Pánico en el Pacto
Abelardo de la Espriella obtuvo casi 10,4 millones de votos, el número más alto registrado en una primera vuelta en el país
Abelardo de la Espriella obtuvo casi 10,4 millones de votos, el número más alto registrado en una primera vuelta en el país. Pero la cifra no lo dice todo. Hay un elemento de índole cualitativa tanto o más importante: casi la totalidad de esos votos fueron votos de opinión. O, como me dijo un amigo analista, "votos de emoción". Eso no quiere decir que todos sus electores estén convencidos de sus posturas y propuestas. Muchos no votaron por él, sino por derrotar al petrismo. Pero eso también es un voto de opinión. Y, sobre todo, un voto libre. El otro lado no puede decir lo mismo. Cepeda también sacó un número importante de votos. Buena parte de sus electores lo respaldan genuinamente. Pero sus números son mucho menos espontáneos. En primer lugar, el Gobierno al que representa tiene la chequera estatal, lo que le da un poder de influencia enorme. Y no le hace ascos intervenir en política en contravención de las normas, motivo por el cual varios funcionarios han sido sancionados. Durante los últimos años, muchas veces se reportaron presiones a empleados públicos para que asistieran a los mítines del Gobierno: ¿están siendo presionados hoy para que voten por Cepeda? Y el propio Presidente desafía la ley -emasculando, de paso, a su candidato- cuando anuncia que se pondrá al frente de la campaña. En segundo lugar, está la estrategia del ‘empleo militante’, denunciada por el exministro Mauricio Cárdenas: la creación de cientos de miles de puestos innecesarios, con cargo al erario, que garantizan una clientela de millones de votos. Finalmente, en más de 200 mesas de votación, la mayoría de ellas en zonas de conflicto, el Pacto Histórico obtuvo el 100 % de los sufragios: una unanimidad siniestra, que apunta a la presión de grupos armados a la ciudadanía. Cepeda, pese a jugar con ventaja, no consiguió el primer puesto. Un fenómeno de opinión, inexistente hace un año, le va ganando, por ahora, a un movimiento que cuenta con el aparato del Estado -y más- a su favor. ¿Qué lo explica? Ante todo la campaña gris y monocorde del candidato, propulsada por un único motor, cuya potencia fue sobreestimada: la certeza de que el núcleo duro de partidarios del Gobierno era suficiente para ganar. En contraste con esa desangelada propuesta oficialista, la campaña del ‘Tigre’ se basa en un sentimiento que extrañábamos en la política nacional: la alegría. Pese al tono a menudo agresivo del candidato, sus convocatorias son asumidas por sus seguidores con entusiasmo, como una fiesta. Cepeda, en cambio, amén de su imagen monacal, tiene encima la nube negra del campo semántico de su jefe político: una letanía de ‘nazis’, ‘codicia’, ‘muerte’, ‘sangre’ y ‘vampiros’. Se entiende, pues, el pánico en el Pacto. Tembló en su zona de confort. Y eso les hace cometer errores. Esta semana fueron tres. El domingo, no quisieron aceptar los resultados, instalando en la ciudadanía el temor legítimo de que se nieguen a entregar el poder. Luego, persiguiendo el voto de los indecisos, desistieron de una propuesta central de su proyecto: la asamblea nacional constituyente. Una renuncia que, pese a un elevado costo político, no consigue el objetivo de tranquilizar al electorado, pues nadie cree que sea sincera. Finalmente, se enredaron solitos en la ridiculez de exigir que se reglamente el uso de la camiseta de la Selección Colombia: un absurdo estalinista ni mandado a hacer para avivar los temores sobre el autoritarismo del candidato con pasado comunista. La victoria del domingo y las necedades del petrismo dispararon la candidatura opositora. Pero esta no debe caer en triunfalismos. Un rival desesperado es un rival peligroso, más cuando ostenta el poder y ha demostrado una y otra vez que no respeta las reglas del juego. @tways / tde@thierryw.net
Tubo de ensayo
Thierry Ways
¿Qué explica que un fenómeno de opinión le haya ganado en primera vuelta a un rival que juega con todas las ventajas?