El Comercio, Perú
8 de junio de 2026
Al momento de escribir este artículo, no teníamos aún los resultados de la segunda vuelta electoral
Al momento de escribir este artículo, no teníamos aún los resultados de la segunda vuelta electoral. Y es probable que pasen 30 días, como ha señalado el JNE, antes de tener los resultados oficiales. Sin embargo, más allá de quien sea elegido presidente, estamos obligados a enfrentar una realidad: el Estado es inoperante e indiferente a las necesidades de millones de peruanos. Y es precisamente esta incapacidad lo que hace que candidatos como Ollanta Humala, Pedro Castillo o Roberto Sánchez hayan logrado pasar a la segunda vuelta montados sobre una plataforma llena de mentiras. Porque si algo tenemos los peruanos que celebrar y defender es el capítulo económico de la Constitución que ha permitido que, pese a todo, la economía siga creciendo y, con ello, reduciéndose la pobreza, como nunca antes se había logrado. Pero como la democracia no se agota en el acto de votar, hoy lunes 8 de junio debemos empezar a asumir la responsabilidad ciudadana de exigir instituciones que funcionen. Necesitamos enfrentar los problemas estructurales del país: servicios públicos precarios, burocracia ineficiente, corrupción enquistada y una incapacidad para garantizar derechos básicos como salud, educación y seguridad. Y economías ilegales controlando territorios y capturando autoridades. Estos déficits no se resuelven con discursos ni con promesas de campaña. Pero la realidad es que tampoco se ven, sentados frente a los parques de San Isidro. Y este es uno de nuestros principales problemas: los líderes del país no han interiorizado lo que significa para un ciudadano en pobreza la incapacidad del Estado. Creemos que los que han votado por Roberto Sánchez lo hacen por falta de información o educación. Por ignorancia o porque no entienden. Pero no estamos dispuestos a hacer mucho por cambiar su realidad. Resolver los problemas del país requiere presión constante de la sociedad civil y, sobre todo, de los sectores que tienen mayor capacidad de incidencia: los líderes empresariales. El sector privado, lejos de ser un espectador, debe asumir que su prosperidad depende de un Estado que funcione. Por ello, nuestro rol no puede limitarse a defender intereses corporativos y crecimiento económico. Porque el Perú es un país partido. Roto. Pero ha llegado el momento de concentrarnos en construir un futuro común con oportunidades para todos. Eso implica ejercer el rol que como líderes del país tenemos, porque no es aceptable que hoy cerca del 60% de los peruanos es pobre o vulnerable. Pero pasa también por entender que no es solo un problema de crecimiento económico, sino es, sobre todo, de qué tan capaces son los hogares pobres de capturar los retornos del crecimiento. Hoy, cuando 14 millones de peruanos pasan hambre, no podemos seguir mirando de costado. Y usted me dirá que esto es responsabilidad del Estado y no del sector privado, que los empresarios cumplen con su rol de hacer empresa, generar riqueza, puestos de trabajo y pagar impuestos. Sí, pero no. Porque el sector privado no opera de manera aislada. Lo hace en un país y es, de hecho, el actor con más poder dentro de la sociedad. Los ciudadanos, sobre todo los más informados, tienen un papel insustituible. No basta con indignarse en redes sociales o creer que los problemas son de los otros. Mi mayor temor hoy no es Roberto Sánchez, es la indiferencia de los líderes de un país que, después de los resultados electorales, y teniendo la capacidad de construir un mejor Perú, decidan seguir mirando de costado.