Resurge el interés por la energía nuclear: así es estar dentro de una de sus plantas
Turbinas gigantes, controladores que deben superar estrictos test psicológicos y pruebas de alcohol para las visitas son parte del recorrido, que ocurre en medio de un renovado impulso a nivel mundial por esta fuente energética. EE.UU., por ejemplo, anunció que buscará cuadruplicar su producción.
Antes de llegar Mochovce, mis cercanos me pidieron cuidarme. Sabían que en esta ciudad -ubicada en la zona oeste de Eslovaquia- recorrería la planta nuclear que lleva su mismo nombre, cuya primera unidad comenzó a operar en 1998. Desde entonces, se agregaron otras dos los años 2000 y 2023. Se espera que una cuarta unidad (que ya está construida y testeada constantemente) empiece a funcionar de forma definitiva desde este año.
"Trata de no tocar nada", me dijo una amiga. "Y no lleves nada de metal", comentó otra, reflejando parte de los miedos y confusiones que todavía despierta la palabra radiación.
Pero lo cierto es que si hay algo que Slovenské Elektrárne, la empresa energética que opera la planta, refuerza a lo largo de todo el recorrido, es que la seguridad es su principal prioridad. Poco después de recibir la invitación del Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA) a participar de este tour , ambas entidades me enviaron un correo preguntando mi talla de ropa y zapatos: el día de la visita tuve que vestirme con chaqueta y pantalones especiales, ponerme un chaleco reflectante, además de casco, gafas de protección y bototos. Hasta calcetines nuevos me entregaron.
Ninguna parte de este uniforme sirve para prevenir la radiación. Su objetivo es prevenir accidentes, por ejemplo, con una de las 61 mil placas de anclaje de la zona 4, con alguna de sus 29 mil tuberías o los 8.100 km de cables de instrumentación y control.
Para alivio de mis conocidos, no necesité un traje más especializado porque a las áreas radioactivas no pueden acercarse personas sin entrenamiento.
Quienes sí los usan, tienen camarines especiales, separados del resto. "Cuando terminan su turno, deben desvestirse y se les testea con un dosímetro (o medidor de radiación). La ropa sucia se manda a lavadoras especiales, cuya agua después se analiza", comenta Robert Holy, coordinador de Slovenské Elektrárne.
Cero emisiones
Dos tercios de la electricidad de Eslovaquia provienen de la energía nuclear, convirtiéndolo en uno de los países con mayor proporción de esta fuente en el mundo. A nivel global, esta forma de energía representa casi 9% de la generación eléctrica.
En los próximos 25 años y según datos entregados por Andrea Borio di Tigliole, coordinador de programa del Departamento de Energía Nuclear de la IAEA, la proyección es que el uso de energía nuclear "se duplique con creces". Actualmente hay 415 reactores nucleares en funcionamiento, los que se reparten en 31 países. A esa cifra se suman otros 73 en construcción.
Asimismo, 28 naciones están en una fase de toma de decisiones, habiendo expresado abiertamente que consideran la energía nuclear como una opción importante (entre ellos Colombia, Ecuador o Singapur). 14 países van un paso más allá y están en proceso de firmar contratos o comenzar pronto a construir (como Vietnam, Estonia o Polonia).
Aunque Chile no cuenta con centrales nucleares para generación eléctrica, mantiene una relación activa con la IAEA a través de la investigación en áreas como medicina, agricultura, industria y seguridad. Si bien no existen planes concretos para construir una central nuclear, el desarrollo de reactores modulares pequeños ha vuelto a instalar el tema en algunas discusiones sobre el futuro energético del país.
¿A qué se debe este resurgimiento? La creciente demanda energética de los sectores de defensa e inteligencia artificial, combinada con la necesidad de combatir el cambio climático, hacen que sea clave contar con fuentes de energía que no generen emisiones de carbono, pero que respondan de forma constante, sin depender de elementos como, por ejemplo, el viento.
"La energía nuclear promete entregar energía limpia de manera gestionable, ajustándose a las necesidades de un país las 24 horas del día, los siete días de la semana, y de una forma programable y planificable. Además, no es tan volátil en términos de almacenamiento: si hablamos del petróleo y el gas, vemos lo variable que puede ser su disponibilidad debido a distintas situaciones geopolíticas. La energía nuclear no funciona así, porque es posible almacenar una gran cantidad de combustible en el propio sitio de la planta, incluso y mantenerlo allí por años", señala Borio.
