Viernes, 03 de Julio de 2026

Los cuatro cuartos

ChileEl Mercurio, Chile 3 de julio de 2026

"Un buen negocio para el fútbol, que hace tiempo dejó de competir solo con otros deportes".

Siempre se dijo que a los norteamericanos, entre otras razones, no les gustaba el fútbol porque había pocos goles y porque a diferencia del béisbol, básquetbol o fútbol americano, los partidos prácticamente no tenían pausas. En esos deportes hay tiempo para comer, para aparecer en la kisscam o participar en alguna activación pensada en entretener y premiar al público. Para qué decir de los espectáculos de medio tiempo, shows más cercanos al Festival de Viña que a una competencia deportiva.
Pero parece que todo cambió. El fútbol en este Mundial ya no es un partido de dos tiempos de 45 minutos. Ahora, en la práctica, se juegan como mínimo 100 minutos, divididos en cuatro bloques de 25 cada uno. La explicación oficial es la hidratación de los equipos expuestos a las "inclemencias" del verano. Aunque también podría pensarse en que estas detenciones contribuyen a cuidar la salud financiera del torneo y sus organizadores.
Los propios jugadores y entrenadores de distintas selecciones han declarado que no les gustan estos descansos. Para qué decir a los hinchas, que los consideran como un elemento que le resta dinamismo y emoción al juego. Incluso en este Mundial se han escuchado pifias cuando el árbitro detiene el partido al minuto 23 y 68, por 180 segundos cada vez.
Esos tres minutos en cada tiempo para "tomar agüita" se convierten en varios millones de dólares. Al multiplicar cada intervalo por los 104 partidos del torneo, se superan las 10 horas extras de pauta comercial y ahí todos se frotan las manos. Estudios preliminares calculan, por ejemplo, que algunas cadenas de televisión podrían recuperar la mitad de lo pagado por los derechos de transmisión del Mundial gracias a esos minutos. Además, al producirse en medio del partido y durar menos que el entretiempo tradicional, las opciones de mayor atención a los avisos son más altas porque los espectadores no alcanzan a cambiar de canal, ni distraerse con otra actividad, convirtiéndose en un escenario ideal para los avisadores.
Si bien la FIFA ha dicho públicamente que no ganará más por estas nuevas ventanas, sí podría hacerlo en las futuras negociaciones de los derechos de televisión, donde esos tiempos adicionales aumentan el inventario disponible y con ello el atractivo comercial del torneo.
La final de Qatar 2022 alcanzó alrededor de 1.500 millones de espectadores únicos, convirtiéndose en la más vista de la historia. Se espera que la de este año la supere y eso podría representar varios millones de dólares adicionales en ventas relacionadas a ese partido. Un buen negocio para el fútbol, que hace tiempo dejó de competir solo con otros deportes. Hoy lo hace contra las redes sociales, las plataformas de streaming y el entretenimiento bajo demanda. Pareciera ser que encontraron una nueva fuente de ingresos en el feroz partido por captar el tiempo y la atención de las personas... las que en el caso del fútbol deberán acostumbrarse a los cuatro cuartos.
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