La caída de Adorni
Empecinado en acusar conspiraciones, Milei desestimó por meses la gravedad de la crisis.
Javier Milei debió ceder finalmente a las presiones para sacar a su cuestionado jefe de gabinete, ante lo que amenazaba no solo con ser un escándalo por presunta corrupción, sino una crisis política que complicaría su gestión y el avance de sus reformas. Manuel Adorni estaba siendo investigado por enriquecimiento ilícito, debido a la compra de propiedades y otros gastos que no correspondían a su nivel de ingresos. Con desparpajo, llegó a decir que no había declarado todo su patrimonio porque "había ahorrado en negro, como casi todos los argentinos", reconociendo así, al menos, un delito de evasión de impuestos.
Milei subestimó la gravedad de la crisis durante meses y, empeñado en que el caso solo era una "conspiración mediática", defendió férreamente la honestidad de su ministro, profundizando el malestar de la opinión pública y también de sectores afines. En el Congreso, la oposición kirchnerista y otros sectores de izquierda preparaban una interpelación y una moción de censura, que ponía a los aliados del gobierno, en especial al PRO de Mauricio Macri, en la difícil posición de rechazarla y avalar la permanencia del cuestionado ministro, o secundarla con el consiguiente debilitamiento del Ejecutivo. Se hablaba de ausentarse para evitar el quorum . Por otra parte, Patricia Bullrich, la resuelta presidenta del Senado y exministra de Seguridad, había criticado la "omisión ética" y manifestado, además, su inquietud por la parálisis en el avance legislativo de las reformas que el caso estaba generando. Ante esta situación es que Milei resolvió la caída de Adorni.
Mejorar la imagen del gobierno será parte de las tareas del reemplazante, Diego Santilli, un fogueado político que viene del PRO, pero que se ha desempeñado en el actual gabinete como ministro del Interior, desde donde maneja las relaciones con los gobernadores, aquellos líderes que no solo gobiernan las provincias, sino también los votos de sus diputados en el Congreso. Ahora, como jefe de gabinete, debe coordinar a los ministros, pero al retener la cartera de Interior, seguirá enfocado en alinear a las provincias para sacar adelante los proyectos que estuvieron paralizados estos meses. Entre ellos, las reformas a la ley electoral -incluido el fin de la obligatoriedad de las primarias o PASO-, y la de inviolabilidad de la propiedad privada.
Es, sin embargo, en el plano político/electoral donde Santilli tendrá tal vez su mayor desafío. El gobierno busca proyectarse hacia otro mandato, pero el armado político aún está difuso, y hay dudas de cómo se construirán las alianzas, especialmente entre La Libertad Avanza, de Milei, y el PRO. No parece un secreto que Macri -que tiene una tensa relación con el Presidente- ha reemergido durante los últimos meses y trata de aglutinar a su partido para trazar líneas estratégicas para esos comicios, buscar candidatos e incluso -dicen- posicionarse él para una nueva postulación. Santilli mantiene buenas relaciones con el expresidente, pero ahora asegura que quien tiene el liderazgo "contundentemente" es Milei. En todo caso, es temprano para esos aprontes. Más importante es que el gobierno pueda mostrar que los avances en las cifras económicas, como la baja de la inflación, están llegando a las personas, porque hoy esa es la principal motivación de los argentinos.