"Hay otro factor que debe considerarse: la vida útil de las instalaciones. En el caso de la energía solar y la eólica, es de 30 años, si queremos ser muy generosos. En cambio, una central nuclear tiene una vida útil de entre 60 y 80 años", agrega.
Y aunque las plantas de energía nuclear siguen siendo muy costosas y demoran décadas en construirse -cerca de 20 años si se toma en cuenta la fase de planificación y la de posterior construcción-, EE.UU. anunció que en las próximas dos décadas buscará cuadruplicar su producción y Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, señaló: "Hemos visto un renacimiento de la energía nuclear. Y Europa quiere ser parte".
A pesar de que conlleva riesgos y de que la gestión de residuos todavía genera inquietud, nuevas tecnologías, diseños modernos y protocolos de seguridad más avanzados han contribuido a mejorar la percepción pública: hoy en Eslovaquia, seis de cada 10 personas están de acuerdo con su uso.
Los cerebros
Para externos como yo, entre las reglas de seguridad que quedan en evidencia al entrar a la planta de Mochovce están el haber tenido que mostrar cuatro veces mi credencial para trasladarme de un lugar a otro, estando ya dentro del terreno; al pasar una de las rejas, se me pidió soplar por un tubo para identificar que no hubiera tomado alcohol; nunca pude sacar mi celular ni cámara, y para ver el reactor -lo que se conoce como el corazón de una planta, el dispositivo que se usa para generar calor a partir de la división de átomos-, tuve que subir 31 metros en ascensor, y observarlo desde lejos, en altura y a través de un vidrio grueso.
Al mirar, lo que se ve es un gran hoyo con varios elementos a su alrededor, entre ellos un generador de vapor, un presurizador y lo que parecen dos piscinas de plástico. Una de estas estructuras sirve para transportar combustible y la otra para almacenar el que ya está gastado.
Durante el recorrido también se ven unas turbinas de dimensiones gigantescas (sirven para convertir la energía térmica del vapor en energía mecánica) y en medio de estos galpones llenos de máquinas, llama la atención una puerta cerrada: adentro, rodeados de computadores y tableros llenos de botones, están los "cerebros". Así se les llama a los técnicos que controlan, desde su escritorio, que todo esté en orden. Están constantemente monitoreando las pantallas con información sobre lo que ocurre en cada módulo, piden hacer tests de funcionamiento en forma aleatoria y el monitoreo es continuo, las 24 horas, para alertar en caso de un problema.
"Tienen que saber actuar sin alarmarse, ser personas muy cautas. Por lo mismo, para trabajar aquí deben pasar una prueba psicológica que les evalúa eso. Solo 20% logra pasarla", indica Holy. El examen, agrega, se repite cada tres años para asegurarse que nada haya cambiado en los operadores ya contratados.
La última parte del recorrido incluye las torres de refrigeración: son cuatro, miden 125 metros de altura y es lo primero que se ve de la planta desde la autopista. Con su forma de reloj de arena y como uno de los símbolos visuales más asociados a la energía nuclear, generan tanta atención, que en la carretera hay un punto especial para parar y tomar fotos con ellas de fondo.
Una vez cerca de las torres, es posible ver que en su base están rodeadas de agua. "Si alguien quisiera nadar aquí, podría", asegura Holy para reforzar la falta de contaminación por radioactividad. "!Y claro, también se podrían comer peces si aparecieran¡".
EmpleosOtro de los factores que ha ayudado al resurgimiento de la energía nuclear es la promesa de trabajo que supone. En la actualidad, se calcula que el sector emplea a más de 2,3 millones de personas en todo el mundo. Para 2036, "se espera un aumento del 20% de la fuerza laboral debido a nuevos proyectos. Además, considerando el reemplazo de los trabajadores que se jubilarán, se prevé que se necesitarán más de un millón de nuevos profesionales durante los próximos diez años", indica Alesia Iunikova, especialista en gestión del conocimiento de IAEA.