A votar libres del miedo
Jorge Restrepo
El mecanismo de segunda vuelta tiene una ventaja: permite reducir a solo dos candidatos una decisión de millones
Jorge Restrepo
El mecanismo de segunda vuelta tiene una ventaja: permite reducir a solo dos candidatos una decisión de millones. Su gran desventaja es que favorece el radicalismo: cuando las preferencias están tan polarizadas, como mostró el resultado de la primera vuelta, terminamos decidiendo entre dos extremos, o rechazando ambos. Viendo cada vez más probable la pérdida del poder, la élite que hoy controla el Gobierno ha seguido dos tácticas para atraer votantes, crear confianza y sembrar miedo. Para crear confianza, el candidato oficialista declaró que "no será ninguna prioridad una asamblea constituyente" y, aunque la deja como alternativa, llamó a un "acuerdo nacional" para dialogar en busca de un plan concertado sobre la crisis del sistema de salud, un pacto fiscal y el problema de la seguridad. El acuerdo al que llama el senador Cepeda pudo haber servido para lograr gobernabilidad, incluir a moderados y opositores y descartar de plano el proceso de cambio constitucional. Pero como el ejercicio de diálogo que propone es "para continuar con las políticas" del oficialismo —políticas que en la más reciente versión de su programa de gobierno mantienen el mismo sesgo antiempresa— es improbable que avance el tal acuerdo, manteniendo así viva la amenaza de una asamblea constituyente. Ni un voto más obtendrán así. Para sembrar miedo en los votantes, dice un ex senador oficialista, Gustavo Bolívar: "los empresarios quedan notificados que, de triunfar la alternativa violenta y de extrema derecha, el país se va a incendiar"; y completa otro: "protestando…, indudablemente se va a incendiar el país". La amenaza de protesta violenta y del "incendio del país" no es creíble: la justicia ha demostrado contundencia en perseguir la protesta violenta y hoy la fuerza pública sabe cómo administrarla —un legado positivo del gobierno actual— sin recurrir a represión automática. Tampoco es creíble una eventual exclusión y persecución de un probable gobierno de derecha extrema: no estamos reviviendo los años cuarenta (con la alternancia entre gobiernos hegemónicos) y aunque el gobierno actual ha sido sectario y excluyente, no tiene mayorías en el Congreso y su principal problema hoy es conseguir con quién y cómo administrar. La principal fortaleza institucional está en el sistema electoral, con el doble escrutinio —de jurados de mesa y de jueces— que no deja duda sobre los resultados; ya ni importa que el candidato oficialista los ‘acepte’ o no. Tampoco vivimos el descontento masivo que dejó la pandemia; y la fuerza pública es neutral y tiene la capacidad para asegurar la elección y garantizar la transición en el poder. La alternancia en el poder, que teme el oficialismo, no significa exclusión ni persecución violenta, solo asegura el castigo del votante: el próximo gobierno estará tan restringido por el estado de derecho como el actual, y si decide ser violento, represivo o excluyente de forma selectiva, probablemente pierda el poder pronto. El domingo 21 podremos votar libremente, sin miedo a la violencia o la exclusión, sin más traumas y malestar que los que dejan las políticas del oficialismo.
Profesor Pontificia Universidad Javeriana.