Viernes, 12 de Junio de 2026

AeroPatitas, el grupo de trabajadores que rescata perros en el aeropuerto de Santiago

ChileEl Mercurio, Chile 12 de junio de 2026

En los alrededores es común que las personas abandonen a sus mascotas, pero también hay pasajeros que al no poder viajar con ellas, las sueltan en el sector. Por eso, voluntarios se organizaron para buscarles hogar.

El aeropuerto de Santiago y sus alrededores son un lugar habitual de abandono de perros. Se les ve circulando por el sector: algunos heridos, otros vagando con hambre y frío. Varios también han sido atropellados.
Por eso, un grupo de personas que trabaja en el aeropuerto se unió para rescatarlos. Los llevan al veterinario para curarlos y esterilizarlos, tratan de buscarles un hogar y, si no lo logran, pagan por residencias temporales o los llevan a sus propias casas. Se trata de los miembros de AeroPatitas.
"A los perros los dejan cerca del aeropuerto porque son caminos rodeados de campo, pero también hay casos en que pasajeros los dejan botados en los alrededores porque no se preocuparon de sacar la documentación para viajar con ellos", dice Diana García, una de las participantes de AeroPatitas, quien trabaja en la aerolínea United.
"Yo he visto gente que no ha podido viajar con su perro y anda en el terminal ofreciéndolo a cualquiera", añade.
El origen de AeroPatitas se diluye en el tiempo. "Yo trabajo en el Servicio Nacional de Aduanas del Aeropuerto hace 12 años y ya había un grupo de gente que ayudaba a los perros. Un día estaba alimentando a unos perros que tienen una manada y una niña me invitó a participar", dice Carlos Farías, uno de los miembros activos de la agrupación.
Muchos de los integrantes han llegado de la misma forma: ayudando perros se han enterado que hay otros como ellos que trabajan en la zona de carga, en aerolíneas, en la Aduana o en la Dirección General de Aeronáutica Civil.
Hace dos años que están mejor organizados. Tienen un logo, una cuenta de Instagram (@aeropatitas), una cuenta bancaria y un sistema de miembros y suscripciones para quienes no pueden apoyar con tiempo, pero sí con dinero.
"En el grupo somos cerca de 25 miembros, pero los activos -que vamos a terreno a buscar a los perros y los rescatamos- no somos más de ocho", cuenta Farías. A eso se suman 40 personas que pagan una mensualidad.
Con esos aportes, Farías calcula que en los últimos dos años han rescatado a cerca de 40 animales, de los cuales 18 han sido adoptados y otros 22 siguen bajo el alero de la agrupación, viviendo en sus propias casas o, cuando ya no hay más espacio, pagando por residencias temporales ($80 mil mensual).
Otra parte de los ingresos vienen de completadas y ventas de hamburguesas. "Vendemos para la gente que trabaja en el Aeropuerto y con eso recaudamos fondos para pagar los gastos", dice García.
Un rescate básico puede costarles entre $70 mil y $80 mil, pero si el animal tiene complicaciones puede fácilmente superar los $250 mil. Los voluntarios dicen que una gran aliada ha sido la Veterinaria Municipal de Pudahuel. Sin embargo, aseguran que la concesionaria del Aeropuerto de Santiago no les ha prestado ayuda. Consultada por este medio, desde el Aeropuerto no respondieron preguntas.
De Pudahuel a Canadá
Hay una manada de perros que circulan por el área. Los conocen como los Smiles. "Antes eran nueve, pero varios han sido rescatados. Ahora quedan cuatro, que son los más ariscos y no se adaptan a otro lugar", dice Farías. A ellos los alimentan y los llevan al veterinario cuando es necesario.
"Los hemos encontrado apuñalados o con heridas en sus patitas producidas por los 'huachis' que se usan para atrapar conejos", dice Karem Ibarra, otra de las voluntarias activas, quien ya tenía cinco perros en su casa y sumó dos del aeropuerto (Manchitas y Mascarín).
Otra voluntaria tiene cerca de 10 perros adoptados y Carlos Farías, por su parte, adoptó a Charly, que llegó al aeropuerto en un bus de recorrido.
Pero así como hay historias alegres hay otras tristes. Como la de Puntito, un cachorro que fue rescatado, pero no sobrevivió al distemper. Una de las voluntarias tiene el ánfora en su casa.
También hay perros que han sido adoptados, pero a los que al poco tiempo se han visto vagar nuevamente por la zona.
Dentro de las historias más memorables, recuerda García, está la de Rufino. "Lo vi cuando llegó una noche al Starbucks, era enorme. Tenía frío y estaba débil. Le buscamos un hogar, pero la persona que lo adoptó lo devolvió porque según ella era raro".
A García le hablaron de la agrupación canadiense Homeless Pet. "Nos ayudaron a buscar un hogar temporal y a los meses nos dicen que tienen un hogar para Rufino en Canadá. Nosotros nos preocupamos de los exámenes y el papeleo y ellos de los pasajes. Hoy, Rufino vive con una pareja en la que él es guardabosque".
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