Martes, 16 de Junio de 2026

Valeria Luiselli: "Las fronteras son el lugar desde donde he podido ver"

ChileEl Mercurio, Chile 14 de junio de 2026

La destacada escritora mexicana presentará esta semana en Santiago su nueva novela Principio, medio, fin . Con los mitos griegos clásicos como telón de fondo, Luiselli narra el viaje de una escritora junto a su hija por Sicilia intentando encontrar un nuevo comienzo en su vida.

Un mosaico de unos 15 por 15 centímetros con el rostro de una representación de Proteo, un dios del mar. Es una pieza de arqueología que lleva varias décadas en su familia, tomada de forma clandestina: su abuela lo encontró entre las ruinas de una villa de la Roma clásica, donde trabajaba con un equipo de excavación. En parte porque nadie le daba crédito por sus hallazgos, decidió guardárselo en la mochila sin avisarle a nadie. Lo llevó con ella cuando viajó a América, luego se lo dio a su hija, y esta se lo entregó a la protagonista y narradora de Principio, medio, fin , la nueva novela de Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983). Y ese personaje un día viaja a Italia con ese mosaico en su mochila: lo lleva de vuelta hasta el lugar de su origen. No sabe para qué, pero tampoco sabe exactamente qué hacer con su vida. Su hija, una niña de 10 años, tiene una idea sobre la pieza: devolverla, porque a fin de cuentas fue robada.
Esa mujer que lleva en su mochila un mosaico de Proteo es una escritora mexicana que viaja con su hija por Europa intentando un nuevo comienzo, después de haberse divorciado, desarmado un hogar y también haber llegado a un punto en que todo lo que escribía parecía agotado. "¿Cómo lo reinvento todo: nuestra historia, nuestras vidas cotidianas, nuestra forma de estar en el mundo?", se lee al inicio de la novela, cuando arriban a Sicilia, la zona donde nació su abuela y desde donde también surgió un serie de mitos clásicos romanos que ella le cuenta a su hija todas las noches para que se duerma. Toda esa trama bien podría ser la de un diario de la misma Luiselli. ¿Lo es? ¿Es una historia autobiográfica? La escritora elude la respuesta, pero cuenta que no es la primera vez que alguien lo cree: no hace mucho, de paso por Roma, un funcionario de los patrimonios locales le preguntó si efectivamente tenía aquel mosaico del que hablaba en el libro y qué pensaba hacer con él.
"El otro día estaba presentando la novela en Barcelona y Enrique Vila-Matas me dijo: 'Cuando te pregunten cuánto hay de tu vida en tu libro, tú solo di 27%'", cuenta riéndose Luiselli desde Nueva York, donde vive desde hace más de 20 años. Pero se ha movido desde niña: hija de un diplomático, creció entre varios países y continentes. Aunque no hay duda de que es una narradora mexicana: desde que en 2011 publicó su primera novela, Los ingrávidos , ha sido una especie de símbolo de la literatura contemporánea de México, tan actual que sus historias están indisociablemente conectadas con la vida al otro lado de la frontera, Estados Unidos. Luego publicaría La historia de mis dientes (2013), Desierto sonoro (2019), además de Papeles falsos (2010) y Los niños perdidos (2016). Las primeras son novelas; los otros, ensayos, pero los géneros suelen disolverse en la escritura de Luiselli.
También los géneros están mezclados en Principio, medio, fin , una novela que constantemente reflexiona a sí misma ("¿O no es una novela, sino un ensayo? Tal vez la mitad no quepa en la arquitectura apretada de las novelas, en el corsé de la trama") y que aparece al alero de la nueva versión en español de la editorial italiana Feltrinelli (ver recuadro). Esta semana traerá a la autora a Santiago: el martes participará en la Cátedra en Homenaje a Roberto Bolaño de la UDP, donde será entrevistada por Macarena García Moggia, y el miércoles presentará el libro en la Librería del GAM junto a Alia Trabucco. El lanzamiento del libro ha incluido una gira internacional, nada raro para Luiselli, pues su nombre lleva como la punta de lanza de una generación de narradoras latinoamericanas que en los últimos 15 años se leen y traducen en todo el mundo: Samanta Schewlin, Fernanda Melchor, Mariana Enríquez, Fernanda Trías, Nona Fernández, Mónica Ojeda, Guadalupe Nettel, Brenda Navarro, Trabucco y muchas más.
"Llevábamos generaciones y generaciones de mujeres labrando ese camino. En América Latina antes de la llegada de mi generación, podías tener o prestigio o popularidad, no las dos. Las mujeres que durante la época post boom fueron leídas y traducidas nunca fueron tomadas en serio. Y en base a años de chingadas y discursos más complejos, no jugar el juego que nos planteaban, las mujeres de nuestra generación labramos un camino colectivamente. Un camino mucho más ancho, con mayores libertades", dice Luiselli. "Cuando yo empecé a escribir, si no te publicaban en España no te habían publicado. Algo cambió en esa generación: de pronto había un mar de editoriales latinoamericanas interesantes, jóvenes, movidas, en que muchas voces de mujeres pudieron ser leídas y eso cambió el panorama. Entre esas muchas surgieron las buenísimas", añade.
Una épica a escala actual
Empédocles, ese es el filósofo favorito de Luiselli. Lo conoció en los años en que estudiaba Filosofía en México y cree es el "más loco y experimental" de los presocráticos, que para ella se han vuelto un grupo de pensadores inesperadamente actuales: "Con Principio, medio, fin volví veinte años después a esas lecturas de la universidad y me parecen ahorita son mucho más importantes que ningunas otras. Los presocráticos están parados frente a un mundo no narrado, desconocido y enorme, y hoy estamos no frente a un mundo no narrado, sino sobrenarrado y completamente desconocido y enorme", cuenta la escritora.
-La novela está atravesada por los relatos clásicos griegos y romanos, como también de sus mitos. ¿Llegó ahí recordando esas lecturas universitarias o el espacio de Sicilia la llevó allá?
-Hay muchos falsos comienzos en el libro, pero la pregunta que me lanzó a la novela me la hizo mi hija. Cuando tenía unos 10 años estaba pasando un insomnio y yo le leía mitos griegos para que se durmiera pensando en barcos y aventuras. En todos estos mitos de creación las cosas siempre están "hendidas en dos" y ella me preguntó qué era eso. Pude responderle que significaba que algo estaba partido en dos, pero por qué los principios son un hendirse en dos, no. Me parecía una pregunta importantísima a la cual yo no tenía respuesta. Y ahí me embarqué a pensar qué es esto de los inicios, ya sea en un sentido cosmogónico de una ruptura o ya sea en la escala pequeñísima de los seres humanos en el léxico familiar entre una madre y una hija que se preguntan cómo volver a empezar, dónde y qué es eso de volver a empezar.
-Más allá de si la novela es un relato autobiográfico, ¿un viaje por la isla Sicilia fue lo que modeló el libro?
-Hice ese viaje muchas veces. Llevo ya 12 años yendo a la isla con múltiples reconfiguraciones de la vida, la familia, los amigos. Para mí, Sicilia es la frontera de las fronteras y desde hace muchos años me interesa vivir las fronteras, escribirlas, documentarlas y no hay tierra más fronteriza que Sicilia. Sicilia es una frontera tectónica, en donde se juntan las placas entre Europa y África, y más allá de lo metafórico, es profundamente real. Es un territorio volcánico donde los vientos se comportan de una manera extrañísima. Y es una frontera histórica: a Sicilia llegó todo el Mediterráneo y de ahí se fueron muchos sicilianos a poblar nuestro continente también. Es una frontera de partidas y llegadas históricas y es una frontera geopolítica hoy.
-¿Qué tienen las fronteras que le atraen? Se lo pregunto pensando en que sus libros, y especialmente esta novela, están en un lugar fronterizo de la ficción y el ensayo.
-Las fronteras son el lugar desde donde he podido ver. Es el espacio existencial que yo siempre he ocupado: siempre he estado entre dos o más lenguas. Mi vida nunca ha estado en un solo lugar. Crecí en ocho países diferentes, en varios continentes. Y la escritura misma fue una manera de ubicarme en un lugar intermedio en el que podía ver el mundo de lejos y de cerca. La mirada extranjera; no de turista, que bota basura y se va, sino del que no entiende del todo pero quiere participar y desde ahí hace una urdimbre. Es la misma razón por la que me interesa la frontera entre la infancia y la adultez. Personajes que están en ese espectro de cambio, de entrada al mundo adulto, que están articulando por primera vez el mundo.
-De hecho, buena parte de "Principio, medio, fin" tiene el punto de vista de una niña que a través de su madre va procesando desde historias de su abuela hasta los mitos clásicos. Y siempre van apareciendo nuevas preguntas.
-A nivel temático me interesaba partir del círculo más íntimo, del léxico familiar, del lenguaje que se habla en la casa. Es lo primero que tenemos para urdir la trama de todo lo demás, después aparece el espacio social, lo geopolítico. Luego, más allá de eso, lo que en el pasado se ha escrito: los mitos, la historia o la herencia de las historias dentro de una familia. Más allá de eso, los problemas de la arqueología, destruir mientras se encuentra. Luego la geología. Era como ir en círculos concéntricos ampliando una mirada. Y en particular con las historias de familia, me interesaba recorrer el camino de ida y vuelta de las historias. No heredamos de manera unidireccional, sino siempre estamos reescribiendo lo que recibimos en otra dirección. Cada vez que te cuentan una historia de tu pasado, reescribes el pasado.
-¿Esta novela es un intento de una épica a nivel íntimo y contemporáneo?
-No es una épica en el sentido de las grandes épicas clásicas, pero que está en diálogo con esa estructura. A mí la Odisea me cae muy mal, es una épica de vencedores que van a la guerra y luego van a sus aventuras por el Mediterráneo matando cosas maravillosas como los cíclopes, traficando mujeres troyanas y después regresan a casa y todo bien. Luego está la épica virgiliana, la Eneida , mucho más interesante, pienso yo, donde los personajes no son héroes de una guerra, sino refugiados que pierden una guerra, pierden una casa, se pierden en el Mediterráneo y luego no tienen a dónde volver, tienen que inventar una casa. Es un tema de escalas: el mito fundacional de Roma que es la Eneida está en el mismo tono de las historias de héroes de hoy en día, que son todos esos refugiados que deben reinventar una nueva casa y un nuevo inicio. Esas historias me interesan más: sea la de una madre y de una hija, sea la de una familia tunecina o palestina, esa es la historia de la humanidad que hay que volver a contar siempre.
'' En América Latina antes de la llegada de mi generación podías tener o prestigio o popularidad, no las dos. Las mujeres que durante la época post boom fueron leídas y traducidas nunca fueron tomadas en serio. Y en base a años de chingadas y discursos más complejos, labramos un camino colectivamente. Un camino mucho más ancho, con mayores libertades".
'' La 'Eneida' está en el mismo tono de las historias de héroes de hoy en día, que son todos esos refugiados que deben reinventar una nueva casa y un nuevo inicio. Esas historias de la humanidad, sea la de una madre y de una hija, sea la de una familia tunecina o palestina, esas son las que hay que volver a contar siempre".
'' Los filósofos presocráticos están parados frente a un mundo no narrado, desconocido y enorme, y hoy estamos no frente a un mundo no narrado, sino sobrenarrado y completamente desconocido y enorme".
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