Con el estreno de "Moana", Disney suma un nuevo live-action a una estrategia que ya convirtió a "El rey león" y "La bella y la bestia" en éxitos millonarios. ¿Por qué Hollywood insiste en historias que ya fueron contadas?
Siempre atento a dónde puede haber un negocio lucrativo, Disney encontró en las versiones live-action de sus clásicos animados una de sus fórmulas más rentables y seguras. No se trata solamente de reemplazar dibujos por actores (aunque tampoco sea exactamente eso, como demuestra El rey león que de humanos tiene poco), sino de volver a vender historias cuyo éxito ya está garantizado.
Así, Disney convirtió su propio catálogo en una fuente inagotable de remakes capaces de atraer tanto a los espectadores que crecieron con esas películas como a una nueva generación. Lo viene haciendo desde 101 dálmatas (1996) adaptación de lo que por acá se conoció como La noche de las narices frías y así se seguirá llamando para más de una generación, con Glenn Close como una Cruella de Vil con porte clásico.
La estrategia se consolidó con Alicia en el país de las maravillas (2010), de Tim Burton. Su recaudación superior a los 1.000 millones de dólares convencería a cualquiera de que humanizar la nostalgia animada podía ser una gran idea.
Así aparecieron Maléfica (2014), una reinterpretación con elenco estelar de La bella durmiente; Cenicienta (2015) de Kenneth Branagh; El libro de la selva (2016) de Jon Favreau y La bella y la bestia (2017) de Bill Condon, otro fenómeno que también superó los 1.000 millones de dólares. Aladdín (2019 y que hay que ubicar entre lo peor de Guy Ritchie), y El rey león (2019) también de Favreau y que terminó siendo el mayor éxito de todos, con más de 1.600 millones de dólares recaudados, consolidaron la propuesta.
No todas las apuestas, sin embargo, tuvieron el mismo resultado. Dumbo (2019), dirigida por Tim Burton, quedó por debajo de las expectativas, mientras que Pinocho (2022), estrenada directamente en Disney+, y Peter Pan & Wendy (2023) tuvieron una repercusión mucho menor.
En los últimos años llegaron La sirenita (2023) y Lilo & Stitch (2025). Y Blancanieves (2025), protagonizada por Rachel Zegler y Gal Gadot que reinterpretó el clásico de 1937, el primer largometraje animado del estudio, y terminó siendo uno de sus mayores tropiezos recientes.
La lista, ya de por cansadora, se ampliará con proyectos anunciados o en desarrollo como Hércules, Bambi, Robin Hood y Enredados.
La lógica de la tendencia ¡qué raro! es económica. Si producir un gran taquillazo cuesta entre 200 y 300 millones de dólares, apostar por una marca ya amortizada reduciría el riesgo. Los personajes ya tienen reconocimiento global, las campañas de marketing parten de una base instalada y la nostalgia funciona como un motor de arrastre.
https://www.youtube.com/watch?v=u3ZqySuR-Z0&t=1s La idea de Disney se expandió a otros estudios. Universal inauguró la misma estrategia con Cómo entrenar a tu dragón, el clásico de DreamWorks convertido en acción real, mientras que otros observan con atención un modelo de negocios que, al menos por ahora, tiene a Disney como principal beneficiario.
Más allá de los resultados individuales y cierta displiscencia crítica, el fenómeno refleja una transformación obvia de Hollywood. En un mercado cada vez más competitivo, dominado por el streaming y con un público más selectivo a la hora de gastar dinero para ir al cine, las grandes compañías prefieren apostar por propiedades intelectuales ya consolidadas antes que asumir el riesgo de crear franquicias completamente nuevas.
En términos artísticos, el balance resulta mucho menos convincente. Más allá de algunas excepciones, estos live-action rara vez justifican su existencia y suelen funcionar como versiones más costosas de películas que ya existían y, en general, eran mejores.
Otro intento.
Ahora es Moana que se estrena hoy en cines locales y tiene toda la pinta de entrar en esa última categoría: la de las que ya se hicieron y fueron mejores.
Diez años después del estreno de Moana: Un mar de aventuras (2016), Disney decidió volver a contar exactamente lo mismo. El principal atractivo estaría en Dwayne Johnson, quien vuelve a interpretar al semidiós Maui, aunque ya no solo da la voz: también pone la cara.
Ya se sabe lo que pasa. Moana es la hija del sobreprotector jefe de una isla de la antigua Polinesia. Sueña con aventurarse al mar, pero su padre la quiere en tierra para asumir el liderazgo de la comunidad. Cuando los alimentos comienzan a escasear, emprende un viaje para romper una maldición que se ha apoderado de los siete mares. Para lograrlo contará con la ayuda de Maui, un personaje arrogante y pagado de sí mismo que vive de la fama de sus antiguas hazañas.
Johnson continúa en el papel, pero no así la protagonista original. Auli?i Cravalho fue reemplazada por la debutante Catherine Laga?aia.
"Fue increíble estar en primera fila para verla asumir ese papel, ese desafío", dijo Johnson a O Globo sobre la actriz. "Tenía 17 años y nunca había hecho algo parecido. Soy el orgulloso padre de tres hijas. En mi casa todo es estrógeno. Mi perro y yo somos los únicos hombres. Fue maravilloso acompañarla en ese proceso y estoy muy entusiasmado porque el mundo la descubra".
Quedará por ver si Moana justifica su existencia desde lo artístico, cosa que perdón por el prejuicio parece difícil. Pero desde lo comercial, el negocio está aceitado.