Lindsay Collins está detrás de la nueva entrega de la saga de los juguetes que se estrena este jueves en Uruguay y trae a todos los personajes y la emoción de las entregas anteriores
Lindsey Collins estuvo nominada al Oscar (en 2023 por Red), además de ser la productora de otros grandes títulos de esa asociación de tecnología y entretenimiento que conforman Pixar y Disney. Su nombre figura, por ejemplo, en un lugar relevante en los créditos de Elio, Buscando a Dory y WALL-E. ¡Y es la voz de una fanática de Rayo McQueen en Cars!
Ahora y por eso es que está del otro lado de un Zoom charlando con El País desde una Los Angeles que, cuenta, está lluviosa Collins está promocionando Toy Story 5, de la que es productora y que se estrena esta semana en Uruguay y el mundo. Es el regreso de una franquicia millonaria que se inició en 1995 y ha generado, en 30 años y cuatro entregas, 3.500 millones de dólares.Sigue, además, a la más exitosa de la saga, la 4, que recaudó un tercio de todas las ganancias de la marca.
Ahora, la pandilla (en la que están, obvio, Woody, Buzz y Jessie y los otros juguetes de siempre) se vuelve a reunir para salir en defensa de Bonnie, a quien sienten amenazada por LilyPad, una tablet verde que tiene su propia idea de cómo deben entretenerse los chiquilines.
En los 45 minutos de la película a los que accedió en exclusiva El País, hay también una banda de medio centenar de Buzz Lightyear que escapó del naufragio de un contenedor. Genera expectativa y, en esos tres cuartos de hora, la magia de la marca sigue intacta y el tema de la tecnología le da actualidad y urgencia.
Toy Story 5 está dirigida por la debutante McKenna Harris y Andrew Stanton, quien ganó el Oscar por WALL-E y Buscando a Nemo y con quien Collins viene trabajando hace más de 30 años. En la versión en inglés que algunos esperan que tenga muchas funciones, aunque la tendencia indica que el público prefiere ver películas dobladas vuelven las voces de Tom Hanks (Woody), Tim Allen (Buzz) y Joan Cusack (Jessie). Como LilyPad llega a la franquicia Greta Lee.
Este es un resumen de la charla de El País con Lindsey Collins.
La pregunta más obvia sería por qué Toy Story 5 ahora...
Porque hace tres años llegamos a una historia que consideramos relevante y excitante y que tocaba tres temas de los que queríamos hablar. Uno es la tecnología llegando a la vida de los niños, algo que viene sucediendo hace un tiempo. Incluso pensamos si no estábamos llegando tarde a tocar el tema. La segunda cosa era el final de Toy Story 4, cuando Woody le da a Jessie la estrella de sheriff, y había ahí una idea interesante de cómo sería Jessie al mando de la habitación, si lo haría diferente de aquella que era en Toy Story 2: un personaje divertido, algo alocado, un poco impredecible y con ese pasado que estábamos interesados en desarrollar un poco más desde entonces. Y lo otro es que a Andrew (Stanton, el director) le encantaba era la idea de tener 50 Buzz Lightyears. A nosotros nos pareció raro, pero él nos dijo que confiáramos en él, que lo iba a hacer funcionar. Así que escribió un boceto que reunía esas tres cosas. Y nos encantó. Pero, en realidad, fueron los dos primeros elementos los que nos hicieron pensar que había una historia ahí.
Estoy ansioso por saber qué pasa con esos Buzz...
Cuando me dio el primer borrador, iba leyéndolo y riéndome sola por los largos pasillos de Pixar. Y lo que viste es justo lo que yo estaba leyendo y estaba igual que vos: "¿A dónde me va a llevar con esto?".
¿Y esa mirada sobre la tecnología, como se personificó en LilyPad, que hasta donde yo vi era un villano de James Bond?
Cuando empezamos a hablar de tecnología, tenía que llegar a la habitación no como una idea o un tema global, tenía que ser como un juguete. Volverla un personaje lo hacía mucho más interesante y ahí estaba la historia. Es más un antagonista que estrictamente un villano porque sentíamos que eso la hubiera vuelto alguien que no tenía ningún lugar a donde ir y nosotros estábamos intentando decir algo. Creo que, realísticamente, la tecnología no se está yendo y no íbamos a decir "la tecnología es mala y debe irse para siempre". Es más convincente y verdadero pensar que es algo con lo que vamos a tener que vivir y encontrar qué hacer con ella con respecto a los niños. LilyPad es un personaje implacable al principio, pero a medida que avanza la historia está un poco más matizado. Vas a tener que ver lo que te falta de la película y ahí te vas a dar cuenta de que su filosofía sobre cómo debería guiar a Bonnie es fallida. Ella podrá pensar que tiene toda la data y nada de experiencia pero enfrente Jessie tiene toda la experiencia y nada de data. Y lo divertido es ver ese enfrentamiento entre opuestos.
¿Cómo funciona su sociedad creativa y artística con Andrew Stanton?
Andrew es tan inteligente, piensa y se mueve rápido, ve las fallas con más rapidez que cualquiera y está pensando siempre unos pasos más adelante que el resto del equipo. Sabe lo que va a funcionar y lo que no. Así que mi trabajo, de alguna manera, es advertirle cuando estamos gastando dinero, hacerle saber que algo es caro porque él es del tipo "no me importan esas cosas", así que hay que avisarle. Es muy bueno también aceptando que la idea de otro puede ser mejor que la de él. Si le vas a decir algo, su cerebro sigue avanzando, así que si pensás que tenés una mejor idea hay que demostrárselo: dibujándola, haciéndola, escribiéndola. Y ahí sí se da cuenta porque tiene que verla. Y yo, como llevo tantos años trabajando con él, me puedo anticipar a esas cosas y enfrentarlo a esas ideas. ¡Son 30 años trabajando juntos, así que puedo seguirle el paso!
Ha venido trabajando desde hace tres décadas en la animación. ¿Qué piensa que perdió el formato con todos los avances tecnológicos?
Creo que lo que no perdió es la capacidad de conectar profundamente con sus historias a pesar de todos los cambios en la tecnología. Toy Story es un gran ejemplo de eso. Cuando vemos ahora la primera sentimos un poquito de vergüenza, pero cuando pasamos la primera impresión de "Uy, así era como se veía Buzz", a los 30 segundos te olvidás de lo rudimentario que era tecnológicamente y te hundís en la historia. Es que, más allá de todos estos avances , lo primero que seguimos haciendo es contar historias. Mostramos ocho o nueve veces internamente nuestras películas de la manera más rústica, con dibujos y voces rudimentarios, y si así no funciona, no la hacemos. Primero tiene que convencernos la historia sin los recursos tecnológico. Eso es lo que fuerza al público a meterse en la película. Si la historia no es buena, nunca se la va a poder dibujar.
Y después la animación no tiene límites para contar esa historia...
Es así. Y, de una manera rara, te obliga a ponerle límites a la historia porque si no se vuelve cualquier cosa. En definitiva, es la historia, el guion, lo marca los límites porque literalmente tecnológicamente se puede hacer lo que se quiera. Lo importante, en definitiva y siempre, es la historia.