El Comercio, Perú
22 de junio de 2026
El título es un viejo refrán que nos dice que las personas no aprenden de los errores de los demás, y que solo cuando cometen sus propios errores, aunque hayan visto sus lamentables consecuencias en otros, asimilan una lección de vida
El título es un viejo refrán que nos dice que las personas no aprenden de los errores de los demás, y que solo cuando cometen sus propios errores, aunque hayan visto sus lamentables consecuencias en otros, asimilan una lección de vida. Esto, en la política, es mucho más común de lo que uno pudiera imaginar. Aunque en ese mundo, incluso hay quienes cometen el mismo error más de una vez. Roberto Sánchez, sin tener un partido sólido, sin mayores pergaminos ni trayectoria que su cuestionado paso por un Congreso repudiado y un ministerio en tiempos de Pedro Castillo, logró ?gracias a un oportunismo que le permitió aprovechar al máximo el bolsón castillista? una posición política y una votación que, no siendo propia, lo puso al frente de todo el antifujimorismo, sin importar el color político. Hoy, luego de una serie de contradicciones y posiciones zigzagueantes, ha preferido adoptar la misma actitud y la posición fraudista que el fujimorismo enarboló en el 2021, precisamente, frente a Pedro Castillo, y que fue tan rechazada por la población hasta esta campaña, en la que siguió recordándole a Keiko Fujimori su ?piconería?. Sánchez echa mano a todos los artificios legales que pueda para intentar dilatar la proclamación de resultados, y rascar la olla que le permita, a como dé lugar, acercar posiciones, tratando de evadir una realidad que ya lo aplasta, como en el caso de Rafael López Aliaga, aunque el exalcalde tenía razones más valederas para su pelea legal. La no digitalización de las actas del extranjero hace levantar la ceja y genera sospechas. Pero hasta en eso, que podía llevar a Sánchez a una posición de ?víctima?, se equivoca, y pasa a ser un ?victimario?, cuando quiere anular toda la votación de todos los peruanos en el exterior, cuyas familias aquí le pasarán la factura. Sánchez tiene todo el derecho de convocar a marchas pacíficas, como lo hizo Rafael López Aliaga muchas veces, y por las calles de Lima, sin que la Municipalidad de Lima se oponga ni bloquee calles y accesos; pero comete un error al asustar con las etiquetas de ?la toma de Lima? o invocar la ira de la población, lo que fue usado en el pasado para promover movilizaciones con violencia. El reclamo de Sánchez correrá la misma suerte que los de Keiko o de López Aliaga, y el rechazo de la población será el mismo. Pero la diferencia es que, a Sánchez, que no es reelecto ni tiene un partido sólido, le costará el liderazgo que logró y que lo hubiera convertido en una de las cabezas de la oposición. Se ha deslegitimado aceleradamente y perderá muy rápido lo ganado. Y otros que no aprenden son quienes desde la Procuraduría Pública interponen denuncias contra seguidores de JP sin mayor fundamento, que no ayudan a calmar los ánimos y, por el contrario, atizan el fuego y victimizan a los denunciados.