Martes, 07 de Julio de 2026

Lecciones para 2030 y las políticas públicas: el fracaso "Mundial" de Uruguay

UruguayEl País, Uruguay 7 de julio de 2026

El buen liderazgo es clave para persuadir sobre el nuevo rumbo, gestionar adecuadamente el talento, comunicar bien, manejar las inexorables frustraciones y enfrentar las pérdidas de capital político.

Para terminar el ciclo de columnas "mundialeras" relacionadas a la economía, especularé con algunos paralelismos entre los recientes procesos del fútbol uruguayo y el diseño y la ejecución de las políticas públicas. No son, por supuesto, conclusiones categóricas, sino ensayos e hipótesis para pensar.
Hace cuatro años, tras el fracaso "celeste" en Qatar 2022, escribí en este mismo espacio que el fútbol nos interpelaba como sociedad.

Decía: "reclamamos desde nuestras cómodas posiciones de espectadores que Uruguay tome riesgos, juegue sistemáticamente a la ofensiva, le gane a (casi) todos y esté entre los mejores del mundo", cuando en verdad no actuamos así en muchos aspectos individuales y colectivos. Concluía que quizás "nuestro fútbol y la mayoría de sus actores, en especial sus técnicos y líderes, sean el reflejo de una cultura y realidad más general, que en vez de interpelantes debería transformarnos en interpelados".

Con todo, el declive del exitoso proceso del Maestro Tabárez y la enorme decepción con "el Tornado" Alonso, combinado con la percepción de abundancia de talento futbolístico al más alto nivel, crearon el ambiente para que la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) optara por alguien más ofensivo, que tomara más riesgos, que fuera menos conservador. En fin, que cumpliera con esa demanda casi generalizada que se había instalado en la sociedad.

Así, en una especie de dialéctica histórica, la AUF intentó llevar el péndulo hacia el otro extremo. El estado de la opinión pública era propicio para eso tras el fracaso en Qatar 2022 y la idea no tuvo muchos detractores.

Sin embargo, como en muchas cosas de Uruguay, no se ejecutó bien ni se escogió el liderazgo correcto.

Como en otros temas, el giro estuvo impregnado de consideraciones políticas y le faltó balance entre las bases del éxito anterior ("el proceso Tabárez") y la estructura implícita en la innovación demandada. Careció de habilidades blandas para concretar la reforma, incorporar aspectos idiosincráticos y hacerla propia entre "los reformados". No es que los uruguayos sean "ingobernables" como declaró Lorenzo Latorre en 1880, pero no es fácil cambiar rápidamente su comportamiento, sobre todo dentro de fronteras.

Huelga decir que todo esto tiene muchas similitudes con las políticas públicas y los procesos para mejorarlas.

1. Porque la ejecución de una buena idea debe despojarse muchas veces de consideraciones políticas. Para ganar cierta legitimidad, se eligió a alguien de la familia ideológica de Tabárez, no precisamente en lo futbolístico. Fue una forma de retomar legitimidad con muchos de sus adherentes tras la frustración con Diego Alonso que lo había sustituido.

2. Porque fue un error que el elegido fuera Marcelo Bielsa para encabezar ese "nuevo proceso". No porque le faltaran legitimidad ni buenos antecedentes como técnico. Los tenía. Pero podían ser válidos para otro tiempo y lugar, o ser insuficientes para liderar la compleja transformación demandada.

2.1 Por un lado, en el rezago para reformar su estilo futbolístico, Uruguay optó por un técnico con "enfoques teóricos y modelos" no necesariamente actualizados, como sugirió Sergio Markarián.

Probablemente fue una elección a destiempo, que debió hacerse hace un par de décadas. Y que, cuando se hizo, ni siquiera venía precedida de resultados muy destacados en casos emblemáticos.

Quizás no se debió optar por Bielsa, sino por uno de sus discípulos directos, como hicieron otras selecciones y clubes. O incluso ir más allá, como Argentina, que eligió un discípulo (Scaloni) de un discípulo suyo (Pekerman). Es decir, haber ido por la segunda o tercera generación, menos desfasada etariamente con los jugadores.

2.2 Por otro lado, en el balance requerido entre habilidades de entrenador y liderazgo, quedaron nuevamente en evidencia los problemas de Bielsa en inteligencia emocional y comunicación para procesar el cambio. "Yo soy tóxico", reconoció él mismo. Claramente, mucha de la capacidad de liderazgo que Tabárez tenía, a Bielsa le faltaba.

3. Porque el buen liderazgo es clave para persuadir sobre el nuevo rumbo, gestionar adecuadamente el talento, comunicar bien, manejar las inexorables frustraciones y enfrentar las pérdidas de capital político. Es también clave para procesar la innovación sin perder las buenas características de la identidad.

Evidentemente, Bielsa no es mal "técnico", pero carece de buena parte de esas dimensiones.

En fin, al igual que en el fútbol, Uruguay requiere procesar grandes transformaciones en materia de políticas públicas para recuperar crecimiento, desarrollo y oportunidades. Para competir y ganar en este mundo, no para "pasear" por él.

El proceso Bielsa en Uruguay deja varias lecciones. No basta con escoger metas ambiciosas y estar dispuesto a correr más riesgos. Es clave la inteligencia emocional para gestionarlas y lograrlas.

Tampoco basta contar con la mayor información, las mejores técnicas y el trabajo más meticuloso. Para evitar "el talenteo", mucho de eso lo da la Inteligencia Artificial, pero no alcanza.

Son condiciones necesarias, pero no suficientes. Los enfoques modernos y bien sintonizados a los buenos ejemplos globales requieren combinarse con el buen liderazgo para no naufragar en el intento. Para evitar que los fracasos asociados resten "capital político" y restauren el (des)orden anterior.

Son lecciones para el Uruguay actual y el de 2030, en el fútbol y en las políticas públicas.
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