Valentina Cruz (1938-2025): Una sólida obra gráfica
El Museo Nacional de Bellas Artes -Ala sur, primer piso- presenta por primera vez un significativo conjunto de obras (alrededor de 130 piezas) de la recientemente fallecida dibujante, escultora y docente Valentina Cruz (Concepción, 1938-Pirque, 2025); artista nacional que residió muchos años fuera del país (vivió en Roma, Nueva York, París y Barcelona) y que fue parte de la primera generación que estudió en la Escuela de Arte de la Pontificia Universidad Católica de Chile; allí le enseñaron el oficio, entre otros, Nemesio Antúnez (1918-1993), Roser Bru (1923-2021) y Paul Harris (1925-2018) -este último, un dibujante y escultor estadounidense de la Universidad de Yale que, a principios de los sesenta, visitó la UC como profesor visitante
El Museo Nacional de Bellas Artes -Ala sur, primer piso- presenta por primera vez un significativo conjunto de obras (alrededor de 130 piezas) de la recientemente fallecida dibujante, escultora y docente Valentina Cruz (Concepción, 1938-Pirque, 2025); artista nacional que residió muchos años fuera del país (vivió en Roma, Nueva York, París y Barcelona) y que fue parte de la primera generación que estudió en la Escuela de Arte de la Pontificia Universidad Católica de Chile; allí le enseñaron el oficio, entre otros, Nemesio Antúnez (1918-1993), Roser Bru (1923-2021) y Paul Harris (1925-2018) -este último, un dibujante y escultor estadounidense de la Universidad de Yale que, a principios de los sesenta, visitó la UC como profesor visitante.
La muestra "Valentina Cruz. De amor, humor y muerte", cuya curatoría estuvo a cargo de Daniela Berger y Paula Honorato, permite ver una selección de trabajos realizados por la artista a lo largo de seis décadas. Hay desde dibujos fechados entre 1962 y 1964 -que, solucionados con tinta china y lápiz cera sobre papel, visibilizan las enseñanzas que Cruz recibió en el taller de Carmen Silva (1929-2008)-, hasta obras de sus últimos años ejecutados en tinta y collage sobre papel ("Estudio de pliegues", de 2024-2025). Se incluyen, asimismo, unas pocas ilustraciones suyas de libros y algunas de sus experimentaciones volumétricas.
A Cruz se la valora por su obra gráfica y esta exposición permite contemplar, principalmente, sus dibujos e ilustraciones; tanto así que cuatro de las cinco salas están destinadas a ello. Hay trabajos en distintos formatos y, ya sea solucionados en lápiz, carboncillo o pluma, en estos se aprecia su dominio del achurado o tramado (es decir, la construcción de sombras, volúmenes y texturas mediante la superposición de líneas en distintas direcciones). Los achurados cruzados de la artista, por lo general muy densos, le permitieron construir un lenguaje visual figurativo altamente narrativo donde, sin embargo, los campos de luces y sombras son los protagonistas. Las cuadrículas rígidas no abundan, pues Cruz optó más bien por el uso dinámico del achurado, dotando así a varias de sus composiciones de una atmósfera dramática ("La carta", de 1981, es un buen ejemplo). La gráfica, claro está, fue una constante en su vida y es su mejor legado; sus bien resueltos dibujos no necesitaban ser expuestos entre esporádicas intervenciones de color en los muros.
Sin duda, Valentina Cruz fue una gran ilustradora y que bien que aquí estén presentes ejemplos de su trabajo como diseñadora y dibujante de libros infantiles; como explica un texto en la pared de la sala donde se exhiben, "esta es la veta menos expuesta de la autora, aunque sume más de 40 libros en su trayectoria desde que comenzó en 1981", dicho escrito, además, informa que "sus ilustraciones han sido publicadas casi en su totalidad en Europa, fundamentalmente en Barcelona, donde también hizo caricaturas para el conocido diario El País".
Pero no todo es dibujo, también hay ejemplos de las experimentaciones de Cruz con materiales no tradicionales. A mediados de la década de los sesenta, la artista se trasladó a Nueva York, ciudad donde estudió escultura en la prestigiosa Art Students League. Así, en una de las rotondas se reúnen sus trabajos experimentales de 1966, por ejemplo: "Hombre sentado" (una escultura de arpillera y cola de hueso sobre taburete de paja que tiene aspecto de momia), "Amor" (una estantería con frascos de vidrio que contienen una pequeña escultura de un feto) y un enorme y peculiar "Botiquín de primeros auxilios" (mueble de madera y látex en cuyas repisas hay contenedores de vidrio con bocas en su interior). Al observar estas "cajas vitrinas" pensé que Valentina Cruz se había adelantado a las instalaciones escultóricas que a fines de la década de los 80 comenzó a exponer el hoy famosísimo artista inglés Damien Hirst (n. 1965); esas glass o medicine cabinets donde Hirst, con una buena cuota de humor negro, evoca el mobiliario de un laboratorio para, precisamente, visualizar temas relacionados con la vida, la muerte y la fe que profesa buena parte de la actual sociedad en la industria farmacéutica.
En resumen, una retrospectiva con perspectiva de género que evidencia la versatilidad de una artista que privilegió el lápiz y la pluma -que, a propósito, son parte recurrente de su iconografía-, una que reparó con humor en que "Todo trabajo monótono conduce al huevo" (1971), que hizo oníricos comentarios visuales ("Noches de lunas mecánicas", 1975), que denunció la falta de libertad de expresión mediante una serie de dibujos en tinta china sobre papel ("Sin Título", 1978-1980) y que ilustró con ingenio libros para niños ("El amigo" y "Bajo la manta", 1990).
VALENTINA CRUZ.
De amor, humor y muerte
Lugar: Museo Nacional de Bellas Artes
Hasta: 30 de agosto de 2026