¿Qué papel jugo el feminismo en este proceso? ¿Fue un catalizador central en dicha conquista o un factor dentro de otros?
"Afirmar que el feminismo fue el único o el principal catalizador de la conquista de los derechos políticos sería desconocer la magnitud de las transformaciones que experimentó la sociedad chilena durante las primeras décadas del siglo XX. Los años veinte fueron testigos de profundas reformas en el Estado, de la expansión de la educación, de nuevas formas de participación social y de una creciente politización de la vida pública. El feminismo fue parte de ese proceso, pero no actuó aisladamente de él. Sin embargo, el feminismo desempeñó un papel fundamental al otorgar un lenguaje y una organización a demandas que venían madurando desde fines del siglo XIX. Las mujeres pudieron capitalizar la experiencia adquirida en la educación, la beneficencia, el asociacionismo, la prensa y la acción social. Los espacios abiertos por el Decreto Amunátegui, la incorporación de mujeres a la educación superior y el protagonismo femenino durante la Cuestión Social contribuyeron a formar liderazgos y a ampliar sus horizontes de participación".
Ciudadanía, el gran objetivo político
"La gran novedad de este período fue la irrupción de un feminismo que comenzó a formular explícitamente demandas de derechos civiles y políticos. Durante las primeras décadas del siglo XX, la ciudadanía femenina se transformó en un objetivo político. Mujeres como Martina Barros, Inés Echeverría (Iris) o Amanda Labarca representan voces que hablan de derechos, de participación, de igualdad, de esperanza de tiempos mejores para la mujer. "... Teníamos un sexo inferior y nos vamos igualando rápidamente... guardábamos silencio y ahora dominamos materias que los hombres comienzan a vislumbrar... teníamos como misión única disponer la comida y zurcir calcetines y ahora opinamos..." Las palabras de Iris expresan esos nuevos aires para la mujer. Amanda Labarca fue pionera en la redacción de un Proyecto sobre derechos civiles y políticos de la mujer que contó con el patrocinio del Presidente Arturo Alessandri. Son ejemplos de agencia femenina que efectivamente enriquecieron el debate público de unos años de profundas transformaciones y que sin lugar a dudas influyeron para que en los años 20 y 30 se avanzara en derechos civiles y en los 40 se lograran los derechos políticos. Podemos decir que el feminismo ha influido sin duda en los cambios sociales".
-En el aumento de las capacidades civiles de la mujer en la segunda mitad del siglo XX, y las diversas reformas jurídicas que favorecieron su autonomía en la gestión de sus bienes y la mejoría de sus derechos matrimoniales, hubo varias leyes cruciales incluso en dictadura (1989). ¿De qué forma pudo expresarse el feminismo en estas reformas?
"El feminismo no desapareció durante la dictadura. Muy por el contrario, muchas mujeres, realizaron prácticas asociadas con la politización del cuidado, defensa de los derechos humanos, organización de redes de subsistencia. Estas experiencias permitieron mantener activa una reflexión sobre la condición femenina y generar nuevas formas de acción colectiva en un contexto particularmente adverso".
Con el retorno de la democracia y la institucionalización de muchas de estas demandas -la creación del Sernam en 1991 constituye un buen ejemplo-, el feminismo encontró nuevos mecanismos de incidencia, esta vez con apoyo estatal. Ello permitió impulsar reformas en materias de familia, participación política y acción afirmativa, contribuyendo a fortalecer la autonomía de las mujeres y a avanzar desde una igualdad formal hacia una igualdad más sustantiva. Comprometido con ese desafío, el feminismo continúa expresándose hoy a través de diversas agrupaciones de mujeres, como Comunidad Mujer, Chile Mujeres y otras que impulsan propuestas orientadas a reducir brechas persistentes en ámbitos como el trabajo, los cuidados, la representación política y la inclusión social.
-¿De qué forma se ha hecho cargo el feminismo chileno de uno de las mayores amenazas de la mujer a lo largo de la historia chilena: la violencia de género, el machismo, en las relaciones de pareja?
"El feminismo chileno ha contribuido de manera decisiva a visibilizar que las relaciones de pareja no constituyen únicamente un asunto privado, sino también un espacio donde operan relaciones de poder. Precisamente una de las contribuciones más importantes del lema "lo personal es político" fue mostrar que fenómenos como la subordinación femenina, la violencia intrafamiliar o la desigual distribución de responsabilidades domésticas no son problemas individuales aislados, sino expresiones de estructuras culturales más amplias".
"Desde una perspectiva histórica, estas desigualdades se relacionan con una larga tradición patriarcal que asoció a las mujeres con la naturaleza, la afectividad y el espacio doméstico, mientras reservó a los hombres la autoridad, la representación pública y la autonomía. En las sociedades occidentales, y particularmente en aquellas de tradición cristiana, estas ideas encontraron además legitimaciones religiosas y culturales que contribuyeron a naturalizar durante siglos la subordinación femenina".
"Por ello, uno de los principales desafíos del feminismo ha sido cuestionar esas representaciones y visibilizar las múltiples formas que adopta el machismo en la vida cotidiana. Ello incluye la denuncia de la violencia contra las mujeres, pero también la promoción de relaciones más igualitarias, la corresponsabilidad en las tareas de cuidado y la revisión de prácticas culturales que históricamente han asignado roles distintos a hombres y mujeres. En ese sentido, el combate contra el machismo no se limita al ámbito privado, sino que involucra transformaciones culturales, legales y políticas de largo alcance".
'' El feminismo católico constituye una de las primeras formas de agencia femenina organizada en Chile".
'' El feminismo chileno ha contribuido de manera decisiva a visibilizar que las relaciones de pareja no constituyen únicamente un asunto privado, sino también un espacio donde operan relaciones de poder".
'' La historia del feminismo chileno no fue una sucesión de corrientes que se reemplazan unas a otras, sino una convivencia de tradiciones distintas que a veces compitieron, a veces convergieron y a veces se influyeron mutuamente".
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