El murguista habla sobre la ilusión como motor creativo, recuerda su etapa junto a Jaime Roos, reflexiona acerca del paso del tiempo y explica por qué siente que está entrando en el principio del final.
En mayor o menor medida, la murga siempre está presente en los proyectos de Pinocho Routin. Eso lo ha dejado claro, entre lo más notorio, en haber sido parte de la banda de Jaime Roos y, claro, toda su historia junto a Falta y Resto en la que volvió a salir en el último carnaval y con quienes girará por Argentina en agosto.
Y en noviembre en El Galpón, volverá a presentar Murga Madre, el espectáculo que lo reúne hace más de dos décadas con Pitufo Lombardo. Es que la murga, le dice Routin a El País, "siempre tiene lugar para todos". Y aunque no se ve eternamente subiéndose al escenario, cree que para la creación artística es importante mantener viva la ilusión.
Este sábado y domingo estrenará en La Trastienda A ver si te la sabés, un show musical junto a Imanol Sibes y Paola Bianco, la comunicadora con la que tenía ganas de colaborar hace mucho tiempo. Las entradas están en Passline desde 500 a 650 pesos.
De eso y más conversó con El País.
En A ver si te la sabés participan los hijos de Paola Bianco y tu hijo Camilo. También está Pitufo Lombardo, con quien has compartido. ¿Creés que eso lo convierte en un espectáculo diferente?
Sí, es un proyecto que se fue tornando en una familia. También está Juana Buscaglia, que su abuelo es autor de "Príncipe azul", una de las canciones más emblemáticas del cancionero popular. Además, con Imanol tenemos una amistad de muchos años. Todo eso hace que el proceso haya sido muy reconfortante.
Con Pitufo también están preparando la vuelta de Murga Madre, un show que tiene más de 20 años. ¿Por qué sentís que es un show sigue agotando entradas?
Es un misterio que agradezco y una especie de milagro porque nos encanta encontrarnos con Murga Madre. En realidad, volvemos por los aniversarios, pero también lo hacemos por una necesidad artística y por el aire que se respira. Es exactamente igual a la que hicimos en el 2002.
¿Qué significa para vos Murga Madre?
Para mí fue un puente hacia creaciones más independientes. Tuve la suerte de integrar bandas como la de Jaime, de trabajar con Ruben Rada en su espectáculo para niños, y Murga Madre me permitió proyectarme y poder pensar en proyectos que fui desarrollando de forma independiente.
¿Qué recordás de la época con Jaime?
Fue como tocar el cielo con las manos y en aquel momento lo sabía. A mí no me gusta naturalizar las cosas buenas, me gusta vivirlas y ser consciente de la fortuna que tuve. Con el paso de los años, eso se agiganta. Yo siempre pienso en "Brindis por Pierrot", que estuve en la grabación y aparezco en el videoclip. Dentro de 30 años va a ser como haber estado en la grabación de "El día que me quieras". Entonces, yo creo que el tiempo le va dando a cada pieza artística su valor. Cuando lo que estás haciendo tiene valor en sí mismo no lo dice el autor, lo dice la gente y los lugares por donde pasa la música. Creo que eso es explícito en la obra de Jaime Roos: sus discos cada vez suenan mejor y sus canciones cada vez son mejores.
Recién hablabas de tus proyectos independientes. Hace poco lanzaste "Carnaval en el mar", una canción con invitados.
Esa canción es una invitación de Ismael Collazo, un músico uruguayo, a través de una poeta uruguaya, Graciela Genta, que fue maestra y que ha dedicado su vida a la poesía. Fue muy conmovedor porque ella es una persona que tiene una vitalidad enorme, a pesar de tener un montón de años encima, como ella dice, pero mantiene viva la llama de la creación. Eso, para mí, es admirable.
Vos sos una persona que tiene una larga trayectoria y sin embargo parece mantener viva la llama de la creación. ¿Cuál es la clave para que eso pase?
Mantener la ilusión, que es algo que no he perdido en el camino. Si uno no está realmente ilusionado con un proyecto, ir a ensayar puede ser como trepar una montaña. Yo mantengo viva la ilusión de subir al escenario, la misma que tenía cuando todo esto empezó. Y lo vivo en el día a día. En realidad, considero que la música o el arte escénico no tienen como objetivo llegar a ninguna parte, el mismo paisaje que vas transitando es el que te va devolviendo la felicidad.
La ilusión es intrínseca a la murga. Consiste en ir todos los años a concursar sin saber si ganás o no.
Es difícil. Las ganas de salir en carnaval no son permanentes, por lo menos en este momento de mi vida. Durante un montón de años no he salido por decisión propia, sentía que no estaba colocado en el lugar en el que se debe estar para poder meterse en una aventura como es el carnaval, de muchos meses, compromiso, desgaste y también alegría y felicidad. Es un privilegio, pero últimamente elijo cuándo sí y cuándo no. Lo que antes era todos los años casi sin pensarlo, ahora se ha transformado en descansar algún año y luego volver. Estoy al principio del fin.
¿No te ves subiéndote con la murga por el resto de tu vida?
No, no me veo. No sé lo que dirán la vida y los proyectos que se vayan presentando, pero no me veo subiendo al escenario eternamente. Me parece que también hay que elegir los momentos. Hace un tiempo me preguntaron qué me faltaba hacer en carnaval y yo dije que retirarme. Es lo único que me falta y ya llegará el momento. No lo pienso mucho, pero como en todos los órdenes de la vida, tu propio cuerpo y naturaleza te van indicando cuándo permanecer en un lugar de una forma y cuándo empezar a correrte.
Todos los proyectos que comentamos tienen que ver con la murga en mayor o menor medida, ¿qué significa haberle dedicado tu vida?
La murga es mi cuna artística. Murga Madre nació buscando homenajearla de alguna manera. Los proyectos han sido múltiples y en diferentes disciplinas, pero yo provengo de ahí, siento orgullo por el carnaval del Uruguay. Cuando me preguntan qué soy, artísticamente soy murguista, después soy cantante por añadidura y actuador, como me gusta decir. Actúo cuando se necesita y espero estar a la altura.
Formás parte de una generación que ayudó a la profesionalización de género.
Sí, ha cambiado mucho desde que era niño y adolescente. Se ha transformado para bien. Siempre hay que tener una alerta de que no pierda ingenuidad, que me parece que es una de las cosas más bellas que tiene el carnaval. No olvidarse nunca que ninguno y ninguna de los que salen en carnaval son más importantes que el carnaval en sí mismo. Y, por otro lado, no perder el disfrute de la fiesta sintiéndote un vecino que tiene la posibilidad de subirse al escenario.