"Es como volver a ser niño": cada vez más adultos coleccionan el álbum del Mundial
Muchos dicen que ahora que trabajan tienen los medios para comprar sobres "sin limitarse" hasta completarlo, tarea que puede costar cerca de 450 mil pesos. Además, reconocen que muchas veces es una excusa para juntarse con amigos o para conectar con sus hijos o nietos en torno a una pasión.
Cuando Fernando Lledó (60) tenía 8 años, sus padres le compraron el álbum del Mundial de Alemania 1974. Junto a su hermano mayor, comenzó a coleccionar las láminas. "La más difícil de encontrar era la de Pelé", recuerda. Nunca lograron completarlo.
Décadas después, y ya trabajando como práctico de puerto, la historia cambió. Desde el Mundial de Italia 1990 ha completado todos los álbumes. "Una de mis motivaciones, además de mi pasión por el fútbol, es que cuando empecé a trabajar y a tener mi propio sueldo pude comprar sobres sin tener que limitarme, y completar los álbumes antes de que empezara el Mundial", cuenta.
En esta afición lo acompañan dos amigos del colegio. Con ellos intercambia láminas regularmente, aunque no son los únicos. Como él, hay muchos adultos que coleccionan láminas y las intercambian en encuentros presenciales o a través de grupos de WhatsApp.
Fernando participa en un grupo de Facebook llamado Intercambia Láminas, que cuenta con un chat de WhatsApp cuyos integrantes suelen reunirse en el patio de comidas del Mall Marina de Viña del Mar. "La afición está más asociada a los niños, pero también hay muchos adultos que se juntan".
Y agrega: "Creo que sí hay más adultos comprando láminas y se ha normalizado un poco más también".
Fernando comparte este pasatiempo con sus cuatro hijos, de 33, 29, 26 y 22 años. "La condición era comprar al menos 150 sobres para empezar a intercambiar", explica sobre sus juntas familiares de intercambio de láminas.
Su amigo Christian Weinborn (56), profesor de la Universidad Católica, vive algo similar. Junto a sus tres hijos (hoy de 26, 28 y 32 años) comenzó a completar álbumes para el Mundial de Alemania 2006, cuando ellos tenían entre 6 y 11 años. Hoy, ya adultos, siguen reuniéndose alrededor de las láminas. "Lo principal y lo que más me gusta es que fue una actividad que comenzamos cuando los tres eran chicos. Siempre fue algo familiar y ahora que están grandes también pegamos las láminas juntos. Es un entretenido momento de reunión", cuenta.
Para ambos, el álbum se ha convertido en una excusa para mantener vivas amistades de larga data y generar espacios de reunión en medio de las obligaciones de la vida adulta.
Para los adultos jóvenes, este Mundial es también la primera oportunidad de completar el álbum con su sueldo. Es el caso de Martín Leiva, arquitecto de 25 años. "Cuando eres chico lo piensas más como un juego que como una colección. Ahora quiero llenarlo para revisarlo después cuando sea viejo", dice.
Agotados
En la vitrina de la tienda Panini del Mallplaza Egaña hay un cartel escrito a mano: "No quedan álbumes".
Camila Vallecillo, vendedora, fue contratada hace dos meses como refuerzo por el aumento de la demanda. Ella cuenta que durante las diez horas que abre el centro comercial hay fila permanente e incluso instalaron vallas para mantener el orden. "Alrededor de las tres de la tarde ves que los niños salen del colegio y ya no se puede caminar por el pasillo. En el almuerzo algunos adultos se escapan en la hora de colación", relata.
"Algunos vienen y compran 50 sobres: diez para el hijo y el resto para ellos".
Sin embargo, las reuniones no son solo en malls , también se realizan en parques y hasta en estadios, como fue el caso del Estadio Bicentenario de La Florida el último fin de semana de mayo.
El álbum de tapa blanda cuesta $3.900 y existen distintas versiones, como tapa dura, Silver y Golden. Cada sobre vale $1.100, mientras que las cajas de 50 sobres -las más vendidas- cuestan $55 mil. Considerando las láminas repetidas, completar un álbum en Chile puede costar cerca de $450 mil.
Entre los habituales del lugar está Ángel Coindreau (68). Trabajó toda su vida como bancario, pero hoy, jubilado, se dedica a coleccionar láminas junto a su nieta Elena, de siete años. A sus hijos nunca les interesó esta afición, pero él conserva álbumes desde México 1970. "Algunos te van a decir que es para los hijos, pero es para ellos (...). Es como volver a ser niño", afirma.
Jesús Reyes es colombiano, lleva 16 años trabajando en Chile y hoy es anestesiólogo del Hospital Luis Calvo Mackenna. Cuando puede, aprovecha su hora de almuerzo para ir al mall de Ñuñoa. "Es donde hay más diversidad de personas, de todas las edades, y he encontrado las láminas que necesitaba", cuenta.
Lo que más disfruta es "abrir un sobre, encontrarse con una sorpresa, una lámina especial o una que me falta, pero también está la frustración de recibir una repetida".
Rodrigo López (27) y sus colegas, entrenadores de una escuela de fútbol, suelen juntarse a intercambiar láminas. Pero también aprovechan para ponerse al día. En ese ambiente, reconocen, todos son como niños y hablan el mismo idioma: el fútbol